Músico de la UNAL se llevó todos los premios del primer Concurso Internacional de Dirección de WASBE

El director colombiano Germán David Hernández Tovar se llevó los tres galardones en juego —el del jurado, el del público y el de la orquesta— en el I Concurso Internacional de Dirección de la Asociación Mundial de Bandas y Ensambles (WASBE por sus siglas en inglés), celebrado en Río de Janeiro (Brasil).

Germán es egresado del programa de música con énfasis en dirección de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), dirigió en la final a la Banda Sinfónica de Mannheim (Alemania) en la obra Zamora 1143, del compositor portugués Nelson Jesus. Compitiendo contra 49 aspirantes de 21 países, en donde solo tres llegaron a la final, junto a la alemana Antonia Dehmer y el estadounidense Michael Gabriel. El jurado, de siete directores, incluyó a la colombiana Patricia Vanegas.

Nacido en Viterbo (Caldas), el director Hernández creció rodeado de música. Su padre dirigía la banda del pueblo y a los cinco años ya tocaba percusión con ella. En 1999, siendo apenas un niño, la banda de Viterbo ganó un concurso nacional en La Vega, Cundinamarca, un triunfo que aún se recuerda en el pueblo. Ese título le abrió a su padre una oportunidad laboral en Tocancipá, adonde se trasladó la familia en 2000. Ahí el clarinete se volvió su instrumento principal hasta hoy. «El arte siempre estuvo, desde muy pequeño, en el centro de la familia», cuenta.

La primera vez que visitó el campus de la UNAL en Bogotá quedó maravillado: «fue como un amor a primera vista con la universidad», recuerda. Ingresó al programa básico del conservatorio en 2010, pero en 2013, al enterarse de que sería padre por primera vez, dejó la carrera para estudiar en la Universidad de Cundinamarca, sede Zipaquirá: «no quería dejar la música, pero al mismo tiempo sentía la responsabilidad de buscar, de forma inmediata, una estabilidad económica distinta», recuerda sobre esa época.

Así recuerda su “amor a primera vista” con la UNAL:

Allí, en clases de piano complementario con el profesor José David Acosta —egresado del conservatorio de la UNAL—, descubrió su interés por la dirección de orquesta y encontró el impulso para regresar. Volvió en 2016, ya como estudiante oficial de la carrera, bajo la tutela del maestro Libardo Saavedra.

En 2017, cuando se enteró que nuevamente iba a ser padre, sufrió un accidente automovilístico en la vía Bogotá–Tocancipá en el que falleció su amigo el trombonista Jorge Ibáñez, de la Banda de la Fuerza Aérea.

El egresado sufrió múltiples fracturas en el fémur izquierdo y pasó por diez cirugías. «Fue un proceso bastante traumático. A día de hoy todavía sufro una osteomielitis crónica en la pierna izquierda», relata. Tuvo que desplazarse en silla de ruedas y estuvo dos semestres fuera de la universidad, hasta terminar la carrera en 2022.

De Colombia para el mundo

Con una tercera hija en camino, decidió viajar a Austria para intentar entrar a una maestría en dirección de orquesta. Llegó a Viena en septiembre de 2023, se presentó tres veces a la Universidad de Música de Viena y dos al Mozarteum de Salzburgo, y en todas fue rechazado por su nivel de piano, un instrumento que aprendió tarde.

“No es que yo sea un tipo de genio, ni que tenga habilidades particularmente extrañas. Estas cosas han sido fruto del esfuerzo, y también de esos fracasos”, dice. Terminó cursando una maestría en dirección de banda en el Mozarteum, la que está por finalizar.

Mes y medio antes de viajar a Río, presentó un nuevo examen de admisión a la maestría en dirección de orquesta del Mozarteum, esta vez con el recién nombrado catedrático Christian Thielemann, considerado el principal director alemán en actividad. Había dos cupos disponibles. «Al final, solo quiso recibirme a mí, lo cual también me pareció algo bastante especial», relata con orgullo y felicidad.

Germán deja una reflexión sobre lo importante de aprender a levantarse de las caídas de la vida:

Llegó a Río de Janeiro para concursar en el I Concurso Internacional de Dirección de la WASBE casi sin salir del hotel: «salía literalmente solo cuando ya el hambre era mucha», recuerda.

El certamen tuvo cuatro rondas: una primera con un ensamble de la Universidad de Michigan, una segunda con la Banda de la Marina de Brasil, y las dos finales —35 minutos de ensayo y un concierto— con la Banda de Mannheim. Al llegar a la final ya se sentía ganador: «de aquí en adelante todo es ganancia», pensó entonces.

Durante el concierto final, el público y los músicos de Mannheim votaron por su director favorito con un código QR, mientras el jurado deliberaba por su cuenta. Para sorpresa suya, se llevó los tres reconocimientos. «Ha sido un motivo de mucha alegría para mí y para mi familia, y de alguna manera también para todos los que se sienten representados a través de mí», dice.

Así relata lo que sintió al ganar:

Sobre su relación con la Nacional, es enfático: «Siempre me siento muy orgulloso de decir que es mi alma mater. Es la universidad que me dio las herramientas fundamentales para poder estar logrando esto que estoy logrando en este momento».

Ese mismo espíritu es el que quiere devolver ahora: «espero que también sirva de motivación para las personas que quieren continuar con el camino de la música, y de pronto con el camino de la dirección», dice sobre su triunfo en Río.

El director Hernández estará en Colombia hasta principios de septiembre y el próximo 26 de agosto dirigirá a la Banda Sinfónica Nacional en un concierto en Tunja. Luego regresará a Austria a terminar su maestría en dirección de banda y a comenzar la de dirección de orquesta con Thielemann.

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