A sus 24 años, Nicolás Pineda, estudiante del pregrado en Guitarra Clásica de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), alcanzó uno de los logros más importantes de su carrera: ganar el Premio Nacional Universitario de Guitarra “Sonoridades del Territorio” 2026, realizado en Popayán.
El certamen reunió a algunos de los mejores guitarristas universitarios del país, y allí, el estudiante del Conservatorio de Música de la UNAL se destacó por su solidez técnica, madurez interpretativa y sensibilidad artística, cualidades que le dieron el primer lugar frente a estudiantes de instituciones como la Universidad de los Andes.
Para Nicolás, el logro representa la culminación de un proceso que comenzó más de una década atrás. Empezó a tocar guitarra a los 13 años, guiado por su primer profesor, Mauricio Cardona, amigo cercano de su familia. Aunque creció en un hogar donde la música no era una profesión, sí encontró allí el apoyo para seguir un camino poco convencional.
“Soy el único músico de mi familia”, cuenta. Su padre trabaja como conductor y escolta; su madre trabajó durante años en casas de familia y hoy está retirada. La única conexión musical más cercana venía de su abuelo materno, oriundo del Tolima, quien tocaba tiple.
Ingresó al Conservatorio de Música de la UNAL en 2019, primero al programa básico, una etapa preparatoria para acceder al pregrado. Tras tres semestres de formación, logró entrar formalmente a la carrera, justo cuando la pandemia obligó a trasladar la enseñanza musical al entorno virtual.
A pesar de ese desafío, su formación continuó y se fortaleció con distintos maestros. Además, en 2024 realizó un intercambio académico en Brasil gracias a una beca, en la Universidad Federal de Ouro Preto, en Minas Gerais.
“Lo que más me llama la atención es la música latinoamericana. Tenemos una riqueza cultural y social muy fuerte. La manera en la que reinterpretamos el instrumento en Latinoamérica es lo que más me interesa”, explica el estudiante Pineda.
En esa búsqueda encontró referentes fundamentales como Gentil Montaña, Heitor Villa-Lobos y Antonio Lauro, compositores que expandieron las posibilidades del instrumento hasta convertirlo, en palabras de Nicolás, en “una pequeña orquesta”.
“Es un instrumento muy versátil, capaz de hacer muchísimas voces en simultáneo”, afirma.
Su participación en el concurso comenzó con una fase clasificatoria por video. Cada participante debía presentar piezas contrastantes y una obra colombiana escrita originalmente para guitarra. Nicolás fue seleccionado como finalista entre estudiantes de varias universidades del país y tuvo apenas una semana para organizar el viaje a Popayán.
Allí enfrentó dos rondas: una audición privada ante jurados internacionales y un recital de gala en el paraninfo Francisco José de Caldas de la Universidad del Cauca. Dentro de su repertorio interpretó El bambuco, de la Suite Colombiana No. 4 de Gentil Montaña.
Nicolás asegura que viajó sin la expectativa de obtener la victoria: “yo no me fui pensando en que iba a ganar. Estando allá, la experiencia ya era maravillosa. Ganar fue un regalo más”.
Una historia de legado
Décadas antes de que Nicolás obtuviera este reconocimiento, la maestra Irene Gómez, del Conservatorio de Música de la UNAL, abría un camino que apenas comenzaba a existir en la universidad. Ingresó al conservatorio en 1988 y se convirtió en la primera egresada de la cátedra de guitarra, una carrera aprobada apenas dos años antes.
Tras graduarse, y siguiendo la escuela del profesor Ramiro Isaza -fundador de la carrera en guitarra clásica- continuó su formación en Francia, donde estudió en París con reconocidos maestros internacionales y obtuvo la medalla de oro en el Conservatorio Claude Debussy. Posteriormente desarrolló una sólida trayectoria como concertista, con presentaciones en Europa, Estados Unidos, Canadá y América Latina, además de una amplia labor docente y discográfica.
Hoy, desde el aula, ve en sus estudiantes la continuidad de una historia que ayudó a construir. Por eso el triunfo de Nicolás tuvo un significado especial.
“Fue una linda sorpresa que hubiera ganado ese premio”, afirma la docente, quien cuenta con varios discos de estudio lanzados a lo largo de su carrera.
La maestra destaca que el reconocimiento llegó poco después de un exigente recital de grado, en el que Nicolás interpretó cerca de hora y media de repertorio de memoria, incluyendo obras de Johann Sebastian Bach de alta complejidad técnica y musical. Por ello considera que el premio llega en un momento totalmente merecido.
Añade que dedicarse a la guitarra clásica no implica únicamente alcanzar excelencia interpretativa; también significa sostener una forma de resistencia cultural en una época en la que las artes suelen ser subestimadas. A su juicio, ejercer esta profesión exige convicción, disciplina y una defensa constante del valor de la formación artística dentro de la sociedad.