La salud mental después del desastre también depende de vivienda, alimentación y redes de apoyo

Retomar horarios para comer y dormir, tomar los medicamentos, mantener contacto con personas cercanas, limitar la exposición repetida a imágenes de la tragedia y resolver necesidades tan concretas como dónde vivir son factores que forman parte de la recuperación emocional después de un desastre. Acompañar también puede significar preparar alimentos, cuidar a los niños o ayudar a localizar a un familiar.

Más de una semana después del sismo de magnitud 7,4 que afectó al país, el profesor Daniel Espinosa, del Departamento de Psicología de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), explica que la atención en salud mental no se puede limitar a tratar los síntomas psicológicos, sino que recuperar la seguridad también depende de contar con alimentación, refugio, atención médica, información confiable, vínculos y redes comunitarias.

Agencia UNAL (AU): una semana después de lo ocurrido, ¿qué reacciones emocionales pueden persistir y cuándo deberían generar preocupación?

Daniel Espinosa (DE): una reacción frecuente es permanecer en estado de alerta y que las réplicas reactiven el miedo. Sin embargo, estas reacciones no significan necesariamente que exista un trastorno mental. Durante los primeros días o semanas pueden ser respuestas comprensibles frente a una situación extraordinaria, y muchas personas recuperan progresivamente su funcionamiento con seguridad, apoyo, información y tiempo.

Una parte de la población sí puede presentar dificultades más intensas o persistentes, como depresión, crisis de pánico, consumo problemático de alcohol u otras sustancias, y síntomas postraumáticos. Pero no debemos asumir que toda persona afectada quedará “traumatizada”, pues eso sería desconocer la capacidad de recuperación de las personas y las comunidades.

AU: ¿cómo reconocer si ese malestar está interfiriendo con la vida cotidiana?

DE: en las relaciones, algunas personas se aíslan, discuten con mayor facilidad o se vuelven muy protectoras con sus familiares. En los niños, el malestar no siempre se expresa con palabras, puede aparecer como miedo a separarse de sus cuidadores, irritabilidad, dificultades para dormir, síntomas físicos, regresiones o repetición del acontecimiento mediante el juego.

Para determinar si una reacción necesita atención profesional no basta con contar los síntomas, sino que además se debe considerar su intensidad, cuánto tiempo lleva, si está mejorando o empeorando, y especialmente cuánto interfiere con la posibilidad de dormir, cuidarse, relacionarse, estudiar o trabajar.

AU: después de una semana, ¿qué significa empezar a procesar lo ocurrido?

DE: procesar un desastre no significa olvidar lo ocurrido, dejar de sentir rápidamente o encontrarle de inmediato un sentido positivo. Significa integrar gradualmente la experiencia, recuperar seguridad, reconstruir vínculos y restablecer cierta capacidad para decidir sobre la propia vida.

Para ello es fundamental atender las necesidades concretas. No es posible pedirle tranquilidad a una persona que no sabe dónde va a dormir, que perdió sus medicamentos, está buscando a un familiar o no tiene información sobre el estado de su vivienda. La seguridad emocional depende también de contar con refugio, alimentación, atención médica e información confiable.

También ayuda restablecer pequeñas rutinas como comer, descansar, tomar los medicamentos, mantener contacto con personas significativas y realizar tareas sencillas y posibles. Se trata de recuperar gradualmente una sensación de continuidad.

AU: ¿acompañar significa necesariamente hablar de lo ocurrido?

DE: no, aunque el apoyo social es fundamental, acompañar no significa solo hablar de emociones, también es ayudar a conseguir medicamentos, cuidar a los niños, preparar alimentos, realizar un trámite o contactar a un familiar.

Tampoco se debe obligar a las personas a contar detalladamente lo ocurrido. Algunas necesitan hablar y otras requieren silencio o tiempo. La escucha debe respetar ese ritmo. La recuperación también es comunitaria: las redes vecinales, las organizaciones locales, las prácticas culturales y espirituales y las acciones solidarias pueden ayudar a reconstruir el tejido social afectado.

