Investigación del Politécnico Grancolombiano analiza el papel de los memes en las críticas al poder político y económico del país

Politécnico Grancolombiano
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El auge de las redes sociales permitió a los usuarios de internet una nueva libertad de expresión, que poco a poco fueron materializando a través de los memes. Estos son unidades simples y visuales con pequeñas narraciones a través de cómic, video, audio, texto, imagen, GIF o cualquier multimedia. Su aparición transformó la forma de comunicarse al convertirse en una expresión social con amplio poder de viralización acerca todo tipo de temas de la vida cotidiana: desde simples curiosidades como la interacción en los medios de transporte masivo, hasta para denotar opiniones sobre la política nacional.

Aunque su carácter cómico, efímero y coyuntural sea una de sus características evidenciables, estas piezas comunicativas presentan en su composición elementos y recursos retóricos que aumentan su proliferación, a tal punto que son un fenómeno de estudio debido a la importancia que han adquirido. ¿Qué rol han tenido en las muestras de expresión y opinión de los colombianos sobre la política del país?

El docente e investigador del Politécnico Grancolombiano, Jaime Andrés Wilches; en conjunto con el docente de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, Andrés Fernando Castiblanco, realizaron la investigación titulada ‘El meme como ágora digital del lenguaje político contemporáneo’, con el objetivo de analizar cómo los memes catalizaron la comprensión de las protestas sociales y movilizaron una tendencia global al reforzar las críticas al poder político y económico desde el activismo digital, entre noviembre de 2019 y diciembre de 2020, en pleno estallido social en Colombia.

Los investigadores se situaron en las dos protestas sociales más impactantes que ha vivido el territorio colombiano en su historia: el 21N y 11S. La primera se dio el 21 de noviembre de 2019, debido a la inconformidad generalizada (ya no solo desde el centro de la capital, sino extendido en las regiones) por la debilidad institucional en la lucha contra la corrupción, de la falta de garantías para la educación superior y del incumplimiento de los acuerdos de paz, lo que trajo como consecuencia el asesinato de líderes sociales en regiones afectadas históricamente por el conflicto armado. El segundo fue el 11 de septiembre de 2020, cuando las personas nuevamente se pronunciaron tras el asesinato del ciudadano Javier Ordóñez por excesos de la fuerza policial.

“Sin embargo, la efervescencia de la movilización fue neutralizada por el aislamiento social generado por la Covid-19, pero potenció las estrategias de difusión de la sociedad civil organizada en las redes sociales, donde han crecido las denuncias y la inconformidad frente a medidas gubernamentales. Entre estas estrategias digitales, el meme se ha convertido en una de las expresiones masivas que logra enraizarse en el imaginario social y crear debate público-virtual”, explican los autores.

Hallazgos de la investigación:

La investigación recolectó 201 memes, 200 de ellos en formato de imagen fija (JPG o PNG) y solo uno en formato gif. El 34 % de estos memes fueron creados a través de plantillas existentes en la web; el 24 % fueron diseños originales, incorporando fotografías tomadas en algunas manifestaciones, en eventos o espacios políticos donde hacían presencia algunos funcionarios públicos; el 13 % fueron capturas de pantalla y texto; el 7 % fueron caricaturas; mientras que, el 8 % restante no se clasificó para efectos del estudio.

La temática más recurrente fue referente a la protesta social. Los memes generaban recurrentes invitaciones a manifestarse, revelaban situaciones que se presentaban al interior de las manifestaciones, comparaban las marchas en Colombia con otros países, entre otros. También abordaban otras temáticas como el desempeño del Gobierno Nacional, la actuación de la Policía Nacional y el ESMAD, el comportamiento de los llamados ‘encapuchados’, pero también se habló de vandalismo, aunque en menor medida. Esto refuerza la capacidad del meme de ubicarse de manera ágil en contextos locales y globales.

¿Quiénes generaron los memes? La investigación identificó cuatro grupos de creadores de los memes: los grupos políticos declarados, pertenecientes a un movimiento, partido o iniciativa política colombiana; los grupos sociales declarados, es decir, ciudadanos convocados frente a causas sociales comunes pero que no hacen referencia a ideologías políticas; los grupos políticos-social parodia, quienes se constituyen bajo la supuesta afinidad a iniciativas sociales o políticas con el fin de satirizarlos y hacerles críticas; y, finalmente, los memes replicados, resaltados y analizados por medios de comunicación tradicionales.

¿En dónde se publicaron los memes? En los resultados, Facebook aparece con el 53 %, seguido de Instagram con un 36 %, Twitter con 7 %, medios digitales y WhatsApp con un 2 %. Frente a las dos redes sociales que encabezaron esta categoría se explica por conformación de grupos o cuentas debido a un interés general, y por la ventaja de almacenar imágenes. Aunque Facebook se empieza a visualizar como una plataforma obsoleta en entornos digitales, todavía conserva poder en la difusión de expresiones meméticas.

¿Cuál era la intención de estos memes? Detrás de cada meme, hay una intensión comunicativa. El 53 % de los memes corresponden a la categoría de sarcasmo e ironía, lo que evidencia que las críticas realizadas a la gestión de asuntos públicos, inconsistencias institucionales y situaciones presentadas en el transcurso de las manifestaciones son abordadas a través de la sátira y la parodia como manera de burla y manifestación del descontento. Con el 27 % sigue la categoría de reflexión o propuesta, que más allá de exponer al público problemáticas sociales, pretende generar conciencia sobre estos asuntos y su desatención, además de la responsabilidad que tienen actores institucionales (referenciados como corruptos, permisivos o indiferentes).

Principales conclusiones:

La investigación revela que el meme se debe a la revolución de las tecnologías de la información y su capacidad de anclaje y popularización en los imaginarios sociales. Por eso, pasa de ser una herramienta jocosa a un recurso para llamar la atención que transforma un mensaje instantáneo en prácticas discursivas que critican la acción o inercia de instituciones estatales y privadas, así como también revitalizan movilizaciones sociales tradicionales que buscan empatía social desde la esfera pública.

Precisamente, las movilizaciones sociales en Colombia y la coyuntura de la pandemia consolidaron la necesidad de plataformas digitales como un medio para canalizar las expresiones e inconformidades, por ende, crecieron iniciativas de comunicación, grupos de discusión y usuarios que distribuían contenido que acudía al humor, la ironía y el sarcasmo del meme como entidad anónima que no genera disputas sobre autorías o vocerías.

No obstante, el meme, como representación ágil, diversa y anárquica frente a los derechos de autor y propiedad intelectual, ha logrado movilizar la explosión de lenguajes contestatarios frente la crisis de la globalización y de los Estados-nación. Cada vez es más común que los gobernantes respondan a las críticas que emergen desde las redes sociales y reaccionen a los ataques que los memes catalizan.

Ahora bien, no es función del meme transformar a la sociedad o generar cambios radicales en las estructuras de comunicación. Lo importante es hacer circular y generar expresiones que pueden limitarse a la reacción temporal, pero que van quedando en un archivo de memorias que son reactivadas en el momento en que los modelos políticos y económicos colapsan y afectan la esfera pública y privada.

Además, los memes y demás recursos digitales orientados a luchar contra las injusticias sociales quedan en la inmediatez y el furor del acontecimiento, si no son concretados en decisiones de políticas públicas, de reingeniería institucional o de conciencia masiva de la necesidad de cambio. “El meme se convierte en un camino a otras formas de comunicarnos y hacer pedagogía, aun con el riesgo de extremar las luchas ideológicas y quedar estatizados en la viralización banalizadora o el humor momentáneo”, concluyeron los autores.

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