
Alberto Roa Varelo
Rector Universidad Tecnológica de Bolívar
La educación superior en Colombia enfrenta desafíos significativos. Este documento presenta diez propuestas para reformar y fortalecer el sector en la próxima década, enfocándose en áreas como la cobertura, el financiamiento y la calidad.
En los últimos treinta años, la educación superior colombiana ha experimentado un desarrollo significativo en múltiples áreas y, a la vez, se ha enfrentado a diferentes desafíos que permanecen hoy y requieren de respuestas e innovaciones pertinentes. De alguna manera la agenda de la educación superior en los próximos 10 años está estrechamente vinculada con la agenda del desarrollo mismo del país, teniendo en cuenta que existe un gran consenso entre los expertos sobre la idea de que ella se constituye en pilar fundamental de la competitividad, la movilidad social, la equidad y la consolidación de la democracia en el país.
El más reciente desafío de las universidades fue el COVID 19, una pandemia que, según cifras de la OMS, acabó con la vida de cerca de 15 millones de personas en todo el planeta, puso en jaque a la economía global e, incluso, generó cambios de paradigmas y prioridades en todos los niveles de la sociedad. Las universidades, incluso ahora, 4 años después, aún sienten el impacto en puntos neurálgicos como el decrecimiento de la población estudiantil, la retención de talentos, la necesaria evolución de sus estructuras, su oferta y sus metodologías de enseñanza y, por supuesto, sus finanzas.
El panorama no parece más alentador en el mediano y largo plazo. El acelerado cambio demográfico, la baja tasa de natalidad y una economía frágil juegan en contra del actual modelo universitario. Si hay un momento para darle vuelta a esta situación es ahora. Quedarse congelados en el tiempo es darles la espalda a las necesidades del mercado y, con ello, a las próximas generaciones de jóvenes con anhelos de formación, capacitación profesional, empleabilidad y deseos de impactar positivamente a la sociedad.
Sin embargo, es importante subrayar que la necesaria evolución y modernización de la educación superior en Colombia no significa tener que iniciar de cero, sino todo lo contrario. Este ejercicio intelectual nos obliga a conocer la historia de la educación en nuestro país, sus logros, sus fortalezas y las áreas que requieren de urgente mejoramiento.
En la perspectiva internacional, la educación superior colombiana es reconocida por la calidad de la formación profesional de médicos, ingenieros, economistas, científicos sociales y otras áreas del conocimiento. El sistema de aseguramiento de la calidad colombiano fue pionero y aún es referente a nivel latinoamericano. La idea fuerza, por tanto, no es la de una refundación, sino la de pensar un sistema que evoluciona y se reforma de acuerdo con sus propias dinámicas y las necesidades de su entorno social.
Algunas de las evidentes fortalezas del sistema colombiano deben permanecer y merecen ser consolidadas. El sistema colombiano es diverso en misiones universitarias, vocaciones científicas y sellos institucionales. Esta diversidad ha enriquecido nuestra educación superior, por lo cual cualquier intento de homogeneización se convertiría en un claro retroceso. Por otro lado, la complementariedad y la articulación de instituciones de naturaleza jurídica, pública y privada deben mantenerse y fortalecerse de acuerdo con los elementos sociales, culturales e históricos que han marcado el desarrollo de la educación en Colombia.
Teniendo en cuenta todo lo anterior, hay que empezar a trabajar en lo que constituirá el futuro de la educación superior. La actual crisis del sector es una bisagra obligada para proyectar el trabajo de los próximos 10 años. A continuación, 10 propuestas de reforma y fortalecimiento para la Colombia universitaria del 2035:
- Fortalecimiento del sistema mixto
A diferencia de otros países de Latinoamérica, en Colombia se ha consolidado un sistema educativo mixto que ha dado grandes resultados en cobertura y calidad. Según datos del Ministerio de Educación Nacional, hoy tenemos 142 universidades incluyendo sedes principales y seccionales; 59 de ellas son oficiales y 83 son privadas.(1) Actualmente, la matrícula de estudiantes en la educación privada es del 46 % frente a la pública que es del 54 %, lo cual ha permitido crear comunidades académicas diversas, pero integradas, que le ofrecen a la sociedad un amplio espectro de misiones, enfoques y sellos institucionales y formativos. Aquí hay una riqueza que no se puede perder.
Cualquier evolución del modelo educativo en el país debe implicar el fortalecimiento de este sistema mixto. La política pública de los próximos 10 años debe aprovechar las oportunidades que da este sistema, salvaguardando las especificaciones de cada universidad según su naturaleza, y no pretender cambiarlo o privilegiar una por encima de la otra. Oficiales y privadas se complementan en beneficio del desarrollo del país.
