Primer colombiano en ingresar a la Academia Americana de Enfermería es egresado de la UNAL

“Este logro no es solo mío. Es el resultado del camino que tantas enfermeras colombianas, muchas de ellas invisibilizadas y silenciadas, abrieron antes que nosotros”, afirma Daniel Felipe Suárez Baquero, el primer enfermero nacido y criado en Colombia en ser seleccionado como miembro de la Academia Americana de Enfermería (FAAN), reconocida organización estadounidense.

Este hecho marca un hito para la enfermería colombiana y latinoamericana, pues la FAAN es una entidad que reúne a líderes internacionales cuyas contribuciones han transformado la investigación, la práctica clínica y las políticas de salud en torno a la enfermería en el mundo.

Fundada en 1973, dicha organización reúne a cerca de 3.000 miembros distinguidos (Fellows) de distintos países, seleccionados por sus aportes excepcionales a la investigación, el liderazgo y las políticas públicas en salud. Su influencia la convierte en una de las organizaciones más importantes del mundo para el futuro de la enfermería.

Detrás de este reconocimiento internacional hay también una historia atravesada por la desigualdad social en Colombia, pues el enfermero Suárez proviene de una familia de origen campesino marcada por el desplazamiento forzado y la violencia intrafamiliar.

Criado en el barrio Roma en la localidad de Kennedy, al sur de Bogotá, tuvo la oportunidad de acceder a una formación universitaria de alto nivel gracias al esfuerzo incansable de su madre, quien afrontó las dificultades y la precariedad económica, y nunca se rindió.

“Siendo profesora de colegio, mi mamá fue la que nos permitió a todos salir adelante”, relata. Para él, la educación pública cambió el rumbo de su familia y le permitió comprender que el mérito nunca existe desligado de las oportunidades. De hecho, ingresar a la UNAL en 2006 le dio una nueva mirada de lo que vivían miles de personas que no contaban con los recursos para sobrevivir.

“Entendí que no todos empezamos la vida o la carrera de la vida en el mismo punto. Por eso para muchas personas es más difícil poder salir adelante”, reflexiona.

Romper estereotipos desde el cuidado

El enfermero Suárez es magíster en Cuidado de Enfermería Materno-Perinatal de la UNAL; en esta Institución consolidó una trayectoria académica centrada en la salud materna, el cuidado perinatal y la generación de conocimiento aplicado al contexto latinoamericano, acompañado por maestras que marcaron profundamente su formación, como las profesoras Brunhilde Goethe y Martha Patricia Bejarano.

Desde el inicio, su decisión de estudiar enfermería fue una elección que iba contra la corriente. En un entorno en el que con frecuencia se asocia mayor prestigio a la medicina, apostó por una profesión cuya esencia, asegura, está en el cuidado y el acompañamiento.

Además, su elección implicó desafiar estereotipos de género en una profesión históricamente feminizada. Como hombre en enfermería, experimentó prejuicios que, según menciona, reflejan cómo el cuidado ha sido históricamente subvalorado por estar socialmente asociado a lo femenino.

Su vocación por el área materno-perinatal también estuvo marcada por la historia de su abuela materna, una mujer atravesada por violencias de género, maternidades impuestas y prácticas de cuidado comunitario. En ella, reconoce el origen de muchas de sus preguntas sobre parto, lactancia y salud reproductiva.

Tras graduarse, también enfrentó barreras para ejercer en el área que más le apasionaba: la maternidad. Por ser hombre, fue inicialmente relegado a servicios como urgencias y cuestionado para desempeñarse en escenarios de cuidado materno-perinatal. Lejos de desistir, esas barreras lo impulsaron a especializarse en enfermería materno-perinatal y, con el tiempo, a romper paradigmas al convertirse en uno de los primeros hombres en trabajar y liderar servicios de maternidad en hospitales de Bogotá.

Actualmente se desempeña como profesor asistente en la Universidad de Washington, donde lidera investigaciones enfocadas en partería, métodos de investigación cualitativa y teoría de enfermería. Además, es doctor en Enfermería en la Universidad de Texas en Austin.

La incorporación de nuevos miembros distinguidos, a la FAAN ocurre anualmente y culmina con una ceremonia de investidura durante la Conferencia de Políticas de Salud de la Academia, uno de sus principales espacios de discusión sobre el futuro de la enfermería y la salud pública.

Un choque de saberes

Para el enfermero Suárez, llegar a Estados Unidos también significó enfrentarse la escasa visibilidad del conocimiento producido desde América Latina dentro de la academia anglosajona.

“Tenemos todo un cuerpo de conocimientos creado desde Latinoamérica, en español o en portugués, que finalmente la academia anglosajona no reconoce porque el lenguaje universal de la ciencia es el inglés”, señala.

Esta experiencia reforzó una de las principales líneas de su trabajo académico: cuestionar las jerarquías científicas que históricamente han privilegiado al norte global, dejando por fuera saberes latinoamericanos, afrodescendientes e indígenas.

Gran parte de su investigación doctoral, de hecho, ha estado centrada en el trabajo con parteras tradicionales del Pacífico colombiano y en el reconocimiento del valor de los conocimientos comunitarios y ancestrales en salud materna y reproductiva.

Para él, más allá de un reconocimiento personal, debe entenderse como el resultado de décadas de trabajo de maestras y pioneras de la enfermería colombiana, una tradición de la que también hace parte la Escuela de Enfermería de la UNAL, con más de un siglo de historia, muchas de las cuales nunca recibieron la visibilidad que merecían.

Entre ellas destacan figuras como Nelly Garzón y María Mercedes Durán de Villalobos, referentes de la UNAL que ayudaron a abrir camino para nuevas generaciones.

“No llegué aquí solo; estoy parado en los hombros de gigantes”, afirma. Retomando una metáfora de la profesora María Mercedes Durán de Villalobos, compara la enfermería con un “camino de herradura”, una senda abierta poco a poco por quienes caminaron antes, y que hoy permite a nuevas generaciones avanzar más lejos.

“Espero no ser el último. Si estoy acá, es para abrir el camino de todos los que vienen detrás”, concluye.

Contenido elaborado por: Universidad Nacional De Colombia

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