De la UNAL a Canadá para investigar cómo anticipar la respuesta del cáncer a la quimioterapia

Mayerly Castrillón Sánchez, ingeniera biológica de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín, estudia en Canadá un método que permitiría anticipar si las pacientes con cáncer ginecológico responderán a la quimioterapia, antes de someterlas al tratamiento.

Algunas pacientes con cáncer creen que iniciar la quimioterapia es como un juego de azar, ya que el tumor puede responder al tratamiento o no hacerlo, pero los efectos secundarios aparecerán independientemente de su efectividad.

Así lo señala la investigadora Castrillón, quien actualmente adelanta la Maestría en Cáncer Ginecológico en la Universidad McGill de Canadá. Su estudio busca anticipar, a partir de una muestra del tumor, qué tratamiento resultaría más efectivo para cada paciente.

“La quimioterapia no funciona para todos los pacientes, de cierta forma es un ensayo y error, y saber si funcionará o no es un salto al vacío. Pero, considerando todos los efectos secundarios que puede generar, en el futuro debemos pensar en cómo predecir si un paciente responderá al tratamiento, y no simplemente exponerlo para descubrir, después de un año, que no funcionó”, explica.

El procedimiento empieza antes de administrar el medicamento. Cuando una paciente con cáncer de ovario llega al Centro de Salud de la Universidad McGill es valorada por una ginecóloga oncóloga, quien durante la cirugía para retirar el tumor obtiene una muestra de este. Una parte se lleva a patología para determinar el subtipo de cáncer y otra pasa al laboratorio.

Allí el tejido tumoral se divide en pequeños fragmentos mediante microdisección, y luego estos se cultivan y exponen a distintos tratamientos de quimioterapia para observar si esas células responden o no al medicamento, antes de tratar a la paciente.

“Esperamos que en el futuro no tengamos que exponer a las pacientes a la quimioterapia sin saber si funcionará. La idea es tomar primero el tumor, exponerlo al tratamiento y determinar cuál puede ser el manejo más adecuado”, explica la ingeniera.

Recientemente la investigadora presentó sus resultados de ante la Sociedad Estadounidense de Oncología Clínica (ASCO), una de las organizaciones más importantes del mundo entre las dedicadas a la investigación, educación y atención del cáncer.

El inicio del camino

Cuando terminó el colegio Mayerly tenía claro que su posibilidad de acceder a la educación superior estaba en una universidad pública, ya que sus padres no podían costear una institución privada y ella no quería que se endeudaran. Luego estudió dos carreras al mismo tiempo, y tenía que viajar todos los días de Barbosa a Medellín.

Su desempeño académico le permitió ubicarse entre los 50 mejores resultados de Antioquia en las pruebas ICFES de 2019, por lo que obtuvo una beca. En 2020 fue admitida a Química en la Universidad de Antioquia (UdeA) y a Ingeniería Biológica en la UNAL Sede Medellín. Como no tenía claro cuál camino escoger, decidió cursar las dos carreras.

“Mi pasión más grande siempre fue la biología, pero en ese momento no había pensado qué enfoque le quería dar. Con lo que había aprendido en el colegio me imaginaba trabajando en modificación genética. Yo decía: ‘voy a hacer bebés en el laboratorio’. Fue muy chistoso porque escogí una carrera pensando en lo que para mí era lo más genial que podía llegar a hacer: cambiar genéticamente a un ser humano”, recuerda.

Durante cuatro semestres mantuvo ambas carreras. La beca y el apoyo de sostenimiento le permitían estudiar en la UNAL, mientras en la UdeA era beneficiaria del programa Matrícula Cero. Cuando tuvo que hacer una exposición académica sobre probióticos descubrió hacia dónde quería orientar su formación.

Al terminar la presentación, un profesor le hizo una observación sencilla: “esa exposición parece de Medicina”. El comentario le permitió reconocer que le interesaba comprender los procesos biológicos, pero también sus consecuencias en las personas.

“Me empecé a dar cuenta de que no quería ser solo una ingeniera biológica y estar en un laboratorio, sino que me moría por atender a ese paciente”, cuenta.

Decidió entonces retirarse de Química y presentarse a Medicina en la UdeA. Fue admitida en el primer intento y empezó a cursarla mientras continuaba Ingeniería Biológica en la UNAL.

“Fui la persona más feliz. Cuando empecé Medicina veía que los conceptos que había aprendido en Ingeniería Biológica tenían una consecuencia en el ser humano”, anota.

