Miguel Ángel Villa, el mejor puntaje del examen de la UNAL Sede Medellín

Tiene 20 años, vive en el barrio Belalcázar (comuna 5 de Medellín), y su gusto por las ciencias exactas lo llevó a obtener el mejor puntaje en el examen de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín, en donde Miguel Ángel estudiará Ingeniería Física, una carrera con la que espera aportar a futuro al desarrollo de las energías renovables en el país.

Cuando se graduó del colegio, en el barrio Girardot, Miguel Ángel ya tenía currículum de excelencia: 443 puntos en el Icfes, una condecoración institucional y varias becas disponibles. Pero la UNAL, a la que siempre quiso ingresar, no era una de las opciones, pues debía presentar el examen de la Institución, y en ese momento no le fue posible.

A pesar de tener becas disponibles no pudo estudiar, pues fue diagnosticado con trastorno del espectro autista nivel 1, lo que coloquialmente se conoce como síndrome de Asperger. Esto lo llevó a un estado de negación, y necesitó tiempo no solo para estudiar, sino también para entenderse.

Sin embargo, su colegio se convirtió en refugio, su madre lo apoyó en cada momento, y él, en sus propias palabras, “tuve que aprender a no sentirme como un marciano viviendo en la Tierra”.

El mejor resultado fue el personal

Miguel Ángel no llegó al diagnóstico médico por curiosidad, sino porque sentía que algo en su manera de estar en el mundo pedía explicación. Cuando la respuesta llegó, lo primero que sintió no fue alivio.

“Aceptar que en cierta forma se es distinto, es decir, que no se es neurotípico, no es fácil”. Sus profesores de la Institución Educativa Sor Juana Inés de la Cruz (las materias que más le gustaban eran matemáticas, ciencias y sociales) lo acompañaron a cruzar esa etapa, no con discursos complejos sino con la insistencia diaria en que su gusto por la ciencia, la lógica formal y la historia colombiana era real y valía la pena perseguirlo.

¿Cómo le explicaría a alguien lo que es vivir con Asperger? Su respuesta no suena a manual clínico sino a una experiencia que fundamenta su día a día: “es como ver el mundo de una manera más sistemática y lógica, un poco más fuera de lo común en el pensamiento”, expresa Miguel Ángel.

El síndrome de Asperger es un trastorno que les dificulta a las personas leer las señales sociales, es decir mirar a los ojos, entender un chiste, y saber cuándo hablar o callar, pero suelen tener intereses muy intensos en temas puntuales.

Hoy ya no se diagnostica por separado, sino que se considera como parte del espectro autista y nadie sabe con certeza qué lo causa, aunque se piensa que es por una combinación entre variables genéticas, herencia familiar o desarrollo fetal. Algunos personajes famosos que han hecho público su diagnóstico son el actor británico Anthony Hopkins; el empresario y dueño de la red social X, Elon Musk; y la activista ambiental Greta Thunberg, entre otros.

El primero de su familia en estudiar en la UNAL

La mamá de Miguel Ángel, Claudia Elena Mejía Buriticá, se dedicaba a la costura pero hoy no puede trabajar por una enfermedad que le afecta gravemente la columna. Para ella la noticia de que su hijo fue admitido a la UNAL la llenó de orgullo, pues siempre confío en sus capacidades y dedicación:

En su familia nadie había estudiado en la UNAL; recuerda que un familiar lejano sí se gradúo de Contaduría, mas no en qué institución, y esa es la referencia más cercana que tiene de alguien en la academia.

En la comuna 5 nunca ha sobrado la plata, como él indica, “he tenido que sortear dificultades socioeconómicas, y mi barrio también ha estado marcado por la violencia”.

Antes de decidirse por estudiar de tiempo completo intentó trabajar en restaurantes de comida rápida pero no le funcionó, pues su diagnóstico no le jugó a favor con la exigencia de atender clientes a toda velocidad. Pero dejar el trabajo no fue un fracaso, sino otra vez la misma lección de que es importante encontrar el lugar en donde uno encaja tal como es, sin forzarse a pertenecer.

Cuando por fin presentó el examen de admisión —que fue su primer intento— le resultaron sencillos los análisis de imagen y las matemáticas, mientras que química fue todo un reto. Los meses de espera antes del resultado los describe como “una etapa un poco gris, oscura. La angustia previa al examen y la angustia del día del resultado”.

“Y entonces llegó la noticia. Al principio era difícil creerlo. Luego se siente una gran alegría, pues fue un momento en donde no lo esperaba”.

Aunque dudó entre Matemáticas e Ingeniería Física ganó la física, porque quiere que su vocación teórica sea llevada a una aplicación directa: “dentro de mi proyecto de vida está poder encontrar maneras de aportar para que nuestra sociedad sea sostenible; las energías renovables me entusiasman y también el trabajo que la UNAL está desarrollando en biomedicina, un camino que querría explorar más adelante, ya adentro de la carrera”.

El mensaje que Miguel Ángel les deja a quienes hoy están donde él estaba, es decir recién diagnosticado y sin saber todavía cómo abordarlo, es el siguiente:

“Busque principalmente aceptar y entender que usted no tiene que encajar en algo que no es… que es importante conocerse, entender el porqué de ciertas cosas y por qué se siente distinto, y que eso no está mal, pues la normalidad es un concepto social”, asegura el joven Villa.

Hoy, mientras espera el inicio de clases y se informa sobre la que ahora será su segunda casa, Miguel Ángel asegura que tiene bastante expectativa y espera, “poder encajar bien”.

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