Energías del mar y del río Magdalena transformarían el acceso al agua y la electricidad en el Caribe

Aprovechar el movimiento de las olas, las diferencias de temperatura del océano o el contraste entre el agua dulce del río Magdalena y el mar ya no es una idea lejana. Investigadores de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), en alianza con otras instituciones, han desarrollado pruebas piloto y estudios que muestran cómo estas fuentes podrían generar energía suficiente para abastecer al Caribe colombiano, y al mismo tiempo desalinizar agua y abrir nuevas oportunidades productivas en zonas costeras.

Colombia enfrenta un momento crítico en materia energética. La Asociación Nacional de Empresas de Servicios Públicos y Comunicaciones (Andesco) advirtió que en 2026 el país registraría un déficit de gas natural, que pasaría del 23 % estimado a cerca del 39 %, lo que refleja un desbalance creciente entre la oferta y la demanda de energía.

A esto se suman alertas sobre la necesidad de diversificar las fuentes disponibles y reducir la dependencia de combustibles fósiles en un sistema aún vulnerable a factores climáticos, limitaciones de infraestructura y presiones sobre el abastecimiento.

En este escenario, avanzar hacia nuevas alternativas energéticas no es solo una apuesta tecnológica, sino una necesidad urgente para garantizar la seguridad energética del país y responder a las demandas de regiones que enfrentan dificultades de acceso a energía y agua potable.

“Colombia tiene un potencial enorme en energías marinas que todavía no se ha aprovechado”, afirma el profesor Andrés Fernando Osorio Arias, de la Facultad de Minas de la UNAL Sede Medellín. Por ejemplo, en el Caribe confluyen condiciones favorables para desarrollar tecnologías basadas en gradientes de salinidad y temperatura, mientras que en el Pacífico se destacan las energías de olas y mareas.

Tales alternativas, aún en desarrollo, se perfilan como una opción estratégica para diversificar la matriz energética del país, ya que permitirían responder a desafíos históricos de regiones con alta vulnerabilidad hídrica y energética.

Uno de los puntos más relevantes está en el río Magdalena, en donde la diferencia entre el agua dulce del río y el agua salada del mar permite generar electricidad. Este fenómeno ubica a Colombia entre los lugares con mayor potencial en el mundo para este tipo de aprovechamiento energético, con una capacidad estimada cercana a los 800 megavatios, equivalente a una tercera parte de Hidroituango. Este potencial se concentra especialmente en la zona de Bocas de Ceniza, en donde se encuentran el río y el mar Caribe.

El profesor Osorio ha sido uno de los investigadores que ha trabajado en este campo. En el desarrollo de estas iniciativas ha logrado avanzar en pruebas piloto que permiten evaluar el comportamiento de estas tecnologías en condiciones reales del país, especialmente en Bocas de Ceniza. De hecho, en este punto se instaló el primer piloto de energía por gradiente salino en Latinoamérica, desarrollado en alianza con la Universidad del Norte y con apoyo de Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación.

Estos sistemas funcionan a partir de principios físicos que transforman las diferencias de salinidad en energía eléctrica mediante procesos como la electrodiálisis inversa o la presión osmótica. En este caso, la energía se obtiene del intercambio natural entre el agua dulce del río y el agua salada del mar, que genera un flujo de iones capaz de producir electricidad cuando atraviesa membranas especialmente diseñadas para este fin. Aunque su implementación aún afronta retos técnicos y económicos, los avances recientes muestran que su desarrollo es viable en el contexto colombiano.

Un enfoque integral

Más allá de la generación de electricidad, uno de los aportes más importantes de estas investigaciones es su enfoque integral. La energía producida se podría utilizar para desalinizar agua de mar, lo que resulta fundamental en regiones como La Guajira o el archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, en donde el acceso al agua potable es limitado.

Además, permitiría fortalecer actividades como la acuicultura, la agricultura en condiciones controladas y el desarrollo de nuevos bioproductos como alimentos, insumos agrícolas o compuestos obtenidos a partir de organismos vivos, abriendo así la posibilidad de articular energía, agua y producción en un mismo sistema, con beneficios directos para las comunidades.

En ese sentido, el profesor Osorio ha insistido en que “estas tecnologías no se deben entender aisladamente sino como parte de sistemas más amplios que integran energía, agua y producción. No se trata solo de generar electricidad, sino de aprovechar estas fuentes para resolver problemas de agua y desarrollo en las regiones costeras”. Este enfoque permitiría que las regiones costeras no solo generen electricidad, sino que además mejoren su seguridad hídrica y alimentaria.

Otro de los frentes de la investigación se centra en el aprovechamiento de las diferencias de temperatura del océano, especialmente en zonas del Caribe en donde el agua superficial es más cálida que la de las profundidades. Este gradiente térmico se puede transformar continuamente en energía, lo que representa una ventaja frente a otras fuentes renovables que dependen de condiciones variables. A diferencia de la energía solar o eólica, estas fuentes pueden operar de forma más estable, lo que las convierte en una opción complementaria para el sistema energético.

Así, el mar y los ríos dejan de ser solo paisajes o rutas de transporte para convertirse en fuentes estratégicas de energía y desarrollo. Las investigaciones de la UNAL abren una puerta para que Colombia diversifique su matriz energética, reduzca su impacto ambiental, y al mismo tiempo atienda necesidades urgentes de las comunidades más vulnerables. Ahora el reto es escalar estas tecnologías y articularlas con políticas públicas que impulsen su implementación en el país.

El profesor Osorio ofreció estos aportes al tema en el ABC publicado en Periódico UNAL.

Contenido elaborado por: Universidad Nacional de Colombia

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