Según investigación de estudiante UNAL, huertos sociales aliviarían cordones de miseria

Según investigación de estudiante UNAL, huertos sociales aliviarían cordones de miseria
Los huertos sociales o comunitarios, donde confluye una comunidad para cosechar cultivos de subsistencia, serían escenarios no solo para producir alimentos, sino también para que las personas de dichos asentamientos urbanos, tal vez desempleadas, participen activamente en sociedad.

Así lo considera Jenny Carolina Orjuela García, candidata a doctora en Agroecología de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira, quien, en su estancia doctoral en la Universidad de Málaga (España), realizó la investigación “Relaciones de los huertos sociales, kilometraje de alimentos y existencia de desiertos alimentarios agroecológicos”.

En una investigación realizada en 2018 en esa provincia española se encontró que existían 15 huertos sociales que funcionan de manera permanente beneficiando directamente a 630 personas y a 2.600 indirectamente.

De allí surgió la hipótesis de que esos huertos sociales urbanos podrían ser una estrategia de resiliencia a los desiertos alimentarios, una realidad que no está lejos del escenario colombiano.

El estudio realizado por la investigadora Orjuela, cuyo tutor en la Universidad de Málaga fue el doctor Miguel Ángel Quesada Felice, buscó relacionar la existencia de estos huertos con el kilometraje recorrido por una persona para acceder a alimentos frescos y agroecológicos.

Para llevarlo a cabo se implementaron herramientas de investigación participativa: caminata guiada, encuesta semiestructurada dirigida a las personas que lideran las iniciativas de agroecología urbana y rural, además de la inclusión de las iniciativas surgidas en 2019. Dicha información se obtuvo con los ayuntamientos (alcaldías) y con el “voz a voz”.

Los huertos hallados se mapearon en Google Earth y se caracterizaron. A las personas se les preguntó dónde compraban sus verduras y frutas, cuántos kilómetros aproximados recorrían, en qué se movilizaban, entre otros aspectos.

Con esto se encontró que, hasta noviembre de 2019, hubo un incremento del 17 % de iniciativas dentro de la provincia, la mayoría como parcelas alquiladas; también que estos espacios son frecuentados por una amplia variedad de personas que, entre otras cosas, pueden recuperar el conocimiento tradicional sobre cómo cultivar sus propios alimentos.

Por otro lado, se observó que la mayor parte de la población participante son pensionados, seguidos de familias “neocampesinas”, quienes desean volver al campo y empiezan a utilizar este tipo de espacios con sus bebés y niños para enseñarles. Además se evidenció que los colegios están muy interesados en hacer que estos huertos sociales sean aulas escolares para dictar clases.

“Entonces, en ese lugar confluyen, en un mismo periodo, varias generaciones que, con trayectos de vida diferentes, tienen objetivos comunes”, puntualiza la investigadora Orjuela.

Desertización demográfica

En Málaga se vive un potente proceso de industrialización que ha ocasionado tal migración rural-urbana, que hoy se habla de una “desertización demográfica” en la zona rural.

Es decir, no hay suficientes agricultores que cultiven y críen animales para abastecer los requerimientos de la dieta, y por ende los alimentos deben recorrer muchos kilómetros para llegar a los hogares, por lo que se empieza a hablar de “desiertos alimentarios”.

Se denominan desiertos alimentarios a aquellas zonas urbanas o rurales que presentan dificultades para que sus pobladores accedan a una alimentación saludable. Este concepto ha adquirido importancia tanto en el ámbito investigativo como en el político.

Colombia, cerca de esta problemática

Aunque esta investigación se hizo en España, la investigadora Orjuela habla de una realidad colombiana que, se puede pensar, no está muy lejos de esta problemática.

Entre las consecuencias del conflicto armado en Colombia se cuenta el desplazamiento forzado de campesinos que, huyendo de la violencia, deben abandonar sus tierras y migrar a la ciudad. Con esto, las fincas quedan vacías y se incrementan los cinturones de miseria en la ciudad.

Es importante mencionar que en el mundo hay un crecimiento demográfico continuo, y en 2008 la población urbana sobrepasó en número a la rural, por primera vez en la historia. Uno de los principales retos de las ciudades será, entonces, garantizar su abastecimiento alimentario, por lo que pensar en la implementación de este tipo de proyectos debe ser considerado con más frecuencia.

Este estudio también fue apoyado por María Vela Campoy, coordinadora del Área de Agroecología y Permacultura de la Sociedad Cooperativa Andaluza Ecoherencia.