Modelo para MiPymes permite gestionar el riesgo de forma colaborativa

En Colombia las pequeñas y medianas empresas (MiPymes) mueven la economía: generan cerca del 79 % de los empleos y representan más del 99 % de las empresas del país, según la Asociación Nacional de Instituciones Financieras (Anif). A partir del estudio de caso de dos asociaciones antioqueñas dedicadas al cultivo y la exportación de aguacate Hass se construyó un modelo teórico-conceptual que promovería la construcción e interacción de las capacidades de cualquier MiPyme con miras a constituir una red colaborativa sólida.

La pandemia de la COVID-19 dejó varias enseñanzas, entre ellas que la dinámica de los mercados nacionales e internacionales está inmersa en una alta incertidumbre. “Nadie se imaginaba que algo así fuera a pasar. Ahora sabemos que las cadenas de suministro deben ser flexibles, resilientes y adaptativas, como un edificio bien construido, que durante un sismo se mueve, se sacude, pero retoma su posición inicial”, señala Isabel Cristina Alzate Rendón, doctora en Ingeniería – Industria y Organizaciones de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín.

Una cadena de suministro es aquella que permite que un producto se fabrique, almacene y comercialice, mediante distintas etapas o procesos. Aunque suena simple, a las MiPymes les resulta complejo sortear algunos retos, entre otras cosas porque suelen ser débiles en recursos financieros y de infraestructura, entre otros. “Esto hace necesario establecer redes colaborativas en las que se unan diferentes actores, bien sea en asociaciones, cooperativas o corporaciones, de manera que cada empresa o productor pueda aportar lo mejor de sí para mejorar sus capacidades y sortear los riesgos e inconvenientes”, agrega la investigadora Alzate.

Teniendo claro este contexto, en su tesis de doctorado la investigadora Alzate se propuso, primero, entender cómo los pequeños agricultores de aguacate Hass se relacionan e interactúan, y segundo diseñar un modelo teórico-conceptual para potenciar su colaboración con miras a gestionar el riesgo de sus cadenas productivas de manera colaborativa.

“Tomamos como caso de estudio las asociaciones de aguacateros Corpoavocado y Asofruhass del Oriente antioqueño, que reúnen a pequeños y medianos productores de aguacate Hass. Se trabajó con 37 personas, junto con un equipo de expertos. Se realizaron grupos focales, entrevistas, encuestas y una revisión estricta de la literatura para construir las herramientas, tomando como base y mejorando un modelo de capacidades dinámicas de cadena de suministro aplicado a Pymes coreanas”.

Mediante el estudio de caso, la doctora Alzate concluye que en Colombia los pequeños agricultores no tienen la formación suficiente para asociarse de manera exitosa. “Nos dimos cuenta de que el fortalecimiento de estas MiPymes y sus cadenas productivas debía empezar por la unidad mínima, es decir los productores, lo que denominamos como ‘fortalecimiento de las capacidades autónomas’, sumado al cambio de mentalidad y a la apertura de cada productor frente a la posibilidad de trabajar con otros aprovechando su vínculo a una red colaborativa”.

Un modelo por niveles

El instrumento teórico-conceptual propuso una serie de capacitaciones con ambas asociaciones –20 horas para cada una– para explicarles variables y términos clave como coordinación, roles, recursos, adaptabilidad, plan de monitoreo de riesgos, agilidad y competitividad, entre otros. “Para evaluar los efectos aplicamos una encuesta antes y después del ciclo y comprobamos que el reconocimiento de estas capacidades dinámicas (que le permiten a una organización integrarse y reconfigurarse según la necesidad) facilitaría la gestión del riesgo colaborativo”.

Así pues, la investigadora Alzate halló que el fortalecimiento individual de estas capacidades (especialmente flexibilidad, reconfiguración, agilidad y adaptabilidad) permitiría mejorar la coordinación, colaboración e integración entre asociados. “Es decir, en su orden, las capacidades autónomas de primer orden estimulan el fortalecimiento de las de segundo orden (también llamadas cohesivas, como la colaboración) y las de tercer orden (o asociativas, como la coordinación y la competitividad). Por último, buscamos que al finalizar el proceso formativo los productores entendieran la importancia de desarrollar otras capacidades que no habían tenido en cuenta al principio, como la innovación, el aprendizaje y la absorción”.

El modelo, que se encuentra detallado en la tesis de doctorado, se puede aplicar a cualquier cadena de suministro que se encuentre inmersa en una red colaborativa como una asociación o cooperativa. “Cualquier red productiva agroindustrial (de cacao, yuca, café, etc.) puede utilizarlo. Lo más importante es iniciar por el punto mínimo, que es el agricultor o productor, para luego hacer un encadenamiento estratégico y exitoso”.

Más información: agencianoticias@unal.edu.co

Contenido elaborado por Universidad Nacional de Colombia sede Medellín*

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