UniNorte lanza propuesta de investigación: De Wall Street a la Ciénaga grande

Así como los buenos inversionistas en los mercados financieros apuestan por obtener el mayor beneficio reduciendo el riesgo, los pescadores de la Ciénaga Grande de Santa Marta han aprendido a trabajar con el portafolio de especies que les ofrece este ecosistema para sobrellevar las crisis y mantener a flote su economía.

Las casas palafíticas de Nueva Venecia se parecen a los flamencos del Caribe con sus largos pilotes, como patas flacas, que les mantienen la barriga de madera ligeramente por encima del nivel del agua de la Ciénaga Grande de Santa Marta. En las madrugadas salen de ellas en estrechas piraguas los pescadores a lanzar las atarrayas con una sabiduría que se parece a la del cormorán que sabe pescar lo que ofrece la laguna en cada época del año. García Márquez recordaba, de los viajes entre Aracataca y Barranquilla que hizo junto a su abuelo el coronel Nicolás Ricardo Márquez Mejía, a esos botes de pesca con sus lucecitas, “como a estrellas caídas en el agua”.

Cuando Andrés Vargas, profesor e investigador del departamento de economía de la Universidad del Norte, recorrió los mismos senderos acuáticos de Gabo por la Ciénaga, le resultó inevitable comparar a esos pescadores y su laguna con un sistema financiero como el de Wall Street. Después de todo, pensó, ambos atraviesan crisis periódicas y son sistemas con dinámicas complejas. Tras graduarse como economista y antes de vincularse a Uninorte, Vargas había trabajado en el área de investigaciones económicas de Bancolombia.

Entre 2015 y 2016, la Ciénaga Grande atravesó una de sus peores crisis ecológicas asociada al fenómeno de El Niño pero también a invasiones ilegales que intentaban convertir parte de sus aguas en tierras cultivables. Con poca agua dulce fluyendo desde los caños y ríos como el Aracataca, el Sevilla y el Fundación, los niveles de salinidad subieron a tal punto que se desató una mortandad atroz de manglares y peces. El asunto acaparó titulares de medios locales y nacionales por varios meses.

Esa crisis atrajo el interés de varios investigadores de Uninorte. “En esa época en las noticias se señalaba una tendencia al declive en la pesca a largo plazo”, recuerda el profesor Vargas. Preocupado por lo que eso podía significar para los cerca de 3.200 pescadores y sus familias que viven de la pesca directa en la Ciénaga, decidió echar un ojo a las cifras históricas de las pesquerías para ver más de cerca el problema. Pero los datos insinuaban algo diferente.

“Ahí surgió mi curiosidad”, cuenta, ¿Cómo era posible esa narrativa de degradación persistente cuando los datos mostraban de forma contundente que la pesquería no tenía esa tendencia?”. “ En conversaciones con su colega David Diaz, también del departamento de economía, y Sebastián Restrepo, del Departamento de Desarrollo Rural y Regional de la Universidad Javeriana, quien venía desarrollando su doctorado en torno a las dinámicas socioambientales de la Ciénaga Grande, decidieron investigar un poco más para entender lo que estaba ocurriendo.

La primera tarea fue extraer datos del sistema de in- formación pesquera, SIPEIN, que mantiene actualizado el Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras José Benito Vives de Andréis, INVEMAR. Allí encontraron información precisa sobre los métodos de pesca, especies, puertos de desembarco, captura (kilogramos), esfuerzo pesquero (número de faenas por mes), e ingreso (pesos colombianos) que han reportado los pescadores de la Ciénaga a lo largo de los años.

Por otra parte, exploraron variables fisicoquímicas del propio ecosistema. En particular, tomaron datos de los grados de salinidad reportados en 14 puntos del complejo lagunar por ser esta una de las variables que más parecía influir en la variabilidad de la pesca.

