Cartagena, entre las 10 ciudades patrimonio más sostenibles de Europa y América Latina

También conocida como “La Heroica”, la capital de Bolívar demuestra que conservar el patrimonio va mucho más allá de restaurar edificios. Su capacidad para convertir el Centro Histórico en un espacio vivo, que impulsa la cultura, la economía y la participación de sus habitantes, la ubica entre las ciudades patrimonio más sostenibles de América Latina y Europa.

Dicho equilibrio fue medido mediante un modelo de eficiencia diseñado por el estadístico Martín Sebastián Rondón Raigoza, magíster en Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), quien comparó 105 ciudades patrimonio de América Latina y Europa según su capacidad para conservar su legado histórico mientras generan desarrollo económico, bienestar social y sostenibilidad ambiental.

Con ese criterio, Cartagena de Indias ocupó el séptimo lugar, solo superada por Cuenca (España), Camagüey (Cuba), Morelia (México), Berna (Suiza), Cracovia (Polonia) y Lyon (Francia).

Lejos de depender exclusivamente del turismo, la capital de Bolívar mantiene una actividad cultural permanente, diversifica su economía alrededor del patrimonio y favorece que este siga siendo un espacio de uso y apropiación por parte de la población residente, condiciones que le permitieron obtener un puntaje global de 0,96 sobre 1, uno de los más altos del estudio.

Para el estudio, el magíster evaluó ciudades cuyos centros históricos fueron declarados como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, e identificó que muchas de ellas concentran sus esfuerzos en conservar edificios o atraer turistas, pero pocas consiguen equilibrar ese objetivo con la calidad de vida de sus habitantes, la actividad económica, la inclusión social y la protección ambiental.

¿Qué hace sostenible a una ciudad patrimonio?

El investigador comparó 73 ciudades europeas y 32 latinoamericanas, entre ellas Venecia, Florencia, Siena, Cracovia, Cuenca, Lyon, Berna, Cartagena, Cusco, Morelia, Camagüey y Antigua Guatemala.

El análisis partió de la idea de que una ciudad patrimonio no es sostenible solo por conservar sus edificios históricos, sino que además debe generar oportunidades económicas, ofrecer condiciones de vida dignas, proteger el medioambiente y mantener vivo su patrimonio mediante el uso y la apropiación de la comunidad. Por ello el estudio evaluó cuatro dimensiones: cultural, económica, social y ambiental.

Los resultados muestran que las ciudades latinoamericanas obtienen mejores indicadores en la dimensión cultural, con un promedio de 0,658 frente a 0,598 de las europeas. En contraste, Europa registra un mejor desempeño en las dimensiones social (0,816 frente a 0,720) y económica (0,927 frente a 0,909), asociadas con mayores niveles de empleo, ingresos, seguridad y acceso a servicios.

Según el magíster, “la ventaja cultural de ciudades como Cartagena y Cusco radica en que el patrimonio sigue formando parte de la vida cotidiana y no funciona solo como un atractivo para los visitantes”.

Festivales tradicionales, actividades culturales permanentes, mercados locales y el uso continuo de los espacios históricos por parte de los residentes fortalecen el vínculo entre la comunidad y su patrimonio, reduciendo la dependencia exclusiva del turismo internacional.

Precisamente, datos recientes de “Cartagena cómo vamos” muestran que aunque en el último año la ciudad recibió 5,5 millones de visitantes y se consolidó como la tercera ciudad colombiana con mayor llegada de viajeros internacionales, el 81 % de los pasajeros que ingresaron por vía aérea fueron nacionales, una dinámica que favorece un uso más constante del Centro Histórico por parte de la población local y no solo de turistas extranjeros.

Para medir este comportamiento, el estadístico Rondón diseñó un modelo de eficiencia que incorpora el flujo turístico como una de las variables de análisis. Este no castiga el turismo en sí, sino la excesiva dependencia de visitantes extranjeros como principal motor de la actividad patrimonial, pues ello puede convertir los centros históricos en escenarios orientados casi exclusivamente al consumo turístico y reducir su apropiación por parte de quienes los habitan.

No obstante, el estudio también evidencia los principales desafíos para las ciudades latinoamericanas. Aunque las diferencias económicas frente a Europa son moderadas, aún persisten mayores niveles de informalidad laboral, menor diversificación productiva y oportunidades más limitadas de empleo.

Las mayores brechas aparecen en la dimensión social, en la que factores como la inseguridad afectan directamente la sostenibilidad urbana. Los datos de “Cartagena cómo vamos” muestran que allí la tasa de homicidios alcanza los 40,5 casos por cada 100.000 habitantes —muy por encima del promedio nacional de 27,9— y el 53 % de los ciudadanos afirma sentirse inseguro, condiciones que limitan la calidad de vida y reducen el desempeño social de la ciudad, aunque sobresale por su riqueza patrimonial.

Ranking de las ciudades más sostenibles

A diferencia de otros estudios que se concentran en medir el estado de conservación de monumentos o edificaciones históricas, este análisis evaluó cómo el patrimonio se relaciona con la economía, la vida social, la cultura y el entorno ambiental de cada ciudad.

“No basta con conservar un centro histórico; también es necesario que este contribuya al bienestar de quienes viven allí. Por eso evaluamos dimensiones económicas, sociales, culturales y ambientales, que permiten entender cómo el patrimonio se integra al funcionamiento de la ciudad y cómo esa gestión favorece su conservación a largo plazo”, explica el magíster Rondón.

En la dimensión ambiental, las ciudades europeas muestran mejores resultados gracias a políticas implementadas desde hace décadas para promover el transporte público, la movilidad en bicicleta y la reducción del uso del automóvil, especialmente en el corredor que se extiende desde Escandinavia hasta Europa Central y parte del Mediterráneo. No obstante, varios centros históricos medievales enfrentan dificultades para incorporar nueva infraestructura ambiental debido a sus calles estrechas y a las restricciones propias de su trazado urbano.

Para comparar las ciudades, el investigador desarrolló una metodología en tres etapas. En la primera evaluó por separado el desempeño cultural, social, económico y ambiental de cada ciudad a partir de indicadores como el número de actividades culturales, estudiantes de educación superior, empresas, desempleo, homicidios, kilómetros de ciclorrutas, áreas verdes y uso del automóvil.

En la segunda etapa el modelo integró esos resultados para establecer qué ciudades logran el mejor equilibrio entre las cuatro dimensiones, en lugar de destacar solo en una de ellas.

En la tercera etapa analizó si factores como la riqueza, la densidad poblacional, la edad de los habitantes o el costo de vida influían en esos resultados, con el fin de comprobar que las diferencias obedecieran realmente al desempeño de cada ciudad y no a condiciones externas.Como parte de su investigación, el estadístico Rondón propone superar los enfoques sectoriales aislados y avanzar hacia modelos integrados de gobernanza para lograr la sostenibilidad de las Ciudades Patrimonio de la Humanidad.

Entre las principales recomendaciones plantea fortalecer la producción cultural local para que el patrimonio no dependa exclusivamente del turismo; implementar mecanismos que ayuden a mitigar el impacto de la presión turística —como tarifas diferenciadas o cobros por acceso en determinados espacios— y priorizar sistemas de transporte público, movilidad peatonal y uso de la bicicleta sobre el vehículo particular.

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