¿Le apuestas al fútbol? ¡Pilas con la adicción!

El Mundial de Fútbol 2026 ha disparado la exposición a las apuestas deportivas en línea, una práctica que se puede convertir en ludopatía cuando deja de ser un entretenimiento y altera los circuitos cerebrales asociados con la recompensa. Expertos del Hospital Universitario Nacional de Colombia (HUN), de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), advierten que esta adicción puede desencadenar ansiedad, deudas, aislamiento y graves afectaciones emocionales.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que en la Región de las Américas cerca de 70 millones de personas padecen este trastorno. En Colombia, el Instituto Nacional de Salud (INS) y Coljuegos calculan que el 2,5 % de la población presenta ludopatía, y que un 4,6 % está en riesgo de desarrollarla, especialmente los hombres y adultos jóvenes, entre 18 y 40 años.

“Al igual que ocurre con la dependencia al alcohol o a otras drogas, el juego patológico altera los circuitos cerebrales de recompensa modificando la liberación de dopamina y dificultando que la persona pueda detenerse, a pesar de las graves consecuencias personales, familiares, legales y económicas que esto ocasiona”, afirma la psicóloga del HUN Mariana Díaz Amaya, docente de la Facultad de Ciencias Humanas de la UNAL.

Durante los últimos meses el auge del Mundial ha incrementado la exposición a las apuestas en línea y su presencia en la publicidad digital. Esta combinación ha contribuido a normalizar la idea de que disfrutar de un partido, apoyar a un equipo o seguir una competencia deportiva implica apostar dinero.

“Cada apuesta activa la liberación de dopamina, el neurotransmisor relacionado con el placer y la recompensa, lo que lleva a muchas personas a repetir la conducta para experimentar nuevamente esa sensación. Con el tiempo, el cerebro desarrolla tolerancia y necesita apostar con mayor frecuencia o por sumas más altas para obtener el mismo efecto”, explica la experta.

Cuando apostar deja de ser una decisión racional

Por su parte, el psiquiatra Julián Sucerquia, docente de la Facultad de Medicina de la UNAL, agrega que “esto altera el procesamiento del cerebro y favorece la aparición de distorsiones o ilusiones de control”.

“Una de las manifestaciones más frecuentes de estas distorsiones ocurre cuando la persona cree que si mantiene una misma estrategia de juego tarde o temprano obtendrá una victoria asegurada. Otra consiste en pensar que la única forma de recuperar el dinero perdido es seguir apostando cada vez más, un fenómeno conocido como ‘la persecución de las pérdidas’”.

El riesgo aumenta con las apuestas en vivo. Según el psiquiatra, la emoción propia del partido incrementa la liberación de dopamina y reduce la capacidad de la corteza prefrontal para controlar los impulsos y tomar decisiones racionales. Como consecuencia, la persona puede entrar en un patrón compulsivo en el que cada apuesta impulsa la siguiente.

“Si esta conducta se mantiene en el tiempo, aparece la necesidad de apostar con mayor frecuencia o por sumas más altas para experimentar el mismo nivel de satisfacción, lo que favorece el desarrollo de la adicción”, explica.

Este comportamiento ocurre en un momento en el que las apuestas deportivas viven un auge impulsado por el Mundial de Fútbol 2026. De hecho, Corficolombiana —una empresa nacional de soluciones financieras fundada en 1945— proyecta que el segmento de entretenimiento asociado con los juegos de azar en línea crecerá un 5,8 % durante el evento deportivo. Aunque esta tendencia dinamiza un sector de la economía, los expertos advierten que también incrementa la exposición a conductas de riesgo entre personas vulnerables.

¿Cómo reconocer la ludopatía?

Existen diversas señales que pueden ayudar a identificar cuándo las apuestas dejan de ser un entretenimiento y se convierten en una conducta adictiva. “Una de las principales es la pérdida de control, que se manifiesta cuando la persona reconoce que tiene un problema con el juego, y aun siendo consciente de ello no logra dejar de apostar ni controlar ese comportamiento”, señala la profesora Díaz.

A esta señal se suma la aparición de ansiedad y malestar emocional cuando la persona no puede revisar sus apuestas o mantenerse pendiente de las diferentes plataformas y entornos de juego.

Esa pérdida de control termina afectando distintos aspectos de la vida cotidiana. Según el psiquiatra Sucerquia, entre sus consecuencias se encuentran el descuido de las responsabilidades laborales o académicas por dedicar tiempo a revisar o realizar apuestas, el gasto de sumas de dinero superiores a las previstas para actividades de ocio y la aparición de patrones de engaño y autoengaño mediante los cuales la persona intenta justificar el tiempo y el dinero invertidos en el juego.

Aunque el riesgo existe, la psicóloga Díaz explica que es posible prevenir la ludopatía sin renunciar por completo a las apuestas. Para ello recomienda establecer límites claros de tiempo y dinero destinados a esta actividad y comprender que las ganancias obtenidas no se deben asumir como una fuente adicional de ingresos.

En los servicios de salud es frecuente que las personas con ludopatía consulten cuando ya presentan cuadros severos de ansiedad o depresión, trastornos crónicos del sueño derivados de la preocupación o un marcado aislamiento social.

A estos síntomas se suma el impacto físico que produce el estrés financiero sostenido, el cual se puede manifestar con migrañas, problemas gastrointestinales o hipertensión reactiva.

“Detectar estos indicadores a tiempo puede ser la clave para abrir una puerta de ayuda”, concluye la psicóloga Díaz.

Si usted, un familiar, amigo o colega identifica signos de juego compulsivo, buscar ayuda profesional de manera temprana puede evitar que las consecuencias personales, familiares y económicas se agraven.

Facebook
Threads
LinkedIn
X
WhatsApp