Disciplinas como química, biología, geología, física y ciencias sociales dejarán de enseñarse aisladamente para entender el océano como un sistema interconectado. Esa es la apuesta del primer pregrado en Oceanología del país, ofrecido por la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Caribe, que abrirá en 2027 con 25 cupos y una formación orientada a responder a los desafíos ambientales del Caribe y del país.
“El objetivo de la nueva carrera es formar profesionales con un pie en la tierra y otro en el mar”, señala la profesora Liza Hayes Mathias, directora de la UNAL Sede Caribe.
La primera cohorte formará profesionales capaces de enfrentar retos urgentes como el calentamiento del mar, la erosión costera y el deterioro de los arrecifes coralinos.
Para entender la creación de este pregrado tenemos que remontarnos a la discusión surgida en el IX Seminario las Ciencias del Mar en la UNAL: “Los retos del cambio global”, celebrado en 2023 en la Sede de La Paz, en donde investigadores de distintas Sedes coincidieron en una pregunta de fondo: ¿cómo puede un país bioceánico seguir estudiando el océano desde disciplinas que avanzan por separado?
El debate terminó moldeando la identidad del programa, por eso el profesor Néstor Campos, coordinador del pregrado, explica que “la diferencia entre oceanografía y oceanología va mucho más allá del nombre: representa una manera distinta de comprender el océano”.
La oceanología marca una apuesta conceptual clara: dejar de estudiar el océano como una suma de disciplinas aisladas y empezar a comprenderlo como un sistema vivo e interconectado, en el que la química marina, la biodiversidad, la geología y la actividad humana influyen simultáneamente.
“El motor de la vida en la Tierra son los océanos”, afirma el profesor Campos. La frase, lejos de ser retórica, resume la lógica científica detrás del programa: los océanos regulan la temperatura global al redistribuir masas de agua fría y cálida, transportan nutrientes esenciales para cadenas alimenticias enteras y participan activamente en procesos que sostienen el equilibrio climático del planeta.
Desde organismos que sobreviven en profundidades cercanas a los 11.000 m —en lugares como la Fosa de las Marinas— hasta ecosistemas costeros altamente sensibles al cambio climático en el Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, el mar sigue planteando preguntas que exigen nuevas formas de conocimiento, y este nuevo pregrado busca precisamente aportar a esa comprensión.
Rigurosidad al servicio del océano
El pregrado se diseñó con un plan de estudios de 155 créditos distribuidos entre componentes de fundamentación, formación disciplinar y libre elección, además de 12 créditos obligatorios en inglés, con el propósito de fortalecer la proyección internacional de sus estudiantes sin perder de vista el creole sanandresano, lengua nativa de la comunidad raizal.
La formación combina ciencias básicas como matemáticas, física, estadística, química y biología con áreas especializadas en ciencias de la Tierra y del océano.
En la etapa disciplinar los estudiantes profundizarán en oceanografía; herramientas de análisis y modelación; trabajo de grado, y el componente “Océano y sociedad”, que distingue al programa y está orientado a comprender cómo los procesos sociales, culturales y económicos también moldean la relación con el mar.
Junto con las asignaturas de oceanografía física, química y biológica, el plan de estudios incorpora cursos de sociología, antropología y legislación marina.
La apuesta es formar profesionales capaces no solo de investigar los ecosistemas marinos, sino también de aportar a la formulación de políticas públicas, al ordenamiento costero y la gobernanza ambiental.
La elección de San Andrés como sede también responde a esa visión, ya que el Archipiélago es un laboratorio natural donde arrecifes coralinos, praderas de pastos marinos, playas y otros ecosistemas costeros permiten estudiar en tiempo real fenómenos como la erosión litoral, el blanqueamiento de corales y los efectos del cambio climático.
Una apuesta pedagógica que rompe con la enseñanza convencional
Durante los primeros semestres los estudiantes tendrán una formación inmersiva en San Andrés, y en los últimos periodos podrán acceder a rutas optativas de profundización según sus intereses, en áreas como oceanografía química, oceanología biológica, análisis de datos, y modelación de sistemas oceánicos, sumadas para fortalecer conexiones con otras regiones costeras como Santa Marta, y a futuro Tumaco.
Actualmente la UNAL cuenta con 26 grupos de investigación que desarrollan actividades en el medio marino —directa o indirectamente—, de los cuales 7 están dedicados específicamente a ciencias del mar. Sus líneas abarcan desde biología y ecología marina hasta geofísica, meteorología marina, ingeniería costera, energía marina y derecho internacional del mar.
A este respaldo investigativo se suma el fortalecimiento institucional de la Sede Caribe, que cuenta con 16 docentes de carrera y especiales, además de docentes ocasionales, 18 funcionarios administrativos y cerca de 60 colaboradores que apoyan su operación académica y logística.
Dicha infraestructura humana se complementa con el acompañamiento de la Dirección de Bienestar Universitario, que brindará apoyo integral a los estudiantes en aspectos académicos, psicosociales y de permanencia estudiantil.
Por otro lado, la directora Hayes resalta que el pregrado en Oceanología no solo es el primero de Colombia, sino también el primer programa propio de la Sede Caribe, consolidando así el fortalecimiento académico de una de las Sedes de Presencia Nacional de la UNAL.
“El alcance de esta apuesta trasciende el Caribe insular: más que hablar de una pertinencia territorial, estamos hablando de una pertinencia nacional”, añade la directora Hayes.
Los futuros egresados se podrán desempeñar en entidades como el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Parques Nacionales Naturales de Colombia, el Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras José Benito Vives de Andréis (Invemar), la Comisión Colombiana del Océano, las Corporaciones Autónomas Regionales (CAR), universidades, organizaciones no gubernamentales e incluso sectores relacionados con acuicultura, recursos pesqueros y exploración marina.