Integridad, una competencia clave para el profesional del siglo XXI

Integridad, una competencia clave para el profesional del siglo XXI
Para enfrentar los dilemas éticos de la vida cotidiana y, en particular, en las organizaciones donde se establecen las relaciones humanas y productivas de la sociedad contemporánea, la integridad como competencia profesional es cada vez más relevante y un pilar reciente dentro de la cultura académica y empresarial. 

La dimensión de la integridad se presenta como la mejor respuesta para lograr la excelencia cuando al individuo se le presentan momentos en los que no sabe qué decisiones tomar de acuerdo con las circunstancias, dado que confluyen distintos intereses que pueden terminar en manifestaciones de corrupción, pues la toma de decisiones éticas se basan en los valores que integran su condición humana.

“Hasta hace poco se veía a la integridad únicamente como un valor”, dice la experta en ética y democracia Nathalia Franco Pérez, jefa del Centro de Integridad de EAFIT. “Hay un interés grande en las empresas y en las instituciones educativas por tener espacios donde las personas piensen sus roles en el trabajo, sus roles en la vida, en sus relaciones interpersonales porque finalmente son preguntas sobre el ser, la ética y la moral que atraviesan a todo el sujeto en su aspecto personal, social y laboral”, señala la investigadora y autora de Atreverse a pensar, un camino hacia la integridad, texto publicado Editorial EAFIT en el año 2017.

La integridad, desde el razonamiento ético, comprende una actitud fundamentada en las decisiones orientadas hacia el bienestar general de la sociedad. En el contexto educativo, donde pueden presentarse fraudes académicos, en el sector público y privado con los crecientes actos de corrupción, o en la cultura ciudadana con el conocido “culto del avispado”, las dimensiones donde la integridad se adapta como competencia determinante son diversas.

Juan David Pérez Patiño, docente eafitense que trabaja en el diseño de un nuevo Núcleo de Formación Institucional para los estudiantes de la Universidad en el que se incluye a la integridad como eje transversal, destaca la importancia de pensar en esta cualidad como una de las competencias más importantes para el futuro.

“La mejor forma de hacer es ser”, señala el experto en gerencia del desarrollo humano. “La integridad debe ser un quehacer que se legitime desde unos valores, desde unos principios y desde una dimensión axiológica a nivel de los profesionales. Por eso la apuesta es pasar a una formación integral que no desarrolle solo componentes, conceptos o cualidades técnicas, sino que también esté muy fundamentado en generar confianza y credibilidad al interior de las organizaciones”, complementa Juan David.

Al pensar a la integridad no solo como valor sino como competencia, la cual es determinante para la sostenibilidad empresarial, se evidencia la incidencia positiva en el ser humano de la formación ética para la toma adecuada de decisiones, pues es notorio que la ausencia de esta cualidad en las personas afecta gravemente al tejido de las relaciones humanas. 

Una competencia interdisciplinar

Por medio de experimentaciones y pruebas piloto llevadas a cabo en el año 2016, en algunos cursos de la Escuela de Administración y en el Departamento de Economía de EAFIT, donde se midió de forma experimental y cuantitativa la introducción de contenidos éticos para evaluar el impacto de la integridad en la formación académica, se manifestó un movimiento positivo en el estadio moral de los estudiantes.

Resultados de investigaciones como esta, adelantadas por el Centro de Integridad de EAFIT, demuestran la importancia de los valores humanos como competencias transversales en la formación académica. Por esta razón hoy este concepto es un aspecto central en el diseño curricular de los programas y, actualmente, se integra al Núcleo de Formación Institucional (NFI) como parte del Itinerario 2030, la hora ruta actual que guía a la Universidad.

"Ese propósito superior de inspirar vidas lo plasmamos en lo académico. Hacemos investigación y lo proyectamos para poder forjar una humanidad más integral. Incluso, para los movimientos de estudiantiles que tienen el tema de la corrupción salimos con esta bandera de la integridad como parte de las estrategias del modelo educativo donde todo va a ser permeado por la integridad", expresa Claudia María Zea Restrepo, vicerrectora de Aprendizaje de EAFIT.

Para la renovación del NFI de la Universidad, la integridad está pensada como un valor transversal de todos los procesos académicos y una competencia clave para complementar la formación de los estudiantes en las habilidades del siglo XXI, sobre todo las relacionadas a las maneras de vivir el mundo como las ciudadanías locales y globales.

"Efectivamente sí hay un movimiento en el estado moral de los estudiantes cuando hay exposición a contenidos éticos. Obviamente, esos contenidos tienen que estar muy bien planeados, o sea, no se crean con base en lo que se cree que es adecuado sino en lo que la literatura en psicología experimental y en integridad académica dan cuenta que puede ser efectivo", señala Nathalia Franco, representante de la Red Latinoamericana de Integridad Académica.

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