En menos de dos meses, fuertes terremotos han sacudido Venezuela, Colombia, Indonesia y ahora Perú, mientras en Granada (España) cientos de pequeños sismos mantienen en alerta a la población. La sucesión puede dar la impresión de que el planeta atraviesa un periodo sísmico excepcional o, incluso, un gran “enjambre” de terremotos. Sin embargo, estos eventos no están conectados entre sí y, hasta ahora, tampoco existe evidencia de un aumento anormal de la sismicidad mundial.
Este jueves 20 de agosto, el Instituto Geofísico del Perú (IGP) reportó un sismo de magnitud 7,2 en Ayacucho, con epicentro 35 km al norte de Coracora y una profundidad de 108 km. El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) hizo una estimación diferente: magnitud 6,7 y 66 km de profundidad. Estas diferencias pueden presentarse entre redes sismológicas mientras se procesan y revisan los primeros datos de un evento.
El nuevo terremoto se suma a una secuencia de acontecimientos que han tenido gran exposición informativa. El 24 de junio Venezuela fue sacudida por dos terremotos de magnitudes 7,2 y 7,5 ocurridos con menos de un minuto de diferencia; el 10 de agosto Colombia registró uno de magnitud 7,4 en San José del Palmar (Chocó), y el 15 de agosto Indonesia fue golpeada por un terremoto de magnitud 7,7.
A estos se suma Granada, en el sur de España, donde desde el 15 de agosto se registra una intensa serie sísmica que ya suma cientos de eventos, después de un terremoto cercano a magnitud 5.
¿Se trata entonces de un enjambre sísmico de alcance mundial? La respuesta es no.
Un enjambre no empieza necesariamente con un gran terremoto
El profesor Germán Andrés Prieto Gómez, sismólogo de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), explica que para entender lo que está ocurriendo primero es necesario diferenciar las distintas formas en que se presenta la actividad sísmica.
“Existe una sismicidad de fondo, formada por terremotos que ocurren continuamente como consecuencia de la dinámica normal del planeta. Otra situación se presenta cuando ocurre un terremoto principal y después aparecen movimientos de menor magnitud en la misma falla o en fallas cercanas, son las llamadas réplicas, cuyo número generalmente disminuye con el paso del tiempo”.
Un enjambre se comporta distinto. “Los enjambres son secuencias de eventos donde no hay un sismo principal. Hay muchos terremotos, muchísimos, en una zona muy pequeña o relativamente concentrada”, señala el profesor Prieto.
En estos casos, explica, lo determinante no es tanto la magnitud de los eventos como que no exista un terremoto principal claramente identificable. Pueden registrarse varios movimientos de magnitudes 4, 5 o incluso 6 y la actividad mantenerse durante “días, semanas, meses, dependiendo de la zona”.
En ellos pueden ocurrir numerosos movimientos de magnitudes semejantes sin que uno sobresalga claramente como el terremoto principal. Pueden extenderse durante días, semanas o incluso meses.
Por eso no existe una cifra universal —10, 50 o 100 terremotos, por ejemplo— a partir de la cual automáticamente pueda hablarse de enjambre. Importan más la distribución espacial y temporal de los sismos y la ausencia de un evento principal dominante que un número determinado de movimientos.
“Los enjambres muchas veces están asociados a movimientos de fluidos; en muchos lugares se encuentran asociados a magma y zonas volcánicas. Es donde principalmente se encuentra la mayoría de enjambres que hay”, señala.
Existe además otro fenómeno distinto conocido como los nidos sísmicos, regiones donde se registra actividad de manera persistente durante largos periodos. Colombia posee uno de los más conocidos del mundo, el nido sísmico de Bucaramanga, uno de los más conocidos del mundo, ubicado bajo el municipio de Los Santos (Santander).
Según el Servicio Geológico Colombiano (SGC), allí ocurre entre el 40 y el 50 % de la actividad sísmica del país, con eventos concentrados alrededor de los 150 km de profundidad. A diferencia de los enjambres, que pueden durar días, semanas o meses, en este nido la actividad es prácticamente continua y sus mecanismos de generación todavía no se comprenden por completo.
Colombia vive réplicas, no un enjambre
El terremoto de magnitud 7,4 que ocurrió el 10 de agosto a las 7:34 a. m. en San José del Palmar (Chocó) ofrece un ejemplo claro de la diferencia.
Aquí existe un terremoto principal perfectamente identificable, el SGC informó que tuvo una profundidad cercana a los 103 km y que fue el sismo de mayor magnitud registrado instrumentalmente en Colombia durante el siglo XXI.
Hasta las 7:00 a. m. del 17 de agosto el SGC había registrado 325, de las cuales 21 superaron magnitud 3 y dos fueron superiores a magnitud 4.
Que sigan ocurriendo tampoco resulta extraño. El SGC advierte que después de un terremoto las réplicas pueden prolongarse durante días, semanas e incluso meses mientras se reajusta la zona donde ocurrió la ruptura.
El profesor Prieto destaca que, hasta ahora, las réplicas colombianas han sido considerablemente menores que el terremoto principal, una situación distinta a la registrada en otras regiones.