AU: ¿cómo puede afectar emocionalmente lo ocurrido a quienes sintieron el sismo sin vivir directamente la tragedia o siguen expuestos a ella a través de noticias y redes sociales?

DE: también pueden experimentar miedo, tristeza, impotencia, preocupación persistente o dificultades para dormir, especialmente si tienen familiares o amigos en riesgo, reconocen los lugares destruidos, vivieron previamente una experiencia similar o permanecen expuestos repetidamente a imágenes dolorosas.

Por eso recomiendo informarse, pero no permanecer conectado permanentemente. Es preferible consultar fuentes confiables en horarios determinados, evitar la reproducción repetida de imágenes explícitas y no exponerse a ese contenido justo antes de dormir. Se debe ser especialmente cuidadoso con los niños y las personas mayores.

La información puede ser útil para protegerse y organizar la solidaridad. El problema aparece cuando deja de aportar algo nuevo y se convierte en una exposición repetitiva que incrementa la angustia.

AU: ¿cómo brindar una primera ayuda sin invadir ni minimizar lo que siente la persona?

DE: me parece muy útil la propuesta de la Organización Mundial de la Salud: observar, escuchar y conectar. Observar significa verificar si la persona está segura y tiene necesidades urgentes; escuchar implica preguntar qué necesita, permitirle hablar si desea hacerlo y evitar juzgarla o presionarla; y conectar consiste en ayudarla a encontrar información, familiares, atención médica, protección, servicios institucionales y redes comunitarias.

Podemos decir “estoy aquí para acompañarte” o “¿qué necesitas en este momento?”. En cambio, conviene evitar expresiones como “tienes que ser fuerte”, “ya pasó” o “por lo menos estás vivo”, pues aunque suelen decirse con buena intención, pueden minimizar el sufrimiento.

Es recomendable buscar atención profesional si las dificultades persisten, empeoran o impiden dormir, cuidarse, estudiar, trabajar o atender a los hijos. Se necesita ayuda urgente cuando existen ideas suicidas, riesgo de hacerle daño a otra persona, pérdida del contacto con la realidad, desorientación grave, violencia o incapacidad para garantizar la propia seguridad.

AU: ¿por qué la recuperación emocional no se puede separar de las condiciones en las que están viviendo las personas afectadas?

DE: la atención en salud mental permite identificar necesidades, fortalecer recursos y evitar que algunas dificultades se agraven, pero no se puede limitar a ofrecer consultas psicológicas. Los efectos del desastre siguen cuando una familia pierde su vivienda, sus ingresos, su comunidad o el acceso a la educación y a los servicios de salud.

No podemos pedirle a alguien que “maneje su ansiedad” sin reconocer que puede estar preocupado por cómo alimentarse, dónde vivir o cómo retomar su trabajo. Por eso prefiero hablar de una respuesta psicosocial integral. Atender la salud mental también significa garantizar información confiable, vivienda, alimentación, continuidad de los tratamientos médicos, protección, participación comunitaria y posibilidades reales de reconstruir la vida.

AU: ¿por qué esa recuperación puede ser más difícil para algunas personas y comunidades?

DE: los desastres no afectan a todas las personas de la misma manera. Las consecuencias suelen ser mayores para quienes ya enfrentaban pobreza, discriminación, aislamiento territorial, discapacidad, enfermedades crónicas o dificultades de acceso a los servicios.

También requieren especial atención los niños, las personas mayores, las comunidades rurales, indígenas y afrodescendientes, las personas desplazadas y quienes perdieron su vivienda o sus medios de subsistencia.

Un enfoque de equidad no consiste únicamente en llamar “vulnerables” a estos grupos. Significa reconocer sus barreras concretas, escuchar sus prioridades, llevar los servicios a los territorios, trabajar con organizaciones locales y distribuir los recursos según las necesidades.

Aunque no todas las personas necesitarán psicoterapia, todas necesitan condiciones dignas para recuperarse.

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