La construcción de malocas, los tejidos tradicionales y otras prácticas de los pueblos indígenas amazónicos están sirviendo como punto de partida para fortalecer la enseñanza de las matemáticas en la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Amazonia. Una investigación muestra cómo los conocimientos transmitidos durante generaciones se pueden convertir en herramientas pedagógicas para el aprendizaje universitario.
Cuando los estudiantes de la UNAL Sede Amazonia visitaron la comunidad Tikuna de San Sebastián de los Lagos, en Leticia, para ver cómo se construye una maloca, encontraron algo más que una técnica arquitectónica tradicional. Detrás de cada medida, de la ubicación de los pilares y de la organización de los espacios identificaron formas de contar, medir y resolver problemas que se han transmitido por generaciones en los pueblos indígenas de la región.
Ese hallazgo forma parte de una línea de investigación conocida como etnomatemática, un enfoque que estudia cómo diferentes culturas utilizan conocimientos matemáticos en sus actividades cotidianas, aunque no los nombren ni los enseñen de la misma manera que en la educación formal.
En la Amazonia esos saberes aparecen tanto en la construcción de malocas como en los tejidos, la navegación por los ríos, los calendarios agrícolas y la organización de los espacios comunitarios, entre otras actividades.
La apuesta de la Universidad consiste en reconocer estas prácticas y convertirlas en herramientas que fortalezcan los procesos de enseñanza-aprendizaje.
La iniciativa es liderada por el ingeniero industrial Gustavo Artunduaga, profesor de matemáticas de la Sede, y nació cuando él tuvo sus primeros estudiantes universitarios, especialmente aquellos provenientes de comunidades indígenas.
“Comenzamos a preguntarnos cómo podíamos acercar la enseñanza de las matemáticas a los conocimientos y experiencias que los estudiantes ya traen desde sus territorios. La idea era partir de lo que conocen y reconocen en su vida cotidiana para facilitar los procesos de aprendizaje”, explica el docente.
Según el académico, una de las principales barreras radica en que muchos estudiantes llegan a la Universidad de contextos en donde el aprendizaje ocurre mediante la observación, la práctica y la transmisión oral de conocimientos, mientras que la educación formal suele apoyarse en conceptos abstractos y metodologías alejadas de sus experiencias.
La propuesta tomó forma dentro del semillero ForGames, liderado por la profesora Ana Manjarrés, coordinadora de Pregrados de la Sede. Este espacio surgió inicialmente como una apuesta para reducir las brechas entre la educación media y superior mediante estrategias innovadoras de aprendizaje.
Entre 2023 y 2024 el grupo desarrolló Niconga, una aplicación diseñada para fortalecer competencias básicas en matemáticas y lecto-escritura mediante herramientas de gamificación.
A partir de esta experiencia, el semillero amplió su campo de acción y abrió una línea orientada a analizar cómo los conocimientos matemáticos aparecen en distintos contextos sociales y culturales.
“La pregunta que orienta este proceso es muy sencilla: ¿las matemáticas están en todo lo que nos rodea? La respuesta es que sí, y que muchas veces aparecen en escenarios en donde normalmente no las buscamos”, señala el profesor Artunduaga.
Uno de esos escenarios es la construcción de malocas. Durante las visitas a comunidades indígenas, estudiantes y docentes documentaron cómo se planifican y levantan estas estructuras.
En el proceso observaron que los constructores no utilizan instrumentos de medición convencionales sino referencias corporales, conteos y patrones que garantizan la estabilidad y funcionalidad de la maloca.
Desde la mirada académica, estas prácticas permiten identificar conceptos relacionados con medición, proporción, orientación espacial y organización estructural. Sin embargo, para las comunidades se trata de conocimientos que forman parte de la vida cotidiana y que responden a necesidades culturales y comunitarias.
“Aunque los constructores de una maloca no están pensando en fórmulas o teorías matemáticas, en ese proceso sí aparecen formas de medir, contar, estimar y organizar el espacio, las cuales evidencian conocimientos construidos a lo largo de generaciones”, explica el profesor.
Los hallazgos no se limitan a las malocas
Los estudiantes también identificaron patrones matemáticos en tejidos tradicionales, procesos de cestería y otras prácticas de las comunidades amazónicas.
Uno de los resultados más importantes para el equipo investigador ha sido demostrar que los conocimientos adquiridos en los territorios se pueden convertir en aliados del aprendizaje universitario.
Esto ha permitido desarrollar estrategias pedagógicas más cercanas a las realidades culturales de la región y fortalecer el diálogo entre la Universidad y las comunidades indígenas.
Según el profesor Artunduaga, otro resultado relevante es que los estudiantes indígenas reconocen que los conocimientos presentes en sus comunidades tienen un lugar dentro de la formación académica. Al mismo tiempo, quienes provienen de contextos urbanos descubren nuevas formas de comprender el territorio y los saberes que lo habitan.
El objetivo ahora es continuar documentando estas experiencias y convertirlas en herramientas que permitan fortalecer los procesos de enseñanza en la Sede Amazonia, y eventualmente en otros escenarios universitarios.
“Buscamos construir estrategias de aprendizaje que dialoguen con las realidades de nuestros estudiantes y que permitan conectar el conocimiento académico con los saberes presentes en los territorios”, concluye el docente.