Manuel Esteban Acevedo Jaramillo

Primero, es necesario profundizar, a través de los diferentes instrumentos normativos, en la integración de un amplio sistema de educación posmedia. Este sistema debe permitir tránsitos fluidos, el desarrollo y la profundización de múltiples alternativas para los jóvenes, las personas que ya están trabajando y aquellas que incluso han terminado su vida productiva. El objetivo es que encuentren en la oferta de las instituciones de educación superior la posibilidad de generar itinerarios personalizados de aprendizaje que cierren brechas, desarrollen capacidades y contribuyan al desarrollo del país.

Segundo, se requiere una conversación profunda sobre un sistema de financiación que refleje verdaderamente la existencia de un sistema mixto de educación superior. Por supuesto, deben garantizarse recursos para las instituciones públicas, pero también debe haber posibilidades de financiación para las instituciones no oficiales o directamente para los estudiantes, especialmente aquellos de menores condiciones socioeconómicas que decidan participar en las múltiples ofertas disponibles.

Tercero, se debe desarrollar integralmente la capacidad de financiación de la ciencia que se genera en las instituciones de educación superior. La confluencia entre el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, el sector privado, las universidades, el Ministerio de Educación y otras entidades públicas que también hacen uso del aparato de ciencia, tecnología e innovación del país exige una conversación estratégica en torno a la financiación de la investigación. Esta financiación debe centrarse, aunque no exclusivamente, en las instituciones de educación superior.

Cuarto, se necesita mayor flexibilidad en las posibilidades de llevar programas y ofertas educativas a los territorios. En muchas zonas del país, debido a su baja densidad poblacional, no es viable desarrollar grandes infraestructuras ni sostener programas prolongados. Llevar la educación a las regiones implica un ejercicio de flexibilización, pero también de priorización y armonización, con el fin de extender la cobertura educativa y evitar su concentración en los grandes núcleos urbanos. La educación debe estar presente en todas las regiones y territorios del país.

Quinto, y no menos importante, el sistema de educación superior debe avanzar en la implementación de nuevos elementos complementarios al quehacer educativo, muchos de los cuales ya son responsabilidad de las propias instituciones. Se trata de convertir la permanencia y la empleabilidad en una promesa cumplible para prácticamente todos los estudiantes. Si bien las instituciones ya hacen esfuerzos importantes en este sentido, se requieren recursos adicionales que no pueden ser cubiertos únicamente por ellas.

No ganamos mucho si logramos que los estudiantes accedan al sistema, pero no pueden culminar exitosamente su formación o insertarse en el mercado laboral o en dinámicas de emprendimiento e innovación.

Existen recursos en otras instancias y actores sociales —como las cajas de compensación, los entes territoriales, otras unidades de trabajo y los sistemas de salud— que podrían articularse. Si logramos esa articulación, podremos sumar esfuerzos y recursos para lograr la permanencia estudiantil y facilitar una mejor transición hacia la vida productiva.

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