Paula Andrea López

Para avanzar en el fortalecimiento de la educación superior es necesario reconocer los aspectos positivos de las políticas actuales y darles continuidad, así como identificar aquellos que requieren ajustes. Un ejemplo destacable es el aumento de la cobertura educativa: según el Sistema Nacional de Información de la Educación Superior (SNIES), entre 2023 y 2024 esta creció un 2,15 %. Sin embargo, el 87 % de este incremento correspondió a nuevos ingresos en universidades públicas, mientras que solo un 13 % se dio en privadas.

Dado que el sistema educativo colombiano es mixto, no puede desconocerse el valioso aporte de las universidades privadas en la ampliación del acceso, la diversificación de la oferta académica y el fortalecimiento de la calidad. El aumento en la cobertura podría ser mucho mayor si se trabajara en beneficio de todo el sistema educativo y no de una sola de sus partes. La cooperación y el diálogo serán claves para ampliar el acceso, que hoy alcanza el 57,53 %, aunque la mitad se concentra en Bogotá–Cundinamarca y Medellín–Antioquia, lo que revela grandes retos en otras regiones. Esto exige que las IES públicas y privadas trabajen de manera conjunta para responder a las expectativas de los jóvenes y acelerar el crecimiento de la cobertura.

En este contexto, la Universidad Central ha jugado un rol esencial al acoger estudiantes de estratos 1, 2 y 3, generando un impacto positivo en ellos y sus familias. Muchos de estos jóvenes son los primeros en acceder a la educación superior y, aunque aspiran a beneficiarse de la gratuidad, aún no la han logrado, por lo que optan por la universidad privada con créditos educativos de mediano y largo plazo. Ante esta realidad, las universidades privadas deben buscar alternativas de financiación más accesibles, fortalecer su oferta de posgrados, incursionar en la educación virtual y diversificar sus fuentes de ingreso. Solo así podrán garantizar su sostenibilidad, cumplir su misión social y aportar a un sistema más equitativo, diverso e incluyente.

Otro desafío muy importante es el mercado laboral. Aunque el desempleo ha disminuido frente a 2024, esta mejora obedece en buena medida al aumento de la informalidad y de empleos ocasionales, mientras que el número de empleadores se ha reducido de manera significativa. Persisten retos para los jóvenes recién graduados, quienes enfrentan grandes dificultades para ejercer su profesión en condiciones adecuadas. Esto evidencia que el mercado laboral actual carece de sostenibilidad y no asegura la calidad del empleo. Ante ello, el próximo gobierno está llamado a fortalecer la colaboración universidad–empresa, de modo que se genere un beneficio común, en el cual el sector productivo impulse la innovación en bienes, servicios y procesos, y, al mismo tiempo, las universidades logren aumentar las tasas de empleabilidad de sus egresados.

Lo cierto es que el futuro de la educación superior colombiana depende de un esfuerzo colectivo que reconozca el carácter complementario de lo público y lo privado, garantice mayor cobertura regional y fortalezca la articulación entre formación y empleabilidad, con el fin de consolidar un sistema más justo y sostenible.

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