Después de la vivencia traumática de los años ochenta, cuando a todos nos tocó vivir el horror del “no-futuro”, las fuerzas vivas de la ciudad se dieron a la tarea de fraguar un futuro con nuevas herramientas a lo largo de la década de los años noventa. Eran momentos de fractura social e institucional tal vez más profunda que aquella que la ciudad ha vivido en el período reciente.
En ese entonces se abrieron paso los Foros Comunales y los Seminarios Alternativas de futuro para Medellín y el Área Metropolitana (liderado por la Consejería Presidencial para Medellín), el Plan Estratégico de Medellín y el Área Metropolitana (convocado por la alcaldía), la Visión Antioquia Siglo XXI (impulsada por el sector privado), el Plan Estratégico de Antioquia (auspiciado por la gobernación), así como varios planes locales y zonales convocados por organizaciones sociales y comunitarias del territorio, más un largo etcétera.
Podemos afirmar que en la región se vivió una década en donde planear el futuro, de manera concertada y colectiva se expandió como buena práctica en muchos sectores sociales. Visto con las categorías de hoy, se desató un ánimo colectivo que empapó una buena parte del tejido social y contribuyó a fortalecer la gobernanza democrática territorial. Como es apenas obvio todo este arcoíris de experiencias tuvo aciertos y desaciertos, fortalezas y debilidades. De la lectura transversal de ellas pueden afirmarse algunas lecciones y aprendizajes:
- Organizaciones de la sociedad civil (OSC) activas: la condición necesaria
En un taller de evaluación de 30 años de políticas públicas en Medellín, realizado por la plataforma ciudadana ¿Pa’ Dónde vamos? (2018) emerge como constatación nítida que solo aquellas políticas que contaron con OSC en todas las fases de su desarrollo, tuvieron realmente sostenibilidad, futuro e impacto.[1] Esto es válido también para los diseños de futuros compartidos y la planeación del largo plazo y para un ejercicio real de nueva gobernanza en la ciudad: sin organizaciones de la sociedad civil presentes y sin un ejercicio genuinamente participativo y abierto a escuchar diversas voces, la convocatoria no tiene mayor alcance.
El largo plazo es el tiempo de los proyectos democráticos y no hay quizá nada tan democrático como concertar el futuro. Cuando los gobiernos lideran estas convocatorias sin una participación ciudadana definitoria, es previsible la limitación en metas y propuestas. La permanencia, el largo plazo y la madurez en los tiempos de ejecución son aportes que en su mayoría los hace la sociedad civil.
El corto plazo es el tiempo de la política y del gobierno. La agenda de un gobernante está tan determinada por el afán de realizaciones verificables, que el futuro tiende a verse como un lujo innecesario. Lo cual, por supuesto no está mal y, por el contrario, es absolutamente necesario. Todos coincidimos en el que gobernante debe aplicarse con toda su energía a concretar programas, proyectos y políticas en el período que le corresponde. Pero, si hemos de hablar de proyectos concertados de futuro, de auténtica gobernanza de la ciudad, esto deberá hacerse al lado de quienes se quedan. Los gobiernos se van. Las instituciones sociales no.
Se aprendió también, por supuesto, que la voz de la comunidad no basta. Debe estar presente y ser escuchada, pero no como verdad última, sino en diálogo con otros saberes como el académico, el institucional y el técnico, portado por actores diversos.
- El sector empresarial es agente clave
La participación del sector empresarial ha sido decisiva para garantizar la concreción de una visión compartida de futuro con aterrizaje en proyectos transformadores, hoy en plena marcha, que han permitido posicionar la cooperación pública, privada y comunitaria como una de las más sólidas entre las regiones del país.
Así se ha materializado en logros evidentes de los últimos 80 años de construcción de capital institucional de la región, como la visión de largo plazo compartida en torno al papel de EPM y su expresión en la empresa de servicios más eficientes de América Latina; la transición de un modelo de industrialización sustentado en altos niveles de protección de empresas específicas -con resultados mixtos en el bienestar colectivo – a uno orientado por el trabajo en red de empresas e instituciones en el marco de 10 iniciativas cluster, que se encuentran entre las de mayor madurez en al país; así como el trabajo de los distintos actores en el escenario del Comité Universidad – Empresa – Estado (CUUE) que ha resultado decisivo para unir esfuerzos en torno a la pertinencia de la educación, la innovación y las estrategias de desarrollo productivo sostenible.
