Talleres de cocina y escuelas de campo para afrontar la violencia en Arauca

“No teníamos previsto que esto pasara, cuando se confinó el caserío, el miedo inundó la comunidad y nadie quería hablar. En este sector somos víctimas, y a pesar de la declaración que hicimos, donde decíamos que 328 familias fueron confinadas, nadie hizo nada y la problemática no ha terminado”, expresa un líder comunitario de la vereda.

Sesenta huertas caseras, dos conucos comunitarios, talleres de cocina y escuelas de campo para la formación agroecológica son algunas de las estrategias implementadas en la comunidad de Bocas de Ele de Arauquita (Arauca) para afrontar la crisis alimentaria de una comunidad que se debate entre los enfrentamientos de los grupos armados ilegales y los estragos del invierno.

Cuando el país entero intentaba recuperar la normalidad después de la pandemia por COVID-19, los habitantes de la Vereda Caña Brava en Arauca se veían obligados a confinarse en sus casas sin acceso a alimentación, salud, y sobre todo sin garantías de seguridad. Durante casi un mes, niños y adultos mayores vieron cómo el control completo de su territorio estaba a manos de la guerrilla del ELN.

“No teníamos previsto que esto pasara, cuando se confinó el caserío, el miedo inundó la comunidad y nadie quería hablar. En este sector somos víctimas, y a pesar de la declaración que hicimos, donde decíamos que 328 familias fueron confinadas, nadie hizo nada y la problemática no ha terminado”, expresa un líder comunitario de la vereda.

Señala además que la situación provocó una crisis alimentaria y de salud en los habitantes, que se agudiza mientras su territorio siga siendo un lugar estratégico para los grupos armados. El caserío de Bocas de Ele se encuentra rodeando el río Lipa, por lo que es una zona que los actores armados consideran navegable.

A las personas que han visto cómo la violencia le arrebata las esperanzas en su comunidad, la llegada del proyecto de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Orinoquia y el Programa Mundial de Alimentos (PMA) les ha permitido salir a flote trabajando la tierra con la que garantizan la comida para sus familias.

Lo cierto es que el proyecto no pretende hacerle frente solo a las consecuencias de la violencia, sino que también busca dotar a los habitantes de herramientas para cultivar alimentos, transformarlos y hasta comercializarlos, incluso ante desastres naturales, pues las inundaciones provocadas por el aumento del caudal del río han destruido sus cosechas en diferentes ocasiones.

“En 6 hectáreas estamos cultivando maíz, frijol y caraota con fines de autoconsumo y en la actualidad hay 180 participantes activos en estos proyectos. Además de 60 huertas caseras y el fortalecimiento de 2 conucos (término indígena más común para nombrar el lugar donde se siembran los alimentos)”, expresa Ana María Romero, profesional de la Oficina de Relaciones Internacionales (ORI) de la Sede Orinoquia.

Además, para fortalecer la cultura de las personas afectadas por la violencia, se han realizado talleres de gastronomía y de preparación de alimentos cosechados en los cultivos. “Es un espacio que también busca enseñar una alimentación saludable, encontramos niños con baja talla y adultos con alto consumo de carbohidratos por la escasez de alimentos”, indica.

“También buscamos que los hombres se vinculen cada vez más a los talleres, de manera que entiendan los roles de género y aporten en las labores de cuidado”.

La UNAL propone espacios de formación agroecológica en los cuales los habitantes aprendan sobre el manejo integrado de los cultivos y la conservación ambiental. Por ello, la labor del equipo de la Institución y el PMA se basa en el apoyo técnico, la capacitación y la implementación de los sistemas productivos que hagan falta.

“Este tipo de trabajos son los que se necesitamos en la comunidad, pues la falta de inversión social es solo un factor que impulsa la violencia y estamos cansados de ser centro de disputas y de ser ignorados por los gobiernos”, señala el líder comunitario.

“Aquí en Caña Bravas no hay nada, no hay agua potable, no hay vías de acceso, tenemos 12 km a la vía principal y está en un estado precario. Todo lo que hay lo hemos hecho nosotros desde la construcción de puentes hasta pavimentar vías. Por eso pedimos que en medio de los diálogos que se adelantan el centro sea la inversión social”, concluye.

Más información: agencianoticias@unal.edu.co

Contenido elaborado por Universidad Nacional de Colombia.*

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