Juan Fernando Montañez

En un país tan diverso y desigual como Colombia, el fortalecimiento de la educación superior debe ser una prioridad estratégica. Desde nuestra experiencia en el Politécnico Grancolombiano, donde más de 53.000 estudiantes se forman desde 955 municipios del país, hemos aprendido que transformar vidas a través de la educación requiere decisiones valientes, políticas inclusivas y una visión de largo plazo.

1. Garantizar acceso con equidad territorial y digital

La educación superior debe llegar a donde están los estudiantes. En la Sierra Nevada de Santa Marta, por ejemplo, creamos un centro informático que permite a jóvenes de la comunidad Arahuaca acceder a formación 100 % virtual. Casos como el de Chelmis Manosalva, primera licenciada en su comunidad, demuestran que cuando se eliminan las barreras geográficas, florecen los talentos. El próximo gobierno debe priorizar la conectividad como un derecho educativo, invirtiendo en infraestructura digital y asegurando que ningún joven quede por fuera por falta de acceso a internet o dispositivos.

2. Fomentar la pertinencia académica y laboral

La educación debe dialogar con el territorio y con el mercado laboral. En el Poli, diseñamos programas que responden a necesidades reales de las regiones. Además, articulamos la formación con el sector productivo a través de convenios, prácticas tempranas y proyectos con empresas. En esta misma línea, el gobierno debe incentivar la creación de programas flexibles, interdisciplinarios y alineados con las tendencias del trabajo del futuro, incluyendo áreas STEM, analítica de datos y sostenibilidad.

3. Reconocer y atender la diversidad estudiantil

Hoy, el 70 % de nuestros estudiantes virtuales son adultos trabajadores, muchos de ellos mujeres cabeza de hogar, personas con discapacidad o en tránsito a la vida civil. La educación superior debe adaptarse a sus ritmos, contextos y trayectorias. Por eso, es necesario que las instituciones desarrollemos modelos pedagógicos diversos y el próximo gobierno debe promover políticas que reconozcan esta diversidad y garanticen condiciones reales de permanencia y éxito académico.

4. Impulsar la innovación educativa

La transformación digital no es una opción, es una necesidad. En el Poli, hemos creado un Laboratorio de Experiencias Inmersivas con simuladores de logística, gerencia bancaria, recorridos ambientales, entre otros, que se convierten en herramientas que preparan a los estudiantes para un mundo laboral cada vez más automatizado. 

5. Fortalecer la articulación interinstitucional y territorial

Construir país desde la educación implica trabajar en red. Hemos graduado a más de 130.000 colombianos, muchos de ellos emprendedores como Gabriel Murcia, quien fundó una planta de tratamiento de agua en Mitú gracias al acompañamiento de nuestro Centro de Emprendimiento. La educación superior debe ser un actor clave en el desarrollo regional y el gobierno debe facilitar alianzas entre universidades, gobiernos locales, empresas y comunidades, promoviendo una gobernanza colaborativa de la educación.

Hoy más que nunca, Colombia necesita una política de educación superior que no solo forme profesionales, sino que transforme vidas y transforme el país.

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