Un intercambio que abrió el camino hacia la investigación en cáncer

Un año después, mientras cursaba Medicina y estaba a dos semestres de graduarse de Ingeniería Biológica, Mayerly se presentó a un intercambio académico en Canadá que incluía una beca de sostenimiento, y además le permitía fortalecer su inglés.

La noticia llegó el 21 de junio de 2023, día de su cumpleaños. “No sé quién lloró más, si mis papás o yo. En ese momento sentía que no le podía pedir nada más a la vida: tenía un intercambio y ya casi iba a terminar Ingeniería Biológica”, señala.

Para ella la oportunidad no surgió de la nada. Su paso por el Laboratorio de Citogenética de la UNAL Sede Medellín le había permitido aprender sobre cariotipos y cromosomas, y especialmente adquirir experiencia en cultivos celulares, una formación que resultaría clave para abrirse camino en investigación.

Con la beca asegurada, empezó a buscar profesores de la Universidad Concordia, en Montreal, con quienes pudiera investigar durante su tiempo libre. Así llegó a la profesora Elena Kuzmin, investigadora en cáncer de mama triple negativo, a quien le escribió para ofrecerse como voluntaria en su laboratorio.

Además de invitarla a su curso sobre evolución del cáncer, la profesora Kuzmin le abrió un espacio como voluntaria en su laboratorio. Durante los 6 meses del intercambio Mayerly aprendió técnicas de modificación genética celular, el uso de CRISPR (una herramienta que permite editar el ADN de manera precisa) y microscopía de fluorescencia para observar procesos celulares, conocimientos que hoy aplica en sus investigaciones.

Al llegar descubrió además que otros estudiantes de la UNAL ya habían pasado por la Universidad Concordia y que su desempeño había dejado una referencia positiva entre los investigadores de dicha institución.

“Fue muy hermoso saber que el nombre de la Universidad Nacional de Colombia me había abierto esas puertas. Cuando terminamos la carrera no solo estamos aprovechando una oportunidad para nuestro futuro, sino que también tenemos la responsabilidad de dejar el nombre de la Universidad en alto para que quienes vienen detrás tengan esas mismas oportunidades”, afirma.

Al terminar el intercambio encontró en Canadá un modelo que reunía la investigación y la medicina, justamente los dos caminos que había buscado en Colombia. Le llamó especialmente la atención la posibilidad de que los médicos combinaran la práctica clínica con el trabajo científico.

Seguir avanzando

Mayerly regresó a Colombia a finales de 2023, terminó su Maestría en Ingeniería Biológica en la UNAL y buscó una nueva oportunidad para continuar investigando en Canadá. Se postuló a dos programas de Mitacs, una organización que promueve pasantías de investigación para estudiantes internacionales, y fue seleccionada en ambos.

“Desde que llegué a Canadá muchas personas han revisado mis aplicaciones y han creído en mi potencial y confían en mí para estar acá haciendo investigación y aportando a la ciencia”, reflexiona.

La decisión implicó dejar los estudios de Medicina que adelantaba en Colombia. Desde entonces realiza dos nuevas pasantías de investigación: la primera, nuevamente en la Universidad Concordia con Elena Kuzmin, y la segunda en la Universidad McGill, en donde ha encontrado la posibilidad de acercar aún más los dos campos que han marcado su trayectoria: la investigación y la medicina.

Hoy, a más de 4.000 kilómetros de su natal Barbosa, Mayerly realiza la Maestría en Cáncer Ginecológico en la Universidad McGill, financiada por el Gobierno canadiense. Allí desarrolla una investigación con muestras tumorales de pacientes, la cual busca anticipar su respuesta a la quimioterapia.

“Allí se tiene en cuenta no solo la capacidad académica de los estudiantes, sino también su capacidad para buscar oportunidades, y eso es justamente lo que nos da la UNAL”, afirma.

Su objetivo más próximo es estudiar Medicina en Canadá y continuar una trayectoria en la que pueda combinar la atención de pacientes con la investigación del cáncer.

Desde su experiencia, Mayerly les deja una recomendación a quienes buscan oportunidades para continuar su formación fuera del país, como lo hizo ella hace algunos años.

“¡Pregunte! Oportunidades hay, pero pregunte. Las personas de la Oficina de Relaciones Interinstitucionales (ORI) están para orientarlo. Siento que soy un ejemplo de que uno sí puede hacer lo que se proponga, pero hay que hacer las cosas. Nada llegará si uno permanece sentado. Las oportunidades están ahí, y son muchas”, concluye.

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