(1) Fuente: MinEducación – https://hecaa.mineducacion.gov.co/consultaspublicas/ies
- Ampliación de cobertura
En los últimos años el país ha ampliado significativamente la cobertura en educación superior; en 2010 la tasa era de 37,1 % y en 2023 la tasa se ubicó en el 55,38 %. (2) Es un gran salto, pero aún no es suficiente si tenemos en cuenta el promedio de la OCDE que es del 75 %. En los próximos 10 años es necesario incrementar esta tasa de cobertura haciendo proyecciones realistas y teniendo como referente la tasa promedio de los países de la OCDE. Este incremento debe tener en cuenta que un buen número de jóvenes no optan por la educación superior formal sino por lo que se llama en Colombia “educación para el trabajo y el desarrollo humano,” relativa a la capacitación en oficios, tal como sucede en otras partes del mundo.
La universalización, aunque deseable, no es realista en el corto ni mediano plazo. Subir la tasa 10 puntos porcentuales, tal como lo indican distintos ejercicios, sí lo es. Para ello es necesario tanto fortalecer la capacidad de las universidades públicas con una mayor inyección de presupuestos, como aprovechar la infraestructura y la probada flexibilidad y eficiencia de las universidades privadas. Adicionalmente, es necesario tener en cuenta las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías para el desarrollo de distintas modalidades y metodologías, tanto virtuales, como presenciales e híbridas.
(2) Fuente: MinEducación – https://snies.mineducacion.gov.co/portal/416243:El-Ministerio-de- Educacion-Nacional-pone-a-disposicion-la-informacion-estadistica-de-educacion-superior-2022
- Financiamiento
La principal barrera para el acceso a la educación superior y la ampliación de la cobertura es el financiamiento. A pesar de todos los problemas demográficos y cambios culturales, todavía la juventud ve en la educación superior un camino de movilidad social y de desarrollo para toda la sociedad.
Aquí es imperativo el fortalecimiento del Icetex. No como una estrategia subsidiaria tendiente a desaparecer en aras del mencionado propósito de la gratuidad. Dicha estrategia no resulta sostenible ni equitativa. Un sistema fortalecido de crédito educativo debe ser considerado como una estrategia central del sistema mixto que resulta indispensable para la ampliación de la cobertura.
El Estado colombiano debe, por tanto, buscar alternativas para un mayor fondeo del Icetex. De esta forma se podrán ampliar las posibilidades de créditos con subsidio para los más vulnerables y, al tiempo, se podría consolidar una línea de crédito contingente al ingreso, como lo han hecho países como Australia o Nueva Zelanda, con tasas de interés competitivas y atractivas para aquellos que no requieren un subsidio.
- Renovación del sistema de aseguramiento de la calidad
La Ley 30 que reglamenta la educación superior ya tiene más de 30 años. La acreditación, por su parte, empezó a funcionar en el país en 1995 y fue el principal logro del sistema de educación superior en los últimos 20 años. Dio orden al crecimiento institucional de las universidades, permitió tener un modelo acordado de evaluación de la calidad y logró avanzar en temas claves que requerían mejoramiento.
Lastimosamente, y hay que decirlo, este sistema se ha burocratizado, se ha complejizado y ha perdido brillo y capacidad de innovación. En este momento ya no está propiciando cambios significativos en la educación superior, por lo que es hora de repensar el sistema de aseguramiento de la calidad. Hay que simplificarlo, flexibilizarlo y orientarlo a la innovación y al fortalecimiento interno de cada institución con estrategias más académicas y menos normativas.
Otro punto importante es que el sistema de aseguramiento de la calidad, y en particular la acreditación institucional, debe conducir a mayores niveles de autonomía de las universidades. Por ejemplo, las universidades que obtengan dicha acreditación deberían poder abrir y transformar sus programas de pregrado y posgrado sin obstáculos, así como acceder por derecho propio a las políticas públicas de financiación de la demanda en educación.
- Inversión en ciencia, tecnología e innovación
No es posible pensar en la universidad sin que la ciencia, la investigación y la generación de conocimiento vayan de la mano. Para los próximos 10 años es indispensable que el Estado avance en una política pública que permita llegar, paulatinamente, a una inversión del 1 % del PIB en ciencia y tecnología, tal como lo han recomendado distintas misiones de científicos y sabios, pero que desafortunadamente no se ha cumplido.
De igual forma, se debe propiciar con estímulos de toda índole, especialmente tributarios, el relacionamiento entre universidades y empresas para la ejecución conjunta de proyectos de innovación. Este tipo de incentivos podría acercar a la academia, aún más, a los diferentes sectores productivos del país, impulsando el desarrollo de nuevas tecnologías.
- Internacionalización e idiomas
En los últimos 20 años, las universidades colombianas han logrado grandes avances en temas de internacionalización. Esto se evidencia en el número de convenios activos y en el incremento de la movilidad internacional de los estudiantes, tanto entrantes como salientes. Muchas instituciones han implementado también interesantes estrategias de internacionalización desde casa.