No obstante, esta convergencia de largo plazo ha vuelto a ser puesta a prueba recientemente como consecuencia de una administración distrital que perdió el rumbo de los consensos y los transformó en estigmatización y confrontación con el sector empresarial.
Tenemos la plena convicción de que la actual transición política de la ciudad y la senda que ha seguido la región constituyen una oportunidad propicia para poner nuevamente en valor el papel de la iniciativa privada en la generación de riquezas y empleo, sobre la base del compromiso activo con las agendas públicas que construyen el bien común y que trascienden los legítimos intereses sectoriales.
- Pero el sector público es también un actor indispensable
Ante la aridez de convocatoria ciudadana que vivió la ciudad durante un largo período, grupos de OSC, provenientes del mundo académico, social y gremial, convocaron por su cuenta ejercicios para revisitar el presente, entenderlo en su complejidad y proyectar el futuro. Fueron ejercicios realmente ricos y fecundos en producción de conocimiento. Pero su impacto y su incidencia en la agenda pública fue bastante exiguo.
A pesar incluso de que se presentó a algunos de los alcaldes electos el conjunto de análisis y propuestas en torno a problemas estructurales de la región y que, como si fuera poco, y estos se comprometieran y elogiaran el paquete programático recibido, la verdad es que muy rápidamente quedaba claro que lo que primaba a la hora de las definiciones y los presupuestos eran las agendas ya previamente definidas antes de la elección con sus equipos de campaña. Esta tendencia se exacerbó, sin duda, con el proceder de la administración saliente de la ciudad.
El gobierno departamental que termina su período 2020 – 2023 es un ejemplo especial de visión moderna de la gobernanza territorial, a través de la construcción de la Agenda Antioquia 2040. La convocatoria del esfuerzo de concertación es gubernamental, así como los recursos y la dirección del proceso que, si bien cuenta con participación ciudadana, la determinación de la dinámica es oficial. Puede afirmarse que es la convocatoria para participar y deliberar sobre temas públicos más amplia que se ha hecho en la región. Pero aún está por verse su viabilidad política y su continuidad con la llegada de los nuevos gobernantes territoriales a partir de enero de 2024.
La lección es clara: sin el sector público presente como actor que toma decisiones y compromete recursos institucionales y financieros, contando sólo con el liderazgo social, la concertación no pasa de ser un ejercicio intelectual sin aterrizaje en la realidad.
- …Y el liderazgo político es el catalizador fundamental
Hemos tenido en Medellín al frente del gobierno dos tipos de actitudes que rompen con la dinámica antes expuesta.
La primera actitud es: “yo sí sé que es lo que la ciudad necesita.” Es una suerte de caudillismo autoproclamado; algunos alcaldes han declarado como innecesaria la deliberación y la concertación pues ellos tienen claridad de hacia dónde ir y lo que corresponde hacer a las demás organizaciones de la sociedad es interpretar al caudillo y seguirlo. Un ejemplo claro de esta actitud se vivió en los cuatro años de la administración que acaba de concluir.
En este contexto fue frecuente escuchar frases como: “nunca antes se había hecho algo así” o “esta es la primera vez en la historia que se piensa en esto”. Por lo regular el gobernante está rodeado de un grupo de seguidores que le confirman lo que piensa. Pero a pesar de lo caricaturesca que parezca esta situación, lo real es que, no solo opera, sino que lo hace a menudo. Hoy en día, además, con esa máquina de producir realidades fantasmales que son las redes sociales, esta actitud recibe respaldo y aplauso nutrido. Para el futuro de una ciudad, es por supuesto nefasto y se paga un alto precio por estas veleidades de los egos de gobernantes inmaduros que creen que se las saben todas y que su paso por el gobierno local es solo un paso para llegar a la Presidencia de la República.
