Universidad Nacional de Colombia convierte “granitos de arena” en 1,5 toneladas de solidaridad

Arroz, azúcar, café, pañales, leche para bebés, alimento para mascotas, productos de aseo y agua potable, entre otros productos recolectados en la Capilla Cristo Maestro de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Bogotá, ya fueron entregados a la Cruz Roja Colombiana para apoyar a los damnificados por el terremoto. El punto solidario de acopio, ubicado en el campus de la Ciudad Universitaria, continúa abierto.

Desde que se dio a conocer la iniciativa, estudiantes, trabajadores, egresados, familias y vecinos del sector han llegado para sumarse con sus aportes, mientras voluntarios se encargan de recibirlos, clasificarlos y empacarlos. Frente a la magnitud de una tragedia que dejó familias que lo perdieron todo, cada contribución puede parecer pequeña, pero al juntarse con muchas otras y con las manos dispuestas a ayudar, empieza a convertirse en una respuesta colectiva.

Entre quienes respondieron a ese llamado estaban Marta Quijano y Blanca de Quijano. En medio de un sol abrazador y poco más de 48 horas después del terremoto que cambió la vida de miles de colombianos, llegaron hasta la Capilla Cristo Maestro con la intención de aportar lo que estuviera a su alcance para las familias afectadas.

Para ellas, la solidaridad no está en cuánto se puede entregar, sino en la voluntad de hacerlo. Cada aporte, sin importar su tamaño, representa una manera de acompañar a quienes hoy necesitan de otros para sobrellevar la tragedia y, como decía una de ellas, demuestra que la unidad del país puede hacerse más fuerte en momentos como este.

Esa misma voluntad comenzó a multiplicarse dentro de la Universidad. Aunque el movimiento ocurrió lejos de Bogotá, sus consecuencias se sintieron rápidamente en la UNAL y, en cuestión de horas, la comunidad universitaria empezó a buscar cómo acompañar a quienes enfrentaban el desastre.

La idea tomó forma rápidamente. Mientras en distintos lugares del país comenzaban las labores para atender la emergencia, en la Sede Bogotá la movilización tampoco se detuvo.

Las donaciones comenzaron a llegar una detrás de otra y, antes de ser empacadas, pasaron por las manos de quienes se encargaban de recibirlas, revisarlas y organizarlas. A los aportes se sumaron estudiantes, voluntarios, trabajadores y otros integrantes de la comunidad universitaria dispuestos a colaborar.

Una de las personas que ha acompañado ese movimiento desde el comienzo es Gloria Chávez Arévalo, auxiliar administrativa de la Capellanía. Cuenta que desde que se hizo el llamado comenzaron a llegar las ayudas y, con ellas, las preguntas de quienes querían sumarse. ¿Qué llevar? ¿Cuándo acercarse? ¿Cómo colaborar?

La respuesta, dice Gloria, ha sido mucho mayor de lo que esperaban. “Ha sido una maravilla. La solidaridad de la comunidad universitaria ha sido increíble. Desde el mismo momento en que publicaron el post hemos recibido muchísimo mercado, muchísimas ayudas y muchísimos voluntarios. Todo el mundo quiere estar aquí colaborando”.

Ese flujo de ayudas continúa. Desde las ocho de la mañana y hasta las cinco de la tarde, la Capilla Cristo Maestro mantiene abiertas sus puertas para recibir a quienes quieran sumarse. Por ahora, la jornada continuará durante esta semana y la próxima, mientras la Universidad sigue de cerca la evolución de la emergencia.

Más que alcanzar una cifra determinada, la expectativa es que continúen llegando donaciones y personas dispuestas a colaborar. Como se ha visto desde el primer día, cada aporte puede convertirse en parte de una respuesta colectiva.

Ese espíritu también lo reconoce Juan Ignacio Rincón, asesor de la Vicerrectoría de la Sede Bogotá. “Toda la comunidad universitaria de alguna manera se está moviendo. Todos sensibilizados y preocupados por lo que está ocurriendo con nuestros conciudadanos”.

Esa posibilidad de ponerse en el lugar del otro es, para ellos, otra forma de entender la solidaridad. Por eso, en la Capilla Cristo Maestro no solamente se han recibido donaciones. También han aparecido manos dispuestas a trabajar.

Cuando ayudar se convierte en un acto colectivo

Mientras las cajas se acumulan y los voluntarios las organizan, la jornada exige mucho más que recibir las donaciones. Hay que cargar, clasificar, empacar y permanecer durante horas preparando cada producto para su envío. Sin embargo, para Gloria, el cansancio pasa a un segundo plano;  “es un trabajo que se hace más con el corazón que con cualquier otra cosa”.

En la Capilla Cristo Maestro también se han encontrado personas con distintas historias y creencias alrededor de un propósito común. Según la auxiliar de la Capellanía, esa disposición para trabajar junto a otros muestra la capacidad de la comunidad universitaria de responder cuando otros colombianos necesitan apoyo.

Por su parte, Juan Ignacio Rincón destaca que la movilización comenzó en muy poco tiempo. A pesar de que la convocatoria se hizo en medio de la emergencia, estudiantes, egresados, trabajadores y familias empezaron a llegar al punto de acopio con donaciones o dispuestos a colaborar en su organización.

El siguiente paso será hacer que esas ayudas lleguen a su destino. La Universidad prevé realizar envíos periódicos, mediante empresas con capacidad logística, hacia las zonas afectadas del occidente del país, el Pacífico y el Eje Cafetero. Así, lo que comienza con una donación en Bogotá continuará su recorrido hasta las comunidades que hoy la necesitan.

Al final de la jornada, las cajas pueden parecer muchas, pero la dimensión de la emergencia pone esos aportes en perspectiva. “Se ve mucho mercado, se ve demasiado, pero frente a la necesidad esto es un granito de arena”, reconoce Gloria.

Un granito de arena que, sumado a muchos otros, empieza a convertirse en ayuda concreta para las familias afectadas por el terremoto.

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