En los próximos 10 años hay que trabajar en una política pública que convierta a la internacionalización en una cuarta función sustantiva de las universidades, además de la docencia, la investigación y la extensión. Esto se debe ver reflejado tanto en los presupuestos institucionales como en programas públicos de fomento. Es muy importante la creación de fondos concursables que permitan impulsar la movilidad y la doble titulación de los estudiantes en otros países.
Finalmente, Colombia debe avanzar en la promoción del inglés. En 10 años, tener un certificado de nivel B2 debe ser un requisito mínimo generalizado para optar a un grado como profesional. Hoy el mercado laboral lo está demandando así en un entorno en que los profesionales deben ser altamente competitivos en la perspectiva global.
- Modernización y flexibilidad curricular
Es indispensable buscar mayor articulación entre la educación superior y la media para que los estudiantes puedan anticipar aprendizajes y conocimientos universitarios desde el colegio. De igual forma, se debe articular la formación tecnológica y la formación para el trabajo y el desarrollo humano, y crear canales para la validación de conocimientos previos, saberes experienciales y experiencias laborales.
Esto permitirá que la formación universitaria tenga distintos caminos, articulaciones y validaciones, dándoles más oportunidades a los colombianos para avanzar en sus trayectorias hacia el éxito profesional. En esencia es hacer realidad lo que está consignado en el marco nacional de cualificaciones que, a la fecha, no se ha llevado cabalmente a la práctica.
- Autonomía y gobierno universitario
La autonomía universitaria es un gran logro de la cultura occidental que no se puede perder, pero que tampoco se puede confundir. La esencia de la autonomía en la universidad se deriva de la necesidad de poder producir conocimiento científico sin cortapisas y consolidar una libertad de cátedra que posibilite la formación sin injerencias de poderes externos. Por lo tanto, la autonomía no puede ser cooptada por partidos, doctrinas o asuntos políticos o ideológicos coyunturales. Esta debe permitir que las universidades establezcan sus propios estatutos, sus programas y su estructura de gobierno de tal manera que puedan cumplir con su misión académica y científica.
Tal como ha ocurrido en otros sistemas universitarios y sin perjuicio de la participación de actores de la comunidad universitaria, es necesario fortalecer la presencia de actores externos sociales, empresariales, culturales y científicos en los máximos órganos de gobierno de las universidades. Esta buena práctica permite evitar la peligrosa endogamia que impide que la universidad se abra a la sociedad y a distintos modos y paradigmas de construir la educación y hacer ciencia. Por otro lado, se debe incorporar como un importante criterio de buen gobierno una clara política sobre los conflictos de interés; de tal modo que las directivas y los cuerpos de gobierno de las instituciones se concentren efectivamente en el cumplimiento de la misión universitaria, su sostenibilidad y su adecuado direccionamiento estratégico.
- Pedagogía universitaria e inteligencia artificial
Las formas de enseñar en la educación superior están cambiando como nunca antes, por cuenta de la irrupción de nuevas tecnologías, especialmente, la inteligencia artificial. En los próximos años la IA dará grandes saltos en su desarrollo e impactará a toda la sociedad en diferentes niveles.
En la educación superior, más temprano que tarde, es necesaria la creación de un sistema de formación de profesores universitarios en el que el punto de partida sean sus propias experiencias en el uso y desarrollo de la IA. Las IES y el Estado deben crear fondos concursables que estimulen la innovación tecnológica en el aula usando IA.
- Bienestar y retención
La primera estrategia de ampliación de cobertura en Colombia debe ser claramente el mejoramiento de la retención de los estudiantes en la educación superior. La deserción universitaria en 2021, últimos datos publicados por el MEN, se ubicó en una tasa promedio del 49,08 % por cohorte.(3)
Bajar esta cifra requiere diversos esfuerzos como, por ejemplo, mayor acompañamiento psicosocial y académico para el estudiante, y la construcción y aplicación de una robusta política de salud mental en las universidades.
(3) Fuente: MinEducación – https://www.mineducacion.gov.co/sistemasinfo/spadies/secciones/Estadistcas-de-desercion/
Lo peor que puede pasarle a la educación superior colombiana sería establecer una ruta fruto de discusiones irreflexivas y altamente polarizadas. La evolución y necesaria reforma de nuestro sistema requieren estudio, reflexión serena y un profundo realismo sobre las condiciones estructurales en las que se desarrollan. De igual manera, es de vital importancia consultar los casos y buenas prácticas nacionales e internacionales que han producido resultados exitosos y, por supuesto, contar con la opinión de expertos y estudiosos del tema en una perspectiva científica y comparada.
Estas son diez propuestas para llevar a la educación superior en Colombia a un nuevo nivel, garantizando que siga siendo piedra angular en el desarrollo social, económico, académico y científico del país. Esta transformación debe hacerse pensando en el futuro de los jóvenes y de la sociedad en su conjunto evitando repetir errores que han producido burocratización, obsolescencia y fracaso. El convencimiento aquí es que la educación es el factor determinante para el fortalecimiento de la competitividad, la productividad y la democracia. Por tanto, su necesaria evolución está sobre la mesa.