514 firmantes de paz han sido asesinados desde la firma del Acuerdo Final de Paz en 2016, y la cifra sigue subiendo. Ese dato, presentado por Fabio Alzate, delegado de la Contraloría General de la República para el posconflicto, marcó el tono de la primera sesión de la Cátedra Nacional de Paz 2026-2, que la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) inauguró a diez años de la firma del Acuerdo con las FARC-EP.
La primera sesión, titulada “La paz como pregunta. Colombia en perspectiva histórica2, se realizó en el Auditorio Virginia Gutiérrez de Pineda, del edificio de Posgrados de Humanas de la Sede Bogotá, con transmisión para las otras ocho sedes del país. Es la primera de 15, programadas a lo largo del semestre para revisar qué se cumplió del Acuerdo y qué sigue pendiente.
El profesor Álvaro Rivas, coordinador del programa, pidió un minuto de silencio por las víctimas del terremoto de magnitud 7.4 que golpeó el occidente y suroccidente del país el 10 de agosto, con más de 300 muertos, y por el sacerdote Javier Giraldo, defensor de derechos humanos fallecido la semana anterior.
“Todo el mundo habla del terremoto en los centros urbanos, pero en el medio rural, campesinos, campesinas, indígenas, afros, comunidades rurales, pequeños productores, incluso pequeños agricultores han perdido su infraestructura, sus casas, están viviendo por fuera”, explicó el profesor Rivas.
Las palabras de apertura estuvieron a cargo del profesor Carlos Sandoval, del Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (Iepri), en representación de la rectoría de la UNAL, y de Rodrigo Londoño, firmante de paz y presidente del partido político comunes.
El profesor Sandoval destacó el papel de las nueve sedes de la UNAL en la construcción de paz durante la última década, desde proyectos agroecológicos en Arauca hasta laboratorios de memoria histórica en Bogotá y Medellín.
“Podemos decir que cada una de nuestras nueve sedes ha aportado desde sus propias realidades y desde sus comprensiones del territorio a contestar esa pregunta», dijo, refiriéndose a la pregunta que da nombre a esta primera sesión”.
El firmante Londoño hizo un balance crítico de lo que ha pasado en esta década, una en la que no ha cesado el conflicto; “la guerra solo aporta sangre y dolor para los pueblos”, dijo, al sostener que el conflicto armado con las FARC-EP fue “el reflejo de las desigualdades económicas vigentes en el país, particularmente en las zonas rurales”.
Defendió también el Acuerdo frente a quienes lo llaman un mamotreto: «quien se tome la molestia de estudiarlo de modo desprevenido seguramente concluirá que se trata de un documento de extraordinario valor y es importante protegerlo».
Y cerró recordando la cifra que también había mencionado el contralor delegado Alzate; “contamos con más de 500 firmantes asesinados desde la firma, pero también hay que pensar en las miles y miles de víctimas que habrían caído durante esta década si no hubiéramos logrado detener la guerra”.
La verdad sigue siendo una prioridad
Por su parte, el padre Francisco De Roux, expresidente de la Comisión de la Verdad, participó de manera virtual desde Cartagena. Repasó las cifras de la guerra que documentó la Comisión: más de 45.000 secuestrados, 4.000 masacres, más de 120.000 desaparecidos y alrededor de 150.000 jóvenes muertos en el conflicto armado; y recordó la importancia de seguir teniendo en cuenta el título del informe final de la Comisión No hay futuro si no hay verdad.
El padre De Roux cuestionó de forma directa algunas voces que desconocen lo que pasó durante el conflicto, “he escuchado posturas actuales que aseguran que en Colombia nunca hubo conflicto armado político. Ese es un planteamiento que justamente acaba con la narrativa que explica lo que nos ha pasado en el país”.
Añadió que, “nunca tuvimos en Colombia algo semejante al Acuerdo de Paz. La metodología que allí se tuvo, la disciplina con que se llevó la determinación de establecer las fechas, el coraje que tuvieron las personas ahí centradas, esa decisión de no levantarse de la mesa hasta que la paz se firmara fueron definitivos para Colombia. Desafortunadamente, en los procesos de la paz total, la metodología de la paz de La Habana no se tuvo en cuenta”.
Además, el delegado de la Contraloría General de la República para el posconflicto, presentó las cifras del décimo informe de seguimiento de la entidad al Acuerdo Final. Además de los 514 firmantes asesinados, alertó sobre lo que llamó un “subconteo estructural”, explicando que los 230 billones de pesos proyectados en 2016 para financiar el Acuerdo no han sido actualizados, por lo que hay una ejecución desigual entre los puntos del Acuerdo, y cerró diciendo que “la paz no tiene color político”.
Alejandro Fula, director Nacional de Bienestar Universitario de la UNAL, insistió en que la cátedra busca reunir posiciones opuestas sin caer en la censura; según el profesor, “la polarización, que es una estrategia de mercadeo y de manipulación de la sociedad, no debería entrar a la universidad”.
Por último, el profesor Julián Cortés, de la Dirección Nacional de Bienestar Universitario y coordinador académico de la cátedra, presentó el programa completo de las 15 sesiones, organizadas en tres ejes: el conflicto armado, en sus factores estructurales, actores y territorios; la implementación del Acuerdo entre la promesa y los territorios; y el futuro de la paz, sus economías y horizontes emancipatorios.
El profesor Cortés adoptó como lema del semestre una frase que atribuyó a una traducción de Jaime Garzón de un artículo constitucional: «Nadie podrá llevar por encima de su corazón a nadie ni hacerle mal en su persona aunque piense y diga diferente». La conectó con imágenes recientes de un mandatario paseándose entre cadáveres, sin nombrarlo, y anunció que entre las quince sesiones habrá un «diálogo improbable» entre un excomandante guerrillero y un excomandante paramilitar, pensado para poner a hablar posiciones opuestas «sin agredirse, sin excluir a la otra».
«Una cátedra por la paz en Colombia es un milagro, en la que haya conversación y se planteen las preguntas pertinentes», expresó el padre De Roux antes de terminar su intervención, invitó a que la UNAL siga siendo, en sus palabras, «líder en este diálogo» durante las próximas catorce sesiones del semestre.