VOCES DE LA EDUCACIÓN SUPERIOR EN COLOMBIA

José Consuegra Bolívar

Rector de la Universidad Simón Bolívar

Una reflexión sobre los recursos de ciencia, tecnología e innovación

En la era del conocimiento, la tecnología y la innovación son los medios más determinantes y de mayor impacto para promover la productividad de empresas públicas y privadas, el crecimiento económico, los servicios públicos, la sostenibilidad de las microempresas y la capacidad de emprendimiento al crear espacios pródigos para nuevas ideas y oportunidades económicas; todos estos impulsan el desarrollo integral de la sociedad.


Su impacto en la productividad se da a través de oportunidades como el fomento del acceso, con mayor velocidad, a la información; a la innovación en productos y servicios que permiten la apertura a nuevos mercados y generan ventajas competitivas y mayor valor agregado; a la consolidación de la capacidad humana en el proceso productivo, a través de la inteligencia artificial, la analítica de datos administrativos, operativos y comerciales, entre otros.


Por ello, hoy, reconocemos con claridad que las más importantes fuentes de riqueza no son únicamente los recursos naturales, la extensión del territorio o el tamaño poblacional, sino que se suman a ellas, la capacidad de generar, aplicar y transformar conocimiento mediante la tecnología y la innovación. Ante esto, es necesario que nuestro país pase de basar su economía y productividad en explotación y exportación de materias primas a producir tecnología, desarrollar ciencias y promover comunidades científicas. Además, los recursos naturales son limitados en reservas y tiempo de explotación por lo que, si no construimos unas capacidades de desarrollo tecnológico e innovación, no seremos competitivos en el futuro inmediato.


El retorno social de lo que se invierte en ciencia, tecnología e innovación es indudable; muestra de ello, son los alcances de países como Corea del sur, Singapur y Taiwán, que hace 70 años tenían indicadores de desarrollo económico y social iguales o inferiores a los de nuestro país y hoy nos superan ostensiblemente en dichos indicadores.


Es vital que Colombia consolide su política pública de ciencia y tecnología, asigne mayores recursos económicos y privilegie oportunidades y espacios de desarrollo que funjan como nidos para promover comunidades científicas.


La pobre inversión que la Nación destina para ciencia, tecnología e innovación, de aproximadamente entre el 0,21 % y el 0,31 % de su PIB (el promedio OCDE está entre el 2,7 % y 2,9 %), debe aumentarse para encauzar a Colombia hacia el liderazgo en América Latina, estimulando el crecimiento de comunidades científicas, impulsando el talento humano y robusteciendo nuestras capacidades en el área.


Fruto de un trabajo paulatino, esforzado e, incluso, atrevido y audaz de la comunidad científica, representada por las universidades, los centros educativos tecnológicos, los institutos de investigación y los científicos e investigadores que entendieron y se comprometieron en ser agentes y actores del desarrollo científico de nuestro país, hemos logrado avanzar, aunque a paso lento, especialmente por los pocos recursos que el Gobierno Nacional, los entes territoriales y el empresariado le dedican al desarrollo y consolidación del sector.
También —igualmente, despacio—, hemos avanzado en la comprensión de que esta tríada clave no se promueve únicamente desde los grandes centros urbanos, sino que, para lograr transformación social, se requiere, irrefutablemente, de las capacidades, las vocaciones y la mirada heterogénea de cada territorio.


Sin duda alguna —aún con sus debilidades—, la creación del Sistema General de Regalías (SGR) y la destinación de recursos específicos para ciencia, tecnología e innovación fueron decisiones sustanciales para el fortalecimiento de estas áreas, en la búsqueda de que el producto de la explotación de recursos naturales se tradujera en capacidades permanentes para generar conocimiento, competitividad y bienestar general en la sociedad.


Por ello, el SGR-CTeI es uno de los instrumentos más importantes para promover, consolidar y democratizar el acceso a los recursos destinados a investigación, desarrollo tecnológico e innovación. Gracias a su implementación, las regiones tienen mayor protagonismo en la definición de sus prioridades científicas y tecnológicas, las convocatorias competitivas promueven mayores estándares de calidad, pertinencia y articulación entre actores científicos, al igual que ha contribuido a fortalecer una visión donde el conocimiento es visto como motor del desarrollo territorial.


En un contexto global marcado por una acelerada transformación tecnológica, la adaptación al cambio climático y la creciente competencia por el conocimiento, Colombia necesita fortalecer su capacidad de generar ciencia e innovación desde los territorios. Esto no se construye de manera espontánea, es el resultado de procesos sostenidos de formación, investigación, cooperación y confianza institucional que toman años, e incluso décadas, en consolidarse.


