Tomate, cebolla, cilantro y pimentón cultivados dentro de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Bogotá ya abastecen parte de los más de 5.000 almuerzos que se sirven diariamente en el campus. El modelo combina producción agrícola, reciclaje de residuos orgánicos y tecnologías para ahorrar agua.
La estrategia, que forma parte del proyecto de economía circular liderado por la Facultad de Ciencias Agrarias y la Dirección Nacional de Bienestar de la Sede Bogotá, ya responde a pedidos de hasta 300 kilos de cebolla cada 15 días y mantiene una producción semanal de tomate, cilantro y pimentón destinada a los 10 comedores de la Sede.
El profesor Nicolás Duarte Cano, de la Facultad de Ciencias Agrarias, afirma que la producción semanal alcanza hoy cerca de 180 kilos de tomate larga vida y 30 kilos de tomate San Marzano; a estos se suman unos 60 kilos de pimentón y 20 kilos de cilantro que se entregan a los comedores universitarios según la demanda.
Así, el proyecto ha logrado consolidar una dinámica constante de abastecimiento a partir del trabajo conjunto entre estudiantes, docentes y personal administrativo.
Actualmente la Sede Bogotá dispone de 3,5 invernaderos destinados a cultivos para abastecimiento interno. Aunque la Facultad de Ciencias Agrarias cuenta con un predio más amplio, varias de sus áreas siguen destinadas a investigación, extensión y procesos de formación académica.
Así funciona la economía circular en los invernaderos de la UNAL
La iniciativa articula procesos de economía circular mediante el aprovechamiento de residuos orgánicos provenientes de zonas verdes y restaurantes universitarios. Dichos materiales se envían a una compostera instalada en el área de invernaderos, en donde se transforman en abono para mejorar las condiciones del suelo y fortalecer los cultivos.
Además del compostaje, la iniciativa incorpora un biodigestor que procesa residuos orgánicos mediante descomposición anaerobia, es decir que estos se degradan sin presencia de oxígeno.
Bajo este modelo, el sistema genera tres productos: gas para calefacción de los invernaderos durante las noches frías, fertilizante líquido para los cultivos y lodos que posteriormente se usan para mejorar las condiciones del suelo.
“Parte de los residuos de los restaurantes llegan a la compostera y acá generamos el compost que luego incluimos en los suelos para mejorar la producción. Incluso lo usamos para levantar el nivel de algunas zonas del invernadero y evitar inundaciones”, señaló el profesor Duarte.
También se utilizan herramientas tecnológicas para optimizar el uso de agua en los cultivos. Con apoyo de la Dirección Nacional de Bienestar se instalaron estaciones meteorológicas que permiten medir en tiempo real variables asociadas con el consumo hídrico y determinar la cantidad exacta de riego requerida por las plantas.
Ese monitoreo permite ajustar el riego según las necesidades de cada cultivo y reducir desperdicios de agua frente a escenarios de variabilidad climática y escasez hídrica.
La estrategia es relevante en un contexto en el que la agricultura consume cerca del 70 % del agua dulce mundial, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
Así mismo, organismos internacionales han advertido que los sistemas tradicionales de riego pueden desperdiciar hasta el 60 % del recurso hídrico, mientras que tecnologías de monitoreo y riego tecnificado reducen significativamente esas pérdidas.
Los invernaderos también cuentan con sistemas hidropónicos para producir hortalizas de hoja mediante canales de agua con nutrientes recirculados. Este modelo reduce el desperdicio hídrico y acelera los tiempos de cultivo, pues una lechuga puede estar lista en 3 o 4 semanas, mientras que en suelo el proceso puede tardar hasta 2 meses.
La otra apuesta agrícola de la UNAL
En la iniciativa también participan permanentemente estudiantes, más de 130 de ellos vinculados a programas de promotores de convivencia y corresponsabilidad, quienes desarrollan diferentes actividades dentro del proyecto.
A ellos se suman 8 estudiantes auxiliares contratados, especialmente de Ciencias Agrarias, aunque también participan jóvenes de Ingeniería Agrícola, Biología y otros programas.
El proyecto busca ampliar su alcance mediante la articulación con el Centro Agropecuario Marengo de la UNAL, desde donde ya se han trasladado productos como huevos, leche, cebolla puerro y feijoa para procesos de comercialización y abastecimiento interno.
Desde allí estudiantes de cursos avanzados trabajan en cultivos como la uchuva en condiciones abiertas de producción agrícola, a diferencia de los procesos desarrollados en invernaderos dentro de la sede Bogotá.
Estos espacios permiten que los jóvenes enfrenten variables reales de producción como cambios climáticos y sostenimiento de cultivos a la intemperie, como parte de su formación práctica en ciencias agrarias.
Con el fortalecimiento de los invernaderos y los procesos desarrollados en Marengo, la UNAL busca ampliar su capacidad de abastecimiento interno mediante modelos agrícolas con menor consumo de agua y aprovechamiento de residuos orgánicos.