El venado de cola blanca que habita desde los páramos andinos hasta los Llanos, el Caribe y el Pacífico colombiano tendría al menos cuatro linajes genéticos distintos, una diversidad mayor de la que se conocía hasta ahora. El primer gran estudio molecular de esta especie en el país analizó ADN obtenido de pieles conservadas en museos, sangre de animales de zoológicos y tejidos recolectados en campo, y aporta nueva evidencia para orientar su conservación, especialmente en poblaciones sobre las que existe muy poca información.
La investigación fue realizada por Jessica Rodríguez León, magíster en Biología de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), en un proyecto liderado por los profesores Olga Lucía Montenegro y Luis Fernando García, del Instituto de Ciencias Naturales (ICN) y el Departamento de Biología.
Durante años, distintos autores discutieron cuántas especies o subespecies de venado de cola blanca existen en Colombia sin contar con evidencia genética que respaldara sus propuestas. Este estudio empieza a llenar ese vacío.
Trabajar con muestras de museo significó lidiar con ADN fragmentado y con restos de los químicos usados para preservarlas, que inhiben la amplificación genética. La bióloga Rodríguez sorteó el obstáculo ajustando reactivos y diseñando primers propios, fragmentos cortos de ADN sintético que le indican a la enzima copiadora dónde empezar y dónde parar, como una especie de guía que se ancla justo en el punto que se necesita analizar.
A continuación, la profesora Montenegro explica algunas diferencias entre el pelaje de los venados de cola blanca en el país:
Para validar los resultados, sumó muestras de sangre de animales vivos, donadas por el Bioparque Ukumarí y el Zoológico de Barranquilla, esta última proveniente de una hembra rescatada en Córdoba. Entre las muestras aportadas por el ICN, el Instituto Alexander von Humboldt, el Museo de Historia Natural de la Universidad del Cauca, el Museo de La Salle y el Parque Nacional Natural Chingaza, además de las gestionadas por la investigadora, reunió 94 muestras; 37 arrojaron secuencias útiles, con las cuales se estableció un protocolo inédito en el país.
Antes de poder leer el ADN, había que extraerlo de pequeños trozos de piel, pelo o unas gotas de sangre, que se disolvían en una solución capaz de romper las células y liberar su material genético. Con las secuencias obtenidas comenzó la comparación.
La investigadora Rodríguez comparó el ADN de cada venado colombiano con ejemplares de Estados Unidos, México, Guatemala, Venezuela, Guayana Francesa y Perú para hacer reconstrucciones filogenéticas y una red de parentesco, apoyadas por distintos métodos estadísticos. Los análisis respaldan hallazgos de otros estudios según los cuales los agrupamientos genéticos no siempre coinciden con las fronteras que separan a las subespecies por su apariencia. Así, venados de una misma región y clasificados bajo un mismo nombre resultaron, en algunos casos, genéticamente distantes entre sí.
La profesora Montenegro lleva años estudiando este tipo de colecciones de mamíferos. El ICN conserva muestras que incluso llevan décadas almacenadas y que hoy permiten realizar nuevos estudios y análisis.
Geografía ayuda a explicar las diferencias genéticas
El venado de cola blanca es el ciervo con mayor distribución de América y en Colombia habita buena parte del territorio, desde las sabanas cálidas de los Llanos y el Caribe hasta los páramos fríos de las zonas andinas, los bosques de Nariño y, en el Pacífico, zonas como el Valle del Dagua. La elevación de los Andes, sumada a esa variedad de climas y ecosistemas, habría influido en la formación de sus distintos linajes.
Esas barreras geográficas ayudarían a explicar los cuatro linajes identificados para este venado, Odocoileus virginianus. Los asociados con el páramo presentan pelajes grises: O. v. goudotii, en la cordillera Oriental, y O. v. ustus, en la región surandina. Los de tierras bajas son ocre-amarillentos: O. v. gymnotis, en Llanos y Caribe, y O. v. tropicalis, en el Pacífico.
De las cuatro, solo O. v. gymnotis está clasificada en la categoría de preocupación menor; las otras tres tienen información deficiente o nula, y O. v. tropicalis está, además, en peligro crítico de desaparición.
Como explica la bióloga, las amenazas que enfrentan estas subespecies son similares a las que afectan a buena parte de la fauna silvestre colombiana: pérdida de hábitat por deforestación, cacería y tráfico ilegal de ejemplares y partes como cornamentas y pieles. Además, el venado ha recibido poca atención científica precisamente por ser una especie común y ampliamente distribuida, a diferencia de otras más emblemáticas que concentran mayores recursos de conservación.
El vacío de información es especialmente crítico en O. v. tropicalis, la subespecie del Pacífico y la más esquiva de las cuatro: el estudio no logró obtener una sola muestra. La describió en 1918 el zoólogo Ángel Cabrera con un ejemplar del Museo Británico, hoy Natural History Museum de Londres, cuyo pelaje ocre contrastaba con el de un ejemplar gris encontrado en Bogotá. Desde entonces, según los registros consultados para el estudio, no se ha documentado oficialmente otro ejemplar.
Alta diversidad genética abre oportunidades para su conservación
Las poblaciones colombianas resultaron muy diversas entre sí, con un valor de 0,98 en un índice que mide las diferencias entre individuos, un nivel superior al de Estados Unidos y comparable al de Venezuela. Esa diversidad funciona como una especie de “seguro biológico”, al ofrecer mayores posibilidades de respuesta frente a enfermedades, sequías o cambios inesperados. Sin embargo, la experta advierte que se trata de resultados preliminares que requieren mayor investigación.
Además, el hallazgo llama la atención sobre la introducción de individuos en lugares que podrían no ser su origen, una práctica que puede alterar genéticamente estos linajes. La bióloga cita un caso: “teníamos un caso de un centro de fauna que rescató unos venados de cola blanca que tenían en el Cauca, de los cuales no se sabía su procedencia, y los iban a mandar para Boyacá”.
Explica que “podría haber contaminación genética en la actualidad producto de estas acciones humanas” y por eso insiste en que “es mejor no mezclarlas, sino mantenerlas como están”.
Por ahora, este estudio constituye un primer acercamiento a la historia evolutiva del venado de cola blanca en Colombia y evidencia su alta diversidad genética. Sin embargo, la investigadora de la UNAL resalta que esta diversidad debe estudiarse a profundidad, con mayor evidencia genética, antes de diseñar planes de conservación diferenciados para sus poblaciones en el país.