VOCES DE LA EDUCACIÓN SUPERIOR EN COLOMBIA

SERGIO IVÁN ROJAS DÍAZ, O.F.M.

Rector General y Rector Seccional Cali – Universidad de San Buenaventura Cali

El compromiso de las Universidades en el Cuidado de la Salud Mental: oportunidades para el Liderazgo, la Fraternidad y la Humanidad.

Incluir la pregunta por ¿cómo estamos atendiendo las necesidades que en torno a la salud mental encontramos en nuestros administrativos, docentes y estudiantes?, es también un oportunidad para las universidades. Si tenemos en cuenta que, según la OMS (2023), una de cada cuatro personas enfrenta algún problema de salud mental a lo largo de su vida y que los jóvenes son uno de los grupos más vulnerables, debemos aceptar que éste es un asunto que no podemos dejar de atender si que queremos cumplir con el propósito de ser entornos seguros, cuidadores y facilitadores de proyectos de vida para la realización personal y la transformación social. 

Nuestro compromiso consiste en contribuir con la formación de profesionales competentes y de muy alto nivel competitivo; sin embargo, también estamos llamados a formar seres humanos plenos, conscientes y en equilibrio, para afrontar los retos de la creatividad, la volatilidad, el crecimiento y las frustraciones. Cuidar la mente y el espíritu de quienes enseñan, aprenden y sirven en la comunidad universitaria es, más que una acción institucional, un acto de humanidad y esperanza; más cuando, en Colombia, el Ministerio de Salud (2024) reportó aumentos en los casos de depresión y ansiedad en población universitaria, así como que la segunda causa de muerte en jóvenes de 18 a 25 años es el suicidio.

De un tiempo para acá vengo reflexionando sobre la pertinencia de la educación para la vida. Ser líder en educación exige estar al día en los retos de la innovación y la pertinencia que, regularmente, dejamos en manos de nuestros docentes, pero – con algo de autocrítica – veo que es urgente que les proveamos de las herramientas para afrontar el liderazgo en el aula, acompañar su salud mental y la integración a su proyecto de vida. Ni qué decir de los administrativos, que deben asegurar la operación, la dotación, la sostenibilidad y el servicio en nuestras universidades, a menudo muy controlados en sus tiempos, espacios y productividades.


Estoy absolutamente convencido de que ante los casos de suicido en medio de nuestras comunidades, la soledad que experimentan algunos de nuestros estudiantes, los altos niveles de estrés que nuestros empleados evidencian en las baterías de riesgos psicosociales y en las cada vez más frecuentes ausentismos por causas asociadas a la ansiedad, depresión y estrés, deben invitarnos a apostar porque  la salud mental no se reduzca a una consulta o plan de cultura laboral; debe asumirse como una misión educativa y, profundamente, espiritual y de reciprocidad para con la entrega que el ser humano hace de sí en la labor educativa. 

Si queremos instituciones sostenibles y humanas, necesitamos aprender a cuidar de quienes cuidan, a quienes forman, a quienes atienden, a quienes sueñan con alcanzar la meta de un proyecto de vida realizado. Para lo cual, les propongo, cuatro oportunidades para la reflexión y la acción:


El cuidado como cultura y servicio
Nuestros ritmos, exigencias y expectativas, en el día a día, son demasiado desgastantes y exigentes. Esto puede desgastar la vida interior e incluso generar patrones de descuido y desatención del cuidado personal. La cultura del rendimiento, de la excelencia y de la competencia muchas veces deja poco espacio para la pausa, el silencio y la autorreflexión. Aquí, las universidades tenemos la oportunidad de ser espacios de cuidado y fraternidad, en donde las personas se sientan reconocidas, por lo que son, más allá de sus logros o resultados.


El agotamiento debe ser atendido a tiempo y con recursos
El agotamiento emocional de docentes, administrativos y estudiantes se ha convertido en un signo evidente. Todos cumplimos, pero a qué precio. El deseo de responder a múltiples exigencias puede llevarnos a olvidar el sentido de lo que hacemos. La fatiga no siempre se nota, pero se siente en la pérdida de entusiasmo, en el silencio interior, en la desconexión con la vocación. Es que no es lo mismo trabajar con muchas tareas pero con la realización de sentirse pleno,  a asumir muchas responsabilidades para no ser descartado. UNESCO (2024) y la OIT (2023) nos recuerdan que el agotamiento, el estrés laboral y el burnout están haciendo presencia en nuestros contextos educativos y  universitarios. 


Reconocer ese cansancio no es debilidad, es lucidez. Y solo desde esa lucidez podemos crear comunidades que cuidan: lugares donde se valoren los tiempos de descanso, los espacios de bienestar, el acompañamiento fraterno y la construcción colectiva de relaciones sanas, que se conviertan en redes de apoyo. 


Liderar también es cuidar
Si no cuidamos a quienes caminan con nosotros, no estamos liderando nada distinto a nuestro ego. Hoy más que nunca necesitamos líderes universitarios que entiendan que gobernar también es cuidar; que la autoridad se mide por la capacidad de escuchar, acompañar y servir. Liderar no es mandar o figurar, también es sostener, inspirar y disponer todo para sanar. Y, para ellos, es indispensable que haya líderes con disposición a realizar y promover prácticas para el cuidado de su comunidad.


El liderazgo con sentido humano, como lo declaramos en las universidades, debe promover ambientes genuinos de confianza, gratitud y la esperanza. Las decisiones administrativas también deben ser decisiones de cuidado, porque detrás de cada política hay personas que sienten, sueñan y esperan. Luego, tomar decisiones, también conlleva un carácter de responsabilidad humana e institucional.


Universidades que quieren seguir apostando por la felicidad del ser humano
En nuestra gestión, hemos aprendido que la salud mental no se garantiza con programas aislados, sino con una visión integral del ser humano. Cuidamos el acompañamiento espiritual y psicológico, los espacios culturales y deportivos, la promoción de ambientes laborales sanos y relaciones fraternas, la formación en el liderazgo, y una promoción de la cultura de la evaluación y la retroalimentación, de los planes de trabajo para mejorar y potenciar nuestro rol y, así, nuestra estabilidad profesional y emocional. Valoramos profundamente que el Observatorio colombiano de Bienestar universitario (2023) resalte que el 72% de los estudiantes consideren que el apoyo psicológico y emocional influye directamente en su permanencia académica y en la satisfacción con la vida universitaria.


Cuidar, en el fondo, es un acto de coherencia: no podemos formar en humanidad si no cuidamos la humanidad de quienes forman, sirven, administran y lideran. Cuando una institución abraza el cuidado como principio, el aprendizaje se vuelve más significativo, la investigación más consciente, la gestión más sostenible, las relaciones más fraternas y la vida universitaria más plena, incluyente e integral.

Cuidar, con fraternidad, es una invitación a la coherencia, en un sector en el que investigamos y promovemos el pensamiento, la reflexión, el cuidado de sí y la postulación de teorías e innovaciones para la mejora de la vida humana, de la salud mental de los seres humanos, de la felicidad de los que integramos la Universitas. 



Fray Sergio Iván Rojas Díaz, O.F.M. 

Rector General y Rector Seccional Cali – Universidad de San Buenaventura Cali

Nota aclaratoria:
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