El Niño de 2024 evidenció la vulnerabilidad de una de las principales zonas arroceras del país

Durante el fenómeno de El Niño de 2023-2024 una de las principales zonas arroceras de Colombia perdió el 21 % de su área cultivada. El impacto, registrado en municipios de Tolima como Flandes, El Espinal y Guamo, afectó principalmente los cultivos de arroz, maíz y soya. El hallazgo ofrece una base científica para anticipar los efectos de futuras sequías sobre la producción agrícola del país.

El Ministerio de Agricultura reportó más de 40.000 hectáreas de cultivos afectadas por el déficit hídrico causado por el fenómeno de El Niño de 2023-2024, mientras que diferentes regiones registraron pérdidas en productos como arroz, café, yuca, piña y ñame.

Por eso conocer cómo respondió una de las principales regiones arroceras de Colombia ofrece información valiosa para planificar medidas de adaptación si en los próximos meses se vuelve a presentar un evento de gran intensidad.

Mediante dos tipos de imágenes satelitales —PlanetScope y Sentinel 2—, el docente Luis Joel Martínez, de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), evaluó los cambios en las hectáreas cultivadas en los municipios de Flandes, El Espinal y Guamo como consecuencia de El Niño de 2024.

Los resultados evidenciaron una disminución de las áreas cultivadas entre enero y abril de 2024, lo que concuerda con la caída de las lluvias que comenzó aproximadamente en noviembre de 2023 y se prolongó hasta abril de 2024. Según explica el profesor Martínez, el área estudiada forma parte de un distrito de riego, lo que permite sembrar durante todo el año.

Los 3 municipios conforman uno de los corredores agrícolas más importantes del país. Esta zona concentra una parte significativa de la producción arrocera nacional y cuenta con uno de los principales distritos de riego de Colombia, lo que permite mantener cultivos durante buena parte del año. Según la Agencia de Desarrollo Rural (ADR), solo El Espinal registraba más de 13.000 hectáreas sembradas con arroz, además de extensas áreas dedicadas al maíz y al mango, lo que evidencia el peso de esta región en la economía agrícola nacional.

La reducción de las lluvias y del caudal de los ríos durante el fenómeno de El Niño disminuyó la disponibilidad de agua para los distritos de riego de la zona estudiada. Las imágenes satelitales mostraron que la tierra sin sembrar —conocida como barbecho— aumentó un 83 % entre febrero y abril de 2024.

“Para analizar el impacto decidimos estudiar un año sin fenómeno de El Niño (2023) y otro en el que sí se presentó (2024). Encontramos una disminución del área sembrada, y por lo tant, de la producción, como resultado de la menor disponibilidad de agua para riego, lo que impacta directamente la economía de una zona agrícola”, explica el profesor Martínez.

Urge adaptar los cultivos al fenómeno de El Niño

La investigación busca generar herramientas que ayuden a la agricultura colombiana a adaptarse a fenómenos climáticos cada vez más frecuentes e intensos. Para ello, el monitoreo mediante imágenes satelitales permitió seguir el comportamiento de los cultivos antes y durante el fenómeno de El Niño.

Para convertir millones de píxeles satelitales en un mapa útil —que distinga qué zonas tienen cultivo, cuáles están en barbecho y cuáles son suelo desnudo— el equipo usó Support Vector Machine (SVM), un modelo de aprendizaje automático (machine learning) ampliamente utilizado en el análisis de imágenes satelitales agrícolas.

Su función es “aprender” a diferenciar categorías a partir de ejemplos ya confirmados en el terreno; los investigadores le mostraron al modelo casos reales, verificados en las visitas de campo, sobre cómo se ve un cultivo sano, un cultivo en barbecho o un suelo desnudo en la firma espectral que capta el satélite.

Con esa información, el algoritmo traza un límite matemático óptimo que separa esas categorías entre sí y luego lo aplica a todas las imágenes del área de estudio, clasificando automáticamente cada punto del territorio. Es, en esencia, un método para que la máquina reconozca patrones que el ojo humano vería en el terreno, pero aplicado a decenas de miles de hectáreas a la vez y de forma sistemática en distintos momentos del tiempo.

Los resultados también determinaron que los cultivos presentaron estrés hídrico (falta de agua en las plantas para realizar sus funciones), medido a través del Índice de Diferencia Normalizada de Agua (NDWI), que permite monitorear el contenido de humedad de las plantas mediante imágenes satelitales.

“En 2024 las áreas que presentan valores muy cercanos a cero —es decir, con muy poco contenido de humedad— son mucho más extensas que aquellas de 2023”, explica el docente Martínez.

Para el docente el gran reto consiste en lograr una mayor adaptación al fenómeno de El Niño que se estima seguirá siendo cada vez más intenso con el pasar de los años, lo cual es relevante debido a que se espera que en los próximos meses Colombia enfrente lo que expertos han denominado como “el súper niño”.

“Para eso es necesario planificar la agricultura. Semillas mejoradas genéticamente que produzcan plantas con menos requerimiento de agua y sistemas de riego más eficientes”, concluye el docente.

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