Azulejo real de los Andes refleja señales ultravioleta invisibles para el ojo humano

Aunque a simple vista el azulejo real (Buthraupis montana) parece tener el mismo color en todas las zonas donde habita —desde Cundinamarca hasta la Serranía del Perijá—, un estudio reveló que su plumaje refleja distintos niveles de luz ultravioleta según la región. Esta variación, imperceptible para los seres humanos pero detectable por otras aves gracias a sus retinas especializadas, influiría en la comunicación y la selección de pareja dentro de la especie.

Con cabeza negra, lomo amarillo intenso y alas azules que contrastan con la neblina del bosque altoandino, así es el azulejo real o tangara montañera encapuchada. Si un observador lo compara en la cordillera Oriental (Cundinamarca) y luego en la Serranía del Perijá (Cesar), difícilmente notará alguna diferencia en su color o en su forma, que en tamaño es similar al de una paloma.

Sin embargo, cuando la luz se analiza más allá de lo que el ojo humano puede captar, la historia cambia. Las aves no ven como nosotros, sino que tienen un cono más en la retina, lo que les permite ver una amplia gama de colores que nosotros no percibimos; lo que para nosotros es rosado para ellos es un ultrarrosado intenso.

Así, mientras nosotros vemos el espectro de luz tradicional —del rojo al violeta—, muchas especies de aves también detectan el ultravioleta, presente en la radiación de la luz solar o en fuentes artificiales como lámparas o bombillos led. Entonces, lo que en su cuerpo y plumaje parece un azul uniforme, en realidad puede estar acompañado de patrones y contrastes que solo estas aves distinguen: un azul más azulado.

Con base en ello, el investigador Sebastián Contreras, biólogo de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), con la dirección del profesor Andrés Cuervo, del Instituto de Ciencias Naturales (ICN), se interesó en establecer si entre poblaciones separadas por las montañas existían variaciones invisibles, específicamente entre tres subespecies de este azulejo: Buthraupis montana cucullata (Cauca, Huila, Nariño, Valle del Cauca y Antioquia), B. montana gigas (Serranía del Perijá, en el departamento del Cesar) y B. montana montana (Cundinamarca, Boyacá, Santander y Norte de Santander hasta Venezuela).

Colores a vuelo de pájaro

Para ello midió la reflectancia del plumaje, es decir la cantidad de luz que rebota en las plumas a distintas longitudes de onda, usando la técnica de espectrofotometría, que registra con precisión cómo interactúa la luz con la superficie de las plumas, incluyendo el rango ultravioleta. Los 28 ejemplares analizados forman parte de la Colección de Ornitología del ICN y provienen de tres regiones andinas aisladas entre sí por valles profundos y barreras geográficas que limitan el intercambio entre individuos.

“La población de la cordillera Oriental refleja significativamente menos luz ultravioleta que las poblaciones de la cordillera Central–Occidental y de la Serranía del Perijá. Esto significa que, aunque para nosotros todas siguen siendo azules, en el universo visual de las aves ese azul no es exactamente el mismo; a su vez, la subespecie B. montana cucullata tiene el tipo de azul más intenso en cuanto a la cantidad de rayos UV que puede reflejar”.

“Cuando las examinamos al microscopio, las estructuras que dan forma a cada pluma no mostraron alteraciones evidentes entre poblaciones, por lo que la diferencia no se explicó por cambios visibles en la forma externa de las plumas. Esto sugiere que el cambio ocurre a un nivel aún más fino, es decir en la nanoestructura interna, compuesta por elementos como queratina que permiten este comportamiento; distinto a los pigmentos naturales —melanina y carotenoides—, que dan el azul que observamos”, explica el biólogo Contreras.

En términos evolutivos, esto es significativo porque el aislamiento geográfico en sistemas montañosos como los Andes favorece la divergencia, incluso en una misma especie. Las cordilleras funcionan como islas elevadas: cada bloque montañoso puede albergar poblaciones que con el tiempo acumulan diferencias genéticas y fenotípicas, las cuales a veces se manifiestan en tamaño corporal o en el canto; pero en este caso, emergen en una dimensión óptica que los humanos no compartimos.

¿Por qué es trascendental?

En muchas aves como el azulejo real, las señales UV participan en el reconocimiento entre individuos y en la selección de pareja, y cambiar la intensidad de ese componente modificaría la manera como se perciben dentro de una población o frente a otra.

Aunque el estudio no evaluó directamente el comportamiento en trabajo de campo, la variación detectada abre la puerta a investigar si estas diferencias influyen en interacciones sociales o reproductivas. Además, cambios ambientales asociados con el clima —como variaciones en radiación y nubosidad—alterarían la forma en que se perciben los colores en los bosques andinos, aunque se requieren más estudios para entender su impacto a largo plazo.

No se trata de una alerta de conservación inmediata. Según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), esta especie se encuentra en la categoría de “preocupación menor”. Sin embargo, el hallazgo revela un proceso de señales que indica que las poblaciones de distintas cordilleras no son tan idénticas como parecen; así como la necesidad de complementar la forma en que se han clasificado y comparado especies y subespecies en inventarios y colecciones, incorporando mediciones en el rayo ultravioleta que ayudarían a detectar diferencias ocultas.

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