En este sentido, el Sistema General de Regalías en Ciencia, Tecnología e Innovación debe evolucionar hacia una nueva etapa en que su éxito no radique únicamente en la asignación o ejecución de recursos o el número de proyectos financiados o cumplimiento administrativo, sino en la capacidad de generar transformaciones reales, sostenibles y medibles en los territorios.


Dentro de esta reflexión se debe tener en cuenta que las tensiones actuales obedecen, entre otros factores, a los tiempos extensos entre formulación, evaluación, aprobación y ejecución, pues implican la pérdida de oportunidad frente a desafíos que requieren respuestas rápidas. Igualmente, a los cambios frecuentes en reglas y procedimientos, así como a las dificultades administrativas que afectan la continuidad científica. En palabras claras: están en juego las oportunidades de formación doctoral, los procesos de investigación aplicada, las redes de colaboración científica, el fortalecimiento de laboratorios, innovación empresarial y soluciones para las necesidades regionales y nacionales, entre otros aspectos.


Un reto clave para el país es pasar de la financiación de proyectos de investigación a la consolidación de ecosistemas regionales de conocimiento, innovación y desarrollo, en los que las universidades, el Estado, las empresas y las comunidades trabajen alrededor de grandes desafíos nacionales y regionales. Las universidades colombianas estamos dispuestas a seguir contribuyendo a este propósito, con la convicción profunda de que la inversión en ciencia no es un gasto, es una de las decisiones más inteligentes que puede tomar una sociedad que aspira a construir prosperidad sostenible.


Como generadoras de conocimiento, formadoras del talento humano, las universidades no nos limitamos exclusivamente al rol de ejecutoras de proyectos; actuamos como articuladoras entre los actores, creadoras de capacidades científicas permanentes y plataformas de innovación territorial, permitiendo que una inversión temporal fructifique en capacidades permanentes.


La evolución del sistema tendría que dirigirse hacia indicadores que reflejen las capacidades científicas instaladas, las tecnologías desarrolladas y transferidas, las empresas fortalecidas, las soluciones implementadas en comunidades, la incidencia en políticas públicas, la generación de empleo basado en conocimiento, el mejoramiento de condiciones sociales y ambientales.


No basta con financiar ciencia; es preciso garantizar que la ciencia financiada logre, efectivamente, la transformación de realidades, por lo que también resulta importante mejorar la oportunidad, la eficiencia y la continuidad del sistema.


En este contexto, el Órgano Colegiado de Administración y Decisión (OCAD) que evalúa, viabiliza, aprueba y prioriza los programas y proyectos a financiarse con recursos del Fondo Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (FCTeI), tiene el desafío de impulsar una gobernanza más estratégica basada en la confianza entre los actores del sector, que tenga unas reglas claras, con el sustento obvio de la transparencia, que contemple una simplificación administrativa y una evaluación técnica y, necesariamente, pueda proyectarse con una visión de largo plazo. La gobernanza debe permitir que el sistema sea riguroso sin perder agilidad.


Una propuesta ajustada a los desafíos estratégicos lleva al enfoque en Inteligencia artificial y transformación digital, salud y medicina de precisión, transición energética, cambio climático, biodiversidad y sostenibilidad, seguridad alimentaria, educación, productividad empresarial, innovación social.


Las regalías óptimas para una región no solamente aquellas que son palpables como inversiones ejecutadas, son las capacidades científicas instaladas que permanecen, evolucionan y continúan transformando vidas mucho después de que los recursos han sido desembolsados.

Referencias:
Congreso de Colombia, 2011, Acto Legislativo 05 de 2011, por el cual se constituye el Sistema General de Regalías y se modifican los artículos 360 y 361 de la Constitución Política.
Congreso de Colombia. (2020), Ley 2056 de 2020, por la cual se regula la organización y el funcionamiento del Sistema General de Regalías.
Periódico El País (edición América), (15 de abril de 2024), ‘La ciencia en Colombia se queda sin dinero: tiene el menor presupuesto en 15 años’.
Asociación Colombiana de Universidades (ASCUN), (2024), ‘Encuentro Nacional Asignación de Ciencia, Tecnología e Innovación del Sistema General de Regalías: experiencias de alto impacto y oportunidades de mejora’.
Departamento Nacional de Planeación, (2025), ‘Potenciar la investigación y el desarrollo regional: la asignación para Ciencia, Tecnología e Innovación del Sistema General de Regalías como herramienta de transformación territorial’.
Periódico Portafolio, (25 de abril de 2026), ‘Baja inversión en ciencia y tecnología aleja a Colombia de la OCDE y limita su capacidad de crecimiento’.

Nota aclaratoria:
Las opiniones expresadas en esta sección son responsabilidad exclusiva de sus autores y no representan necesariamente la posición institucional de ASCUN. Con este espacio, ASCUN promueve un ejercicio abierto, plural y democrático de participación y reflexión, en el que la educación superior colombiana aporta su diversidad de voces al debate público.