Protocolo actualizado de terapia eleva estándares de atención en salud mental

Según la Asociación Estadounidense de Psiquiatría (APA), esta terapia –que en los Estados Unidos se utiliza para tratar a unas 100.000 personas al año– implica la aplicación de pequeños pulsos eléctricos a través de electrodos colocados por lo general en las sienes, a los lados de la cabeza.

La herramienta médica establece indicaciones, contraindicaciones, estándares técnicos y anestésicos, al aplicar la terapia electroconvulsiva con anestesia y relajación (TECAR), que a menudo es malentendida y estigmatizada. Con esta actualización se busca mejorar la atención de pacientes con trastornos mentales como depresión profunda, esquizofrenia o bipolaridad que afectan el pensamiento, las emociones y el comportamiento de las personas.

Según la Asociación Estadounidense de Psiquiatría (APA), esta terapia –que en los Estados Unidos se utiliza para tratar a unas 100.000 personas al año– implica la aplicación de pequeños pulsos eléctricos a través de electrodos colocados por lo general en las sienes, a los lados de la cabeza.

El objetivo del procedimiento es inducir en el paciente convulsiones neurológicas controladas. A diferencia de lo que a menudo se muestra en las películas y de la percepción popular, durante el procedimiento el paciente no está consciente, por lo que no experimenta recuerdos ni una actividad motora similar a una convulsión epiléptica.

Por el contrario, durante la terapia se monitorean las convulsiones deseadas mediante un electroencefalograma, para controlar su duración, morfología y otros parámetros fisiológicos, y el procedimiento se hace con la vigilancia de un equipo multidisciplinario conformado por psiquiatras, anestesiólogos y enfermeros.

Por supuesto, esta terapia no aplica para todas las personas; se utiliza específicamente en aquellas que padecen formas graves o que no han respondido adecuadamente a otros tratamientos de trastornos mentales que se conoce responden a esta terapia.

La actualización del protocolo aborda varios aspectos clave de la terapia, entre ellos:

Indicaciones y contraindicaciones: definen las condiciones en las que la terapia electroconvulsiva es apropiada y aquellas en las que no se recomienda debido a preocupaciones de salud específicas del paciente.


Estándares técnicos y anestésicos: establecen las pautas para monitorear la actividad cerebral, la duración de las convulsiones y la administración de anestesia y relajantes musculares durante el procedimiento.


Efectos secundarios y reacciones adversas: ofrecen recomendaciones para abordar cualquier efecto secundario o reacción adversa que pueda surgir durante o después de la terapia.


Implementación: facilita la implementación del protocolo en entornos clínicos, garantizando que se aplique de manera segura y eficaz.


El autor de esta actualización es el doctor Manuel Alejandro Zúñiga Zuluaga, especialista en Psiquiatría de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), quien para ello se basó en guías de práctica clínica de alta calidad de diversas fuentes, incluidas sociedades científicas y organismos gubernamentales de países como España, Nueva Zelanda, Australia y Malasia.

Estas guías se eligieron por su calidad metodológica y por la relevancia que tuvieron en la aplicación de la terapia electroconvulsiva en pacientes con trastornos mentales graves y “proporcionan recomendaciones basadas en evidencia científica sólida, lo que garantiza la calidad y eficacia de la terapia electroconvulsiva en un contexto clínico”, explica el experto.

Aclara además que “al combinar las guías de diferentes países se logra una visión amplia y diversa de las mejores prácticas en este tipo de terapia, lo que enriquece la actualización del protocolo y su aplicabilidad en la práctica clínica”. Cabe aclarar que en Latinoamérica aún no se han desarrollado estas guías, que podrían ser más cercanas al contexto colombiano.

Según el doctor, “con este protocolo se les brinda a los profesionales de la salud una herramienta más eficaz y actualizada para abordar los trastornos mentales cuando otras terapias no han mostrado eficacia, mejorando así la calidad de la atención que se brinda a esta población”.

Así, esta actualización no solo beneficia a los pacientes que pueden recibir la terapia electroconvulsiva con anestesia y relajación, sino que también contribuye a reducir el estigma asociado con esta modalidad de tratamiento.

Más información: agencianoticias@unal.edu.co

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