La otra actitud, aunque parezca absurdo, es: “antes de nosotros, todo fue corrupción y desgobierno”, como se hizo visible en los últimos cuatro años de gobierno de la ciudad. En el ABC del buen gobierno figura el sabio consejo de no partir de cero, sino, por el contrario, continuar con las cosas que van bien (¡siempre hay algo que va bien enfocado y ejecutado!) y corregir las cosas que no van tan bien (¡Todo es susceptible de mejorar y corregir!). Esto no solo es lo que más conviene a la ciudad, sino al gobierno entrante mismo. Pero, cuando para ganar elecciones la estrategia utilizada es pregonar a gritos que “todo está mal”, “todo es un desastre”, “todo se lo están robando” (recuerden a Trump, campeón de este estilo), pues es evidente que, al resultar victoriosa, esta estrategia queda presa de su estilo y el gobernante no le queda más remedio que sostenerse en esta tónica. En este contexto, pierden valor los espacios de deliberación participativa y abierta en tanto que las redes sociales con sus memes, sus selfies y sus likes se vuelven el ágora preferida para exaltar la propia labor y para acallar a los críticos y despotricar, muchas veces con mentiras flagrantes, lo hecho por los antecesores.
Ambas actitudes son nefastas para el ejercicio democrático profundo. De hecho, cancelan la deliberación o solo convocan a seguidores y áulicos y acallan y desprestigian las voces críticas y reflexivas, sin las cuales realmente, no existe democracia. Infortunadamente, una parte importante del espectro político en el mundo ha captado que esta vía es más segura para ganar elecciones, que la apertura genuina a la deliberación pública.
Más que un ejercicio de gobierno, la construcción participativa y deliberativa de futuros deseados debería ser un estilo de gobernar. Hoy sigue siendo perentoria la concertación permanente y sin pausa, de las fuerzas vivas del territorio para dos tareas: el diseño de estrategias de defensa ante las tremendas amenazas de todo tipo que hoy, desde lo global, barren con lo local[1] y para el diseño y ejecución de proyectos con vocación de inclusión de todos los habitantes de la urbe, que aprovechen las ventajas del territorio y lean con inteligencia sus ventajas en sintonía con lo que el entorno ofrece.
Este ejercicio requiere dirigentes con visión de largo plazo, con la grandeza suficiente para saber que solo son un eslabón pasajero de una larga cadena. Los liderazgos políticos que conducirán la ciudad y la región por espacio de los próximos cuatro años, tendrán una oportunidad de oro para demostrar que la concreción de esta visión de grandeza es posible.
Epílogo: volver al futuro
En uno de los procesos ciudadanos ya mencionados, Medellín ¿Pa´ Dónde Vamos? llegamos a un acuerdo que sirvió de faro para dirigir las acciones: “El futuro es un bien público –de naturaleza simbólica–, que debe ser construido de manera deliberativa y participativa”. La ciudad de Medellín ha tenido períodos especialmente notables fieles a esta práctica, pero también períodos en donde han primado la cerrazón y la ceguera. En democracia, estos pasos adelante y atrás, no solo son naturales sino esperables. Esto se convierte en un llamado incesante a los demócratas constructores de ciudad, a estar siempre activos enarbolando banderas de diálogo y concertación de manera incesante y febril, ya que el pasado en sus versiones más regresivas está ahí agazapado y salta a la primera fila con el menor descuido.
Tenemos la convicción de que también llegó el momento para que en la ciudad y en la región se vuelva imperativo, como alguna vez lo señaló de manera magistral Hanna Arendt (1996), “volver al pasado con ojos de futuro”.
Referencias
Arendt, H. (1996). La crisis en la educación. En “Entre el pasado y el futuro. Ocho ejercicios sobre reflexión política”. Ediciones Península.
Fernández, R. (2018). Lecciones aprendidas sobre el diseño, implementación y evaluación de políticas públicas en Medellín – 1995 a 2017. En: 10. Lecciones_aprendidas_sobre_Políticas_Públicas_rubén_Fernández_2018_pdf.pdf (padondevamos.co)
Pineda, Saúl (2015). Gobernanza Democrática Territorial. Una aproximación analítica y cuantitativa. Tesis de grado. Maestría en Estudios Políticos e Internacionales. Facultad de Ciencia Política Gobierno y Relaciones Internacionales. Universidad del Rosario.
¿Pa’ dónde vamos? (2019). Caminos de solución. Alternativas de futuro para enfrentar problemáticas estructurales de la región central de Antioquia. Medellín.
Más información: informate@eia.edu.co
Contenido elaborado por Universidad EIA