Vargas sospechaba que las estrategias de los pescadores para sobrevivir en una Ciénaga que cambia tanto a lo largo de los meses y también en periodos interanuales quizás no eran tan diferentes a las de los inversionistas en las grandes bolsas financieras de Nueva York o Tokio. Así que propuso analizar “el efecto portafolio” entre los pescadores, es decir, cómo diversificar la pesca reducía la variabilidad en los ingresos a través del tiempo. En palabras más simples, el efecto portafolio resume la vieja fi losofía hogareña: si del cielo te caen limones aprende a hacer limonada.

Un primer hallazgo del trabajo que titularon Diversificación del portafolio pesquero estabiliza las capturas y el ingreso. Evidencia de una pesquería artesanal en Colombia, fue que efectivamente la composición de las capturas que reportan los pescadores está profundamente relacionada con los cambios en la salinidad de la ciénaga.
Por ejemplo, cuando la salinidad es baja, y esto lo saben muy bien los pescadores, aumenta la presencia de especies como la mojarra negra o tilapia (Oreochromis nicolitus). En cambio, en niveles intermedios de salinidad ganan participación espe cies como el chivo cabezón (Ariop sis canteri), chivo mapale (Catho rops mapale) o el macabí (Elops schmiti). La “lisa” (Mugil incilis) es la reina de la ciénaga por el rango de salinidad en el que puede sobre vivir. En la Ciénaga Grande se registran capturas de más de 20 especies de interés comercial, y siete especies dan cuenta de más del 70% de las capturas totales.

Aunque esto puede resultar una perogrullada para cualquier buen pescador de la ciénaga, lo interesante es que los investigadores lograron traducir a cifras concretas esta conclusión. Un aumento de la salinidad en 1 g/kg resulta en el largo plazo en un incremento de 0.56 kg en la captura y de $1,800 en el ingreso. Esto con el mismo esfuerzo por parte del pescador. En los resultados llama la atención el hecho de que los efectos del des- equilibrio en las capturas se corrigen rápidamente (21% de desequilibrio en un mes) y para los ingresos mucho más rápido (58% por mes).Trabajos previos a este ya indicaban que los pescadores han aprendido a combinar estrategias para, a pesar de los cambios bruscos en la salinidad de la Ciénaga, y por lo tanto en las especies y volúmenes de captura, mantener su riesgo económico en niveles bajos. ¿Cómo? Igual que lo haría Warren Buffett y otros peces gordos del mercado financiero: diversificando sus portafolios.

“Las comunidades pesqueras han desarrollado estrategias para reducir la variabilidad del ingreso, tales como la migración estacional hacia áreas con mejores oportunidades de pesca, diversificación de las artes de pesca, diversificación de la captura, acción colectiva, y actividades alternativas. Entre estas, la diversificación de la captura juega un papel muy importante cuando las demás estrategias no están disponibles o no son viables”, apuntaron los investigadores.

“Es un tema fascinante porque nos muestra que hay puntos de encuentro transdisciplinarios entre ecología y finanzas cuando muchos piensan que son mundos diferentes”, anota el profesor Vargas. Cree que entender mejor esta relación puede tener implicaciones, desde el punto de vista práctico, en cómo se ejerce la gobernanza ambiental en la región.

“Estamos acostumbrados a simplificar el debate de la Ciénaga”, dice su colega Sebastián Restrepo, de la U. Javeriana, “cuando hay mucha salinidad se dice que la gente está muy fregada pero parece que aquí hay evidencia interesante que muestra lo contrario. Esto no le quita preocupación al problema de la Ciénaga o a las condiciones socioeconómicas críticas que tienen los pescadores de atarraya, más bien le entrega importancia a los mecanismos que tienen las personas para soportar el cambio”.

Restrepo cree que al sumar trabajos con este tipo de enfoques se podrían generar políticas de manejo más ajustadas a la realidad ecológica de la Ciénaga y a la de los pescadores. En última instancia, cree, se trata de dejar de lado programas asistencialistas para rei vindicar la salud de la Ciénaga, “tratar de revitalizarla, garantizar su funcionalidad ecológica. Esa visión mas integral es mas importante”.

Redactado por: Universidad del Norte

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