Adolfo Meisel Roca

Con un Gini que fluctúa alrededor de 0.55, Colombia es uno de los países con la distribución del ingreso más inequitativo del mundo. La mayor fuente de esa desigualdad es el capital humano entre los colombianos. ¿Por qué esas brechas en capital humano? No se debe a diferencias en el talento sino a que no hay igualdad de oportunidades en el acceso a la educación de calidad. 

Alguna vez le escuché a un experto internacional en educación darle el siguiente consejo a un recién nombrado ministro de educación: que se debía poner solo tres objetivos en su gestión y que si lograba uno se debería sentir satisfecho. Por eso mi recomendación para los retos que debe enfrentar en educación superior el próximo gobierno es solo una y ni siquiera se refiere a la educación superior directamente. Me refiero a la necesidad de reducir las enormes brechas en las oportunidades de acceso a la educación de calidad que hay en Colombia en al menos tres dimensiones: diferencias territoriales, diferencias por género y diferencias por grupos étnicos. Esas desigualdades se evidencian, por ejemplo, en las pruebas Saber 11 (SB11). En el 2024, la periferia (Caribe, Pacífico sin Valle del Cauca, Orinoquía y Amazonía) obtuvo un puntaje que fue 12% menor que el del centro del país. Otra brecha grande es la rural-urbana: en el Caribe y el Pacífico la zona rural puntuó 12% por debajo del promedio urbano. Las mujeres también sacaron un resultado inferior a los hombres. En la región andina, por ejemplo, esa diferencia fue del 4%. Además, a nivel nacional las personas que se autoclasificaron como afros o indígenas puntuaron 12% por debajo del promedio nacional.  Es decir, las brechas son grandes y están bien documentadas. 

¿Qué debe hacer un próximo MEN? Hay evidencia de que los programas de alimentación escolar mejoran el rendimiento de los niños pues con hambre aprenden menos; asimismo, las regiones periféricas tienen maestros con menores porcentajes de posgrados y la calidad de la infraestructura escolar es deficiente; muchos más niños de la periferia están en colegios de doble jornada así que el número de horas que estudian es menor y su permanencia en la escuela para actividades como el deporte se reduce o elimina. También hay que trabajar en las bibliotecas escolares, puesto que en las escuelas públicas de la periferia colombiana son inexistentes. Todo esto redundará en una mejoría de los estudiantes al graduarse del bachillerato. Esto permitirá que lleguen mejor preparados a las universidades y por lo tanto la calidad de la educación universitaria también mejorará con el tiempo. Lo importante es que se acometan estas acciones y se mantengan a través del tiempo.

Facebook
Threads
LinkedIn
X
WhatsApp