Protección de los corales del Caribe, la tarea de investigadores eafitenses

Protección de los corales del Caribe, la tarea de investigadores eafitenses
  • El estudio de imágenes captadas por satélite y la aplicación de modelos matemáticos prometen ayudar a recuperar los corales del Caribe colombiano.
  • El trabajo de investigadores de EAFIT aporta a la mitigación de los niveles de contaminación arrojada al mar a través del canal del Dique, en el río Magdalena.
 
Mediante el estudio de fotografías satelitales y el diseño de modelos matemáticos y escenarios de simulación, un grupo de docentes y estudiantes de EAFIT, con el apoyo científico y económico de instituciones norteamericanas, tratan de salvar los corales de la plataforma arrecifal de las islas del Rosario y el Caribe colombiano.
 
Encontraron que los sedimentos continentales de las bahías de Cartagena y Barbacoas han deteriorado de manera significativa los corales de esa plataforma. La idea es mitigar la afectación, cuya aceleración empezó a darse hace unas cuatro décadas, momento en el que se evidenció un aumento en la turbidez del agua por cuenta de la apertura de nuevas bocas en el canal del Dique hacia la bahía de Barbacoas. Eso generó un incremento de sedimentos y contaminación arrojados al mar. 
 
"Los arrecifes de coral no pueden crecer en condiciones de sedimentación, pues necesitan aguas muy cristalinas, y con temperaturas y salinidad muy estables. Los sedimentos en el agua cambian las condiciones fisicoquímicas y ahogan al pólipo, necesario para la supervivencia del coral. Por eso venimos haciendo estudios y encontramos que el retroceso de la plataforma arrecifal en todo el Caribe, superior al 30 por ciento, se experimenta en gran medida en Colombia", advierte Juan Darío Restrepo, director del doctorado en Ciencias de la Tierra de EAFIT y director de Basic, proyecto que busca reducir los riesgos de la contaminación en la costa Caribe de Colombia, que recibe aportes del Centro Internacional de Investigación para el Desarrollo (Idrc) de Canadá.
 
Con ayuda de la Universidad de Texas (Estados Unidos), no solo estudiaron las imágenes captadas a través de satélites, sino que reconstruyeron en el tiempo los últimos 14 años del estado de las aguas sobre los arrecifes. Encontraron que durante más del 50 ciento de ese tiempo esta ha tenido las condiciones de turbidez propias de un río.
 
De esa manera probaron, con evidencia científica de alta calidad, que los sedimentos continentales, provenientes de las bahías de Cartagena y Barbacoas, desde el canal del dique, han tenido una incidencia importantísima en el deterioro de los corales.
 
"Las imágenes de satélite nos mostraron que, por más de la mitad del tiempo, los niveles de turbidez se mantuvieron por encima de los valores de umbral en la zona de las islas del Rosario. El 99 por ciento de esos sedimentos provienen del canal del Dique. Con la ayuda de la modelación numérica estamos estableciendo umbrales que nos ayuden a reducir esa contaminación, pues podemos simular escenarios hipotéticos con menores cargas de sedimentos", explicó Marko Tosic, investigador canadiense a cargo de la gerencia de Basic.
 
Niveles óptimos

La idea es encontrar un escenario en el que los niveles de contaminación se encuentren por debajo del umbral durante el 90 por ciento del tiempo, y seguir aplicando estos modelos en el agua sobre los arrecifes de Varadero para determinar la manera más afectiva de dosificar los sedimentos provenientes del dique, y garantizar la recuperación de los corales.
 
Lo curioso, de acuerdo con los investigadores, es que este arrecife específico se encuentra justo en el lugar en donde desemboca el canal y, a pesar de ello, mantiene altos niveles de calidad y salud. La hipótesis presentada es que los cambios de densidad entre el agua de mar y el agua dulce generan una cortina que no deja caer los sedimentos hasta los corales.
 
"Al parecer, el fenómeno de estratificación del agua, estando la dulce arriba y la salada, más densa, abajo, genera movimientos y condiciones hidrodinámicas que impiden a la contaminación alcanzar el arrecife", señala Tosic.
 
El hecho de que el estudio del arrecife de Varadero pueda dar pistas sobre las especies de coral más resistentes y los mecanismos de protección y recuperación de este ecosistema, convierten en prioridad proteger esta parte de nuestros mares, amenazada por la posible construcción de otro canal de entrada a la bahía y al puerto.
 
De otro lado, y de acuerdo con Juan Darío, cerca de 20.000 familias de las islas del Rosario y San Bernando viven de la pesca artesanal, cuya existencia se ve amenazada por la degradación de los corales y la degeneración de la cadena trófica que estos atraen: desde peces pequeños hasta tiburones.
 
"El pargo, el mero, el jurel, la sierra, toda la pesca que comemos continentalmente crece en los arrecifes y los manglares. Cerca del 80 por ciento de los peces propios de esos arrecifes ha muerto, y los peces grandes se han ido a aguas más profundas, más allá de los 60 metros, en donde la temperatura es mejor y no hay tanta contaminación. Allí no los alcanza la tecnología de los pescadores artesanales, apropiada para pescas en profundidades no superiores a 15 metros", resalta el docente.
 
Y si estos datos no son suficientes para llamar la atención, los investigadores señalan que con la desaparición de los corales se perderían también las playas blancas (formadas por corales descompuestos), tan apetecidas en el turismo, así como el careteo y el buceo. Por eso, la necesidad de establecer medidas afectivas a partir de investigación minuciosa.

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Dirección de comunicaciones de EAFIT