En municipios como Rivera, Hobo, Neiva y Gigante, una investigación de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) demostró que cuando hay más murciélagos en las plantaciones de cacao estos las protegen en la noche de plagas de artrópodos, disminuyendo la abundancia de algunos bichos como la chinche del cacao, insecto que puede acabar con hasta el 80 % de la cosecha en pocos meses.
La chinche del cacao (Monalonion spp.) no muerde la hoja sino que clava su aparato bucal en el tejido de la planta y le succiona la savia arruinando cultivos enteros y obligando a muchos productores a recurrir a insecticidas. Sin embargo en el Huila hay fincas que llevan años haciendo ese control de otra forma, sin gastar un solo peso en químicos: dejando que los murciélagos hagan el trabajo nocturno.
Así lo confirmó el biólogo Brayan Franco Guayazán, magíster en Biología de la UNAL, en una investigación dirigida por la docente Olga Lucía Montenegro Díaz, del Instituto de Ciencias Naturales (ICN) de la UNAL, y Carolina Ocampo Ariza, de la Universidad Técnica de Darmstadt (Alemania), con financiación de la iniciativa Conservación Internacional de Murciélagos.
Durante un año, el experto Franco recorrió 12 fincas cacaoteras —4 monocultivos sin sombra, 4 con sombra simple y 4 con sombra compleja—, además de 4 relictos de bosque seco tropical que sirvieron como punto de comparación.
En cada uno de esos 16 sitios el investigador pasó 6 noches —3 en época seca y 3 en lluviosa— tendiendo redes de niebla durante 6 horas continuas, desde las 6 de la tarde hasta la medianoche, y revisándolas cada media hora para no lastimar a los animales atrapados. En total sumó 96 noches de trabajo y cerca de 46.656 horas-red de esfuerzo, con las que capturó 1.317 murciélagos de 25 especies.
Pero contar los murciélagos no prueba que ellos estén ayudando, por lo que, en 6 fincas que no usan insecticidas, el magíster instaló mallas de pesca alrededor de algunas plantas de cacao durante 8 semanas, las cuales dejaban pasar a los insectos mas no a los murciélagos, que solo podían entrar de día.
Así evidenció que mientras los murciélagos no hacían su ronda nocturna la cantidad de artrópodos, algunos potencialmente plagas, se duplicó en las plantas (2,06 veces más que en las plantas control y 2,25 veces al bloquear también aves y otros depredadores), y el daño en las hojas aumentó entre 2,2 y 4 puntos porcentuales.
Además, cuanta más actividad de los murciélagos se registraba sobre una planta, medida con detectores de ecolocalización (el “radar” con el que cazan), menos plagas y menos daño había, especialmente entre los hemípteros, el grupo de la chinche del cacao y el más reactivo de todos.
“Los murciélagos no están controlando insectos al azar, sino que estarían ejerciendo una presión dirigida sobre los grupos que representan riesgos fitosanitarios para el cultivo”, explica el investigador Franco.
El patrón hallado en el Huila coincide con lo reportado en cacaotales de Perú, Brasil, Indonesia y Camerún. En Perú, murciélagos y aves juntos han llegado a incrementar el rendimiento del cultivo hasta en un 119 %.
Ese respaldo natural le cae bien al cuarto departamento de Colombia con mayor producción de cacao, pues la Federación Nacional de Cacaoteros reporta que en esta región se producen 5.137 toneladas anuales en unas 7.000 hectáreas. Además, su grano es valorado por su fino sabor y aroma y sus bajos niveles de cadmio. Un control de plagas gratuito es una ventaja adicional para su exportación.
No cualquier sombra sirve
Antes del experimento con mallas, el biólogo comparó la diversidad de murciélagos desde monocultivos sin sombra hasta cultivos con sombra densa, con el bosque como referencia. El bosque siempre tuvo más especies que cualquier cacaotal, pero la exigencia subió al medir qué tan variados eran los roles de esas especies (cuáles cazan insectos, cuáles son grandes, cuáles necesitan espacio para maniobrar): solo los cultivos con más del 60 % de sombra y con árboles de alturas y grosores distintos (plátano, poro, melina, guayabo, mango) lograron una variedad comparable a la del bosque.
Esto es importante, ya que para los murciélagos un cacaotal con árboles jóvenes y parejos es como un edificio de un solo piso: sirve para poco más que pasar de largo, mientras que uno con árboles de distintos tamaños ofrece “pisos” diferentes —huecos para dormir de día, ramas bajas para cazar cerca del suelo, copas altas para volar libremente—, y eso es lo que atrae y sostiene a más especies.
“Aquí cambia la conversación, pues ya no se trata solo sembrar árboles, sino de sembrarlos bien. Los más sensibles en esta situación fueron los murciélagos insectívoros y los de mayor tamaño corporal, es decir los mismos protagonistas del control de plagas”, resume el magíster de la UNAL.
Además, la especie con mayor actividad registrada fue Pteronotus fuscus, cuyo sistema de ecolocalización está afinado para detectar presas en vegetación compleja, y que, según estudios previos, se alimenta principalmente de hemípteros, escarabajos, moscas y mariposas nocturnas.
El bosque seco tropical es uno de los ecosistemas más amenazados de Colombia y hasta ahora no existían estudios sobre cómo el manejo de la sombra afecta a sus murciélagos, pues casi todo lo que se sabía venía de los bosques húmedos. “Esta es la primera investigación en el país sobre ese servicio en el bosque seco tropical”, señala el biólogo.
Los fragmentos de bosque funcionan como una fuente de recarga de especies para los cultivos vecinos, y sin ellos, incluso el cacaotal mejor diseñado tiene un techo de diversidad que no puede superar.
Si la investigación se tradujera en una sola recomendación, según el biólogo de la UNAL sería la siguiente: dejar de tratar el bosque y el cultivo como usos de suelo en competencia, y empezar a diseñarlos como un mismo sistema. Para el productor eso significa mantener sombra superior al 60 % con árboles de distintas alturas, y para quien diseña política ambiental significa entender que ese esfuerzo rinde mejor si hay cerca un bosque conservado con el que el cultivo se pueda conectar.