Como se ha ratificado en las diferentes reuniones de Rectores de ASCUN, un elemento fundamental es reivindicar, fortalecer y proyectar el sistema mixto y diverso de educación superior en el país como requisito esencial para asegurar el cierre de brechas educativas, como aporte efectivo a la revitalización del tejido productivo y social y como fuente para generar una mejor capacidad de adaptación y respuesta a los retos cada vez más desafiantes, diversos e impredecibles.
Tal vez, como lo han venido sosteniendo importantes documentos internacionales, regionales y nacionales de diversas organizaciones y grupos de expertos en cuanto al papel de la educación superior en el desarrollo sostenible de nuestros países, el próximo gobierno deberá trabajar en cuatro pilares estratégicos adicionales:
- Aseguramiento de un régimen económico favorable para la sostenibilidad de una oferta educativa diferenciada, pertinente y de calidad para una población cada vez más diversa. En este propósito, podría ser provechoso, por un lado, no solo fortalecer la financiación a la oferta de las IES de carácter oficial que tanto ha ocupado la agenda legislativa de estos últimos años, sino también facilitar mejores escenarios de financiación a la demanda, por lo que bien valdría la pena recuperar los proyectos de potenciar el ICETEX y revisar las propuestas, por ejemplo, de un sistema de financiación contingente al ingreso. Por otro lado, continuar con la ruta de flexibilizar la regulación normativa ex ante y avanzar hacia modelos que incentiven más la calidad ex post, obviamente sin perjuicio de continuar asegurando los requisitos mínimos que viabilicen una oferta educativa responsable.
- Formación y concentración de capital humano de alto nivel, preferiblemente generando las condiciones de fortalecer la formación de maestrías y doctorados en el país y las condiciones para que permanezcan y sean productivos en articulación con los diferentes sectores sociales que los requieren para diversificar y sofisticar el aparato productivo y contribuir así, con un sistema articulado de innovación, a la competitividad y al bienestar de nuestra ciudadanía.
- Fortalecimiento de la infraestructura de información, no solo para dar cuenta de los indicadores de calidad de la educación superior en el país y para gestionar los diferentes procesos de aseguramiento, sino para poder contar con datos actualizados, fiables y suficientes que faciliten la investigación, proyección y toma de decisiones asertivas y eficaces para dar solución a los problemas que nos aquejan de manera predictiva.
- Aseguramiento de un ambiente institucional favorable para la buena gobernabilidad universitaria, en defensa continua de su autonomía y autodeterminación, en retribución a su aporte al bienestar social y en reconocimiento a la confianza ganada en el ejercicio de su autorregulación en el camino transitado por un sistema de aseguramiento maduro que hoy por hoy nos posiciona a nivel internacional.
Por lo demás, no sobra llamar a los próximos gobernantes a seguir apuntalando el interés por el relacionamiento internacional, la transformación digital, la protección del sector empresarial y el propósito de incentivar el cuidado de la naturaleza, con lo que podremos avanzar en modelos más sostenibles en el concurso de una agenda de quíntuple hélice (Universidad-Empresa-Estado-Sociedad-Naturaleza).