Por ejemplo, en Indonesia, el terremoto de magnitud 7,7 ocurrido el 15 de agosto fue seguido por centenares de réplicas, algunas fuertes: dos días después del evento se acercaban al millar, según reportes de las autoridades, y entre los primeros movimientos posteriores se registró uno de magnitud 6,1.
Granada sí tiembla, aunque sus habitantes lo perciban como algo extraordinario. Esta situación también ayuda a desmontar otra idea extendida de que España sería un territorio prácticamente ajeno a los terremotos.
El sur de la península ibérica se encuentra influenciado por la interacción entre las placas africana y euroasiática, y las cordilleras Béticas concentran diferentes fallas activas. Por eso Granada forma parte de una de las regiones con mayor actividad sísmica de España.
Lo excepcional para sus habitantes es experimentar en pocos días numerosos terremotos sentidos.
Desde el sismo cercano a magnitud 5 registrado el 15 de agosto, se han contabilizado cientos de movimientos en la provincia, muchos pequeños y superficiales.
“Es cierto que en Granada la actividad sísmica es menos común de lo que puede ser en otras partes como Colombia, pero no es que no haya sismicidad en España”, precisa el profesor Prieto.
Y agrega que un terremoto de magnitud 5, pese a llamar la atención cuando ocurre en una ciudad europea, tampoco representa un fenómeno excepcional a escala planetaria.
Venezuela, Colombia e Indonesia no están empujándose unos a otros
La cercanía temporal de los terremotos puede llevar a formular otra pregunta inevitable: ¿el terremoto de Venezuela pudo favorecer el de Colombia, y este a su vez el de Perú?
Según el conocimiento disponible, no hay evidencia que permita establecer esa cadena de causalidad. En Venezuela interviene principalmente la interacción entre las placas del Caribe y Sudamericana; en el terremoto colombiano están involucradas las placas de Nazca y Sudamericana, mientras Indonesia responde a un sistema tectónico completamente diferente.
“Muchos de esos terremotos están en situaciones tectónicas completamente distintas”, señala el profesor Prieto.
Las ondas producidas por un gran terremoto sí pueden atravesar todo el planeta y ser registradas por instrumentos a miles de kilómetros. Existen incluso casos documentados en los que el paso de estas ondas modifica temporalmente algunos sistemas especialmente sensibles —como ciertas áreas volcánicas o manifestaciones asociadas con fluidos—, pero eso no significa que los grandes terremotos estén habitualmente desencadenando otros grandes terremotos en continentes diferentes.
Quizás el dato que mejor ayuda a dimensionar la sensación actual está en las estadísticas mundiales. Según el profesor Prieto, cuando se revisan varias décadas de registros sísmicos se observa que en el planeta ocurren, en promedio, entre 15 y 20 terremotos de magnitud 7 cada año y alrededor de 150 a 200 de magnitud 6.
Algunos años registran más y otros menos; “este año no es un año particularmente con mayor actividad”, enfatiza el sismólogo.
Lo particular es que varios terremotos recientes han afectado regiones cercanas para los colombianos o han tenido importantes consecuencias humanas y, por eso, han alcanzado una enorme visibilidad informativa.
También sabemos mucho más rápido que la Tierra se movió. Hace medio siglo, un terremoto moderado ocurrido a miles de kilómetros podía tardar horas o días en llegar a los periódicos colombianos, si acaso llegaba. Hoy una aplicación puede enviar la alerta segundos después del movimiento y los videos empiezan a circular casi inmediatamente. Esta transformación también modifica nuestra percepción del fenómeno.
El profesor Prieto pone como ejemplo la propia actividad colombiana, pues en el país, terremotos de magnitud 2 y 3 ocurren prácticamente todos los días y forman parte de la sismicidad normal del país, pero cuando alguno es sentido y se convierte en tendencia en redes sociales puede alimentar la impresión de que “volvió a temblar” de manera excepcional.
De igual manera, Colombia está situada en una región tectónicamente compleja donde interactúan las placas Nazca, Caribe y Sudamericana, por lo que la actividad sísmica permanente no constituye una anomalía.
Lo que ocurrió no permite saber qué terremoto vendrá después
La coincidencia de estos eventos tampoco ofrece una herramienta para anticipar el siguiente.
La ciencia puede establecer dónde existen fallas activas, estudiar cómo se acumula la deformación de la corteza, calcular probabilidades de ocurrencia a largo plazo, elaborar mapas de amenaza y caracterizar cómo suelen evolucionar las réplicas.
Lo que todavía no puede hacer es indicar con certeza el lugar, la fecha y la magnitud del próximo terremoto.
“Todavía no hemos descubierto una forma de hacer algún tipo de predicción o anticipar que haya un aumento en la actividad”, afirma el profesor Prieto.
Ni siquiera después de un terremoto fuerte es posible asegurar que el siguiente movimiento será más pequeño o descartar completamente otro mayor.
Por eso, aunque los terremotos de Venezuela, Colombia, Indonesia, Granada y Perú hayan quedado reunidos en pocas semanas en las pantallas de celulares y noticieros, su coincidencia temporal no constituye una señal de que se esté activando una cadena mundial de terremotos.