Un médico que no ve pacientes

Un médico que no ve pacientes
Proveniente de una familia de distintos campos, menos de la salud, y después de haber contemplado la idea de estudiar música, Sebastián Hernández Botero, se decidió por la medicina orientado por el gusto que, desde niño, tenía por el campo de la biología. Durante su bachillerato descubrió su capacidad para comprender temas como la anatomía y la fisiología, y ello influyó en que viera la medicina como posibilidad de formarse profesionalmente.
 
Ya en la carrera, quería ser médico hospitalario y soñó con ser internista e intensivista, no obstante, pensando en el momento en que tuviera que realizar su residencia y dado que la hoja de vida es un componente importante para que una universidad le permita realizarla, ingresó a un grupo de investigación en enfermedades infecciosas y luego a un semillero de humanidades médicas, dirigido por el médico, escritor e historiador Orlando Mejía Rivera, a quien Sebastián recuerda como uno de sus mentores.
 
A pesar de que su rendimiento académico fue excelente, y de que su desempeño en las rondas médicas lo señalaban como un muy buen potencial clínico, Sebastián ya estaba volcando su mirada hacia el mundo de la academia. Las ponencias, las publicaciones y los congresos, le habían ganado la partida a los turnos, los hospitales y los pacientes.
 
Un día, en la búsqueda de la posibilidad de realizar el rural, observó un afiche que promocionaba una maestría en ciencias biomédicas con énfasis en microbiología; su cercanía con esos temas y su deseo de dedicarse a la investigación le prendieron alarmas “no que rural ni que nada, a mí no me gusta esa joda”, recuerda haber pensado en ese momento y decidió buscar apoyo en su padre para pagar el primer semestre de la maestría.
 
Uno de sus docentes lo recomendó para dar clases en una universidad de la ciudad y ahí empezó su carrera como profesor, cuando menos lo pensó estaba vinculado a tres universidades, en calidad de catedrático, aunque expresa “La Universidad de Manizales fue la única que creyó en mí y me dio la oportunidad de soñar mis proyectos de dar clase, investigar y ahora pensar en empresa”. En su ejercicio profesoral se ganó una beca en el programa Jóvenes Investigadores de Colciencias, parte del trabajo realizado, fue el origen del proyecto GRAM con el que ahora está vinculado a MediEmprende, un programa de la UManizales para potenciar médicos emprendedores.
 
GRAM -Grupo de Resistencia Antibiótica de Manizales- es el nombre del proyecto que viene desarrollando Hernández Botero y que integra procesos de investigación, docencia y proyección social. En investigación, se vienen estableciendo los perfiles de resistencia antibiótica en los hospitales del departamento de Caldas, de igual forma, se espera que los resultados de los estudios, fundamenten procesos educativos con la comunidad.
 
Además, la idea es que GRAM se convierta en una empresa spin off de la Universidad y genere recursos para seguir haciendo investigación y desarrollo de nuevos conocimientos que aporten al desarrollo social. En el momento, GRAM se encuentra en el diseño de una estrategia de vigilancia epidemiológica de tuberculosis para el departamento mediante el uso de análisis genómico.
  
¿Qué es un perfil de resistencia antibiótica y para qué sirve?
 

Su utilidad se desprende del hecho que le da al personal de salud, información sobre qué resistencias se han generado a los antibióticos en las bacterias de una población específica, con el fin de que sepan cuáles utilizar, pero principalmente, para promover un uso más mesurado de los antibióticos.
 
“El tema es que el uso de antibióticos permea otras actividades por fuera de los hospitales como la producción de alimentos. Las bacterias expuestas a los antibióticos se hacen resistentes a los mismos, tanto las presentes en el ambiente como las que hay en nuestro interior. Estas bacterias se transmiten a otras personas o, incluso, comparten entre ellas mismas los secretos para resistir antibióticos a los que ni siquiera han estado expuestas. Ahí está el asunto, cada vez que usamos un antibiótico estamos enviando al medio, bacterias más resistentes”, afirma Sebastián.
 
Esta situación es la que hace que cada vez se observen más enfermedades infecciosas intratables. En este sentido, los antibióticos son la única arma del arsenal médico cuyo uso actual determina su empleo futuro, y aún no se observan opciones viables para reemplazarlos. ¿Se llegará a un mundo sin antibióticos? Nadie lo sabe a ciencia cierta, lo que sí se puede afirmar es que es responsabilidad de todos aplazar ese momento.
 
 Logros
  • Coordinación del equipo de trabajo encargado, por primera vez para la región, de la elaboración del perfil de resistencia antibiótica de los hospitales de Manizales que será socializado en el Simposio de Resistencia Antibiótica del Eje Cafetero, evento que se llevará a cabo en la Universidad de Manizales el 3 de noviembre de este año.
  • Vinculación a la Asociación Colombiana de Infectología (ACIN), como miembro de número, y ahora como vocal por Caldas para la junta directiva del Eje Cafetero. 
  • Finalista en el concurso Joven Investigador “Young Investigators Awards” (2018) de la Asociación Colombiana de Infectología e Instituto Méreiux (Paris).
  • Articulación de tres grupos de investigación de las universidades de Caldas, Católica de Manizales y Manizales.
  • Presentación de cuatro trabajos de investigación (dos ponencias y dos póster) en el Encuentro Nacional de Investigación en Enfermedades Infecciosas de la ACIN; primeros trabajos a nombre del Grupo de Resistencia Antibiótica de Manizales (GRAM) en un evento nacional.
  •  Presentación de trabajo libre en calidad de póster en el Congreso Centroamericano y del Caribe de Infectología (ACENCAI, San José de Costa Rica, 2018); y pendiente de presentación de un póster en el Congreso Latinoamericano de Microbiología que se realizará en noviembre, en Santiago de Chile.
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Dirección de comunicaciones de la Universidad de Manizales.