UNAL tendrá espacios de estudio pospandemia al aire libre

UNAL tendrá espacios de estudio pospandemia al aire libre
A partir de una pérgola de guadua se busca crear un espacio de docencia poscuarentena, al aire libre, para analizar muestras de la biodiversidad tanto de especies de plantas trepadoras andinas endémicas como de herpetofauna (anfibios y reptiles) en el campus de la Sede Bogotá.
Este proyecto conjunto entre el Departamento de Arquitectura y el Instituto de Ciencias Naturales (ICN) de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) se presentó en la convocatoria nacional para el fomento de alianzas interdisciplinarias que articulen investigación, creación, extensión y formación en la UNAL 2019-2021.
 
El profesor de la UNAL Xavier Martínez Casas, doctor en Sistemática y Evolución Vegetal, recuerda que en los edificios del campus de la Sede Bogotá funcionan el ICN, un arboretum, el Departamento de Biología y el “Campo biológico experimental”, un espacio históricamente empleado por dicho Departamento para hacer investigación.
 
“De ahí nació la idea de crear una alianza con el Grupo de Madera y Guadua del Departamento de Arquitectura, cuyo objetivo es construir una pérgola de guadua como espacio para establecer y analizar muestras de la biodiversidad tanto de especies de plantas endémicas –propias de esta región del país– como de anfibios y reptiles”, agregó el profesor Martínez.
 
Para los investigadores este proyecto es especialmente relevante en este momento, cuando se necesitan espacios abiertos en el campus que permitan la presencialidad con distanciamiento.
 
La iniciativa también busca rescatar y poner al servicio de la docencia y del bienestar de la Universidad este espacio cuya destinación se trazó desde los planos originales del campus. “Nos corresponde ser fieles a este proyecto histórico y para ello es fundamental nuestra alianza con la Escuela de Arquitectura de la Facultad de Artes”, indica el profesor Martínez.
 
Recuperar la historia
 
La presencia de espacios abiertos dedicados a la enseñanza de los recursos naturales viene desde la época de la Expedición Botánica liderada por José Celestino Mutis entre 1783 y 1816, cuando se construyó un primer jardín botánico en Colombia en el municipio de Mariquita (Tolima).
 
“En 1868 surge la Universidad Nacional de los Estados Unidos de Colombia con sus escuelas, como la de ciencias naturales que funciona en un convento expropiado; en ese momento ya se contemplaba un jardín botánico en Bogotá y es probable que se haya dado”, expone el investigador Martínez.
 
Entre 1837 y 1840, dentro del proyecto del padre Enrique Pérez Arbeláez en la ciudadela universitaria de Bogotá, aparecen siete grandes iniciativas: un herbario nacional, el instituto botánico, el jardín botánico, la flora de Mutis, un trabajo sobre los hallazgos de la expedición botánica que no fue publicado, un instituto zoológico, un museo de historia natural y un zoológico.
 
“En los planos de Leopoldo Rother de la Ciudad Universitaria de Bogotá, que datan de 1939, se incluye el Instituto de Botánica, de Veterinaria y el Jardín Botánico. En los planos del edificio donde hoy funciona la Facultad de Ciencias se contemplaban dos invernaderos en la zona central y las pérgolas para plantas trepadoras son un elemento recurrente que existió desde entonces”, comenta el profesor Martínez.
 
En los planos de 1946 de la Ciudad Universitaria, también adelantados por Leopoldo Rother, se encuentra el nuevo ICN en lo que hoy es el Departamento de Biología, donde se incluía un palmetum, una pérgola para plantas trepadoras, una zona para siembra a cielo abierto y un tropicario, entre otros. Muchos de estos espacios finalmente se ubicaron en el Jardín Botánico de Bogotá.
 
La construcción
 
Los investigadores visitaron el área, identificaron los senderos de la zona, ubicaron puntos importantes como el lago de biología, los edificios, los flujos de las personas y con esto diseñaron propuestas de dónde debían ubicarse los elementos. Para esto tuvieron en cuenta variables tangibles e intangibles, como por ejemplo que estuviera cerca del lago, pero lejos del edificio donde se manejan residuos químicos, o que estuviera cerca de la huerta estudiantil, pero lejos de los senderos peatonales y de maquinaria.
 
En palabras de la profesora de arquitectura de la UNAL Sindy Marcela Coca, magíster en Construcción e investigadora del Grupo Madera y Guadua, se llegó a cinco propuestas: una helicoidal, una en forma de paraboloides y una en forma de ala, diseñadas para implementarse en los senderos y rutas; una estructura central con arcos y una en forma de tejidos, pensadas para el nodo articulador de los senderos.
 
Al respecto, se realizó una consulta y se decidió la opción paraboloides, módulo que se puede implementar en los senderos identificados; también consideraron variables como el ancho del pasillo, la altura y la inclinación de la cubierta paraboloide y el espacio entre apoyos. Actualmente trabajan en el desarrollo técnico y la construcción del primer módulo.
 
“La propuesta tuvo gran acogida entre los docentes –indica la investigadora Coca– quienes consideran que este es un espacio del campus en parte desaprovechado, que se usa para actividades no académicas y que puede ser muy útil para la investigación, al confluir allí factores como las plantas trepadoras o la fauna del campus y el rescate histórico de estructuras como las pérgolas”.