El terremoto de magnitud 7,4 registrado a las 7:34 a. m. de este lunes, con epicentro en San José del Palmar (Chocó), deja personas fallecidas y heridas, personas atrapadas y daños en edificaciones de varias ciudades del país. La Universidad Nacional de Colombia (UNAL) no reporta personas heridas, aunque evalúa afectaciones en infraestructura en las Sedes Manizales y Palmira. Expertos explican por qué ocurrió un sismo de esta magnitud y cuáles son las prioridades para enfrentar la emergencia.
El sismo de este lunes 10 de agosto es el de mayor magnitud ocurrido en Colombia durante la última década. Aunque la fuerza del movimiento resulta excepcional frente a los eventos recientes, su ocurrencia debe entenderse en el contexto de la dinámica tectónica del país.
El profesor Germán Andrés Prieto Gómez, sismólogo de la Facultad de Ciencias de la UNAL, explica que “los terremotos no se distribuyen aleatoriamente por el planeta, sino que se concentran principalmente cerca de los límites de las placas tectónicas”.
Colombia forma parte del llamado Cinturón de Fuego del Pacífico, una extensa franja que recorre Chile, Perú, Ecuador y Colombia y continúa hacia Norteamérica, Japón y Nueva Zelanda. Es precisamente en estas zonas de contacto entre placas donde se concentran algunos de los terremotos de mayor magnitud.
“Los terremotos más grandes que se esperan en el país se darían en principio en el Pacífico”, anota el experto.
Agrega que, las placas tectónicas están en movimiento permanente. Cuando dos bloques permanecen en contacto se genera deformación y se acumula energía hasta que finalmente se libera. La magnitud del terremoto depende, entre otros factores, del tamaño de la falla que se rompe y de cuánto se desplazan los bloques entre sí”, explica.
Después del terremoto principal el Sistema Geológico Colombiano ha registrado nuevos sismos en la zona de San José del Palmar y Sipí. Frente a una secuencia de este tipo surge inevitablemente una pregunta: ¿es posible saber si viene otro terremoto fuerte?
La respuesta científica es que no; el profesor Prieto advierte que “la sismología todavía no dispone de un método capaz de predecir cuándo y dónde ocurrirá un terremoto”. Lo que sí existen son sistemas de alerta temprana que detectan rápidamente un evento que ya comenzó y pueden advertir de la llegada inminente de ondas sísmicas a determinadas poblaciones.
Después del terremoto, el riesgo continúa
Una vez ocurre el terremoto, la atención deja de concentrarse únicamente en el fenómeno geológico. El problema pasa a ser qué tan vulnerable quedó el territorio y qué capacidad tienen las instituciones y las comunidades para responder.
El profesor Omár Agudelo, quien durante varios años dirigió el Centro de Estudios para la Prevención de Desastres de la UNAL, explica que la gestión del riesgo es un proceso mucho más amplio que atender una emergencia: “comprende desde la previsión y la prevención hasta la recuperación y reconstrucción posteriores. Un evento se convierte en desastre cuando impacta una comunidad vulnerable y supera su capacidad de respuesta y recuperación”.
En estas primeras horas la prioridad debe estar en proteger la vida: localizar y rescatar a las personas atrapadas, atender a los heridos y verificar que hospitales y organismos como la Cruz Roja y la Defensa Civil puedan continuar operando. Las edificaciones afectadas también deben ser evaluadas antes de volver a utilizarse.
Frente a este escenario, el Puesto de Mando Unificado (PMU) permite centralizar información y coordinar la respuesta. El profesor Agudelo anota que “la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres coordina la respuesta nacional mediante una sala de crisis, pero gobernaciones y alcaldías también deben activar sus respectivos consejos de gestión del riesgo, desde donde se consolidan los daños, necesidades y capacidades disponibles en cada territorio”.
“Búsqueda y rescate son el primer nivel de acción y coordinación”, enfatiza el experto. Desde esa estructura se toman decisiones sobre evaluación de daños, atención de la emergencia y movilización de recursos entre los niveles nacional, departamental y municipal.
El Eje Cafetero, un territorio con alta amenaza sísmica
Las afectaciones registradas en Manizales y otras ciudades del Eje Cafetero tienen además un contexto geológico que no puede pasarse por alto. Gonzalo Duque-Escobar, profesor de la UNAL Sede Manizales, señala que esta región se encuentra en una de las zonas de alta amenaza sísmica de Colombia, donde confluyen diferentes fuentes capaces de generar terremotos con características e impactos distintos.
Terremotos registrados en 1938, 1961-1962, 1979 y 1985 evidencian una fuente sísmica profunda relacionada con la subducción de la placa de Nazca, capaz de generar eventos de magnitud cercana a 7.
Otras amenazas son las fallas del sistema Cauca-Romeral, asociadas con terremotos más superficiales que, aunque pueden tener menor magnitud, producen movimientos muy intensos cerca de la superficie. “Los terremotos de Popayán de 1983 y del Quindío de 1999 son ejemplos de este segundo escenario”, menciona el académico.
La diferencia es importante para entender por qué la magnitud de un terremoto no determina por sí sola el nivel de destrucción. El profesor Duque destaca que, “los terremotos superficiales pueden producir aceleraciones particularmente fuertes en depósitos de suelo poco consolidados; además, el comportamiento del terreno, la topografía y las características de cada construcción influyen en la manera como la sacudida termina afectando una edificación”.
Para el experto, el riesgo no depende únicamente del terremoto, surge de la combinación entre amenaza y vulnerabilidad. “La amenaza sísmica prácticamente no puede modificarse a escala humana, pero la vulnerabilidad sí; de hecho, puede aumentar con construcciones inseguras y ocupaciones inadecuadas del territorio, o reducirse mediante edificaciones más resistentes, conocimiento del suelo, planificación y preparación de las comunidades”.
En ciudades como Manizales, esta relación adquiere especial importancia por sus laderas, las características de sus suelos y la presencia de edificaciones antiguas o intervenidas, factores que pueden aumentar la vulnerabilidad ante movimientos fuertes. De ahí que después de un terremoto las inspecciones técnicas resulten fundamentales para establecer si una estructura puede seguir utilizándose con seguridad.
La emergencia también moviliza a la UNAL
Según un balance preliminar de la Rectoría, hasta el momento no se reportan personas heridas ni afectaciones humanas en sus sedes, mientras continúan las evaluaciones de infraestructura y el seguimiento a integrantes de la comunidad universitaria y sus familias en las regiones más afectadas.
Desde las primeras horas posteriores al terremoto la Institución activó sus protocolos de evaluación y verificación. En la Sede Palmira se identifican grietas y posibles afectaciones en edificaciones del campus, incluidas áreas del edificio administrativo y de la biblioteca, por lo que se ordena el cierre preventivo mientras los organismos competentes y los equipos de gestión del riesgo realizan las inspecciones técnicas. Las actividades administrativas de este lunes y martes se desarrollarán mediante trabajo en casa.
La situación requiere especial atención en la Sede Manizales, donde las verificaciones preliminares reportan afectaciones entre medianas y graves en los bloques B, C y D, y graves en el bloque I de Posgrados.
La Universidad también acompaña a las familias de integrantes de su comunidad, incluidos contratistas y sus allegados, afectados en distintos sectores de la ciudad. Allí las actividades administrativas también se realizarán mediante trabajo en casa durante hoy y mañana.
En Tumaco, la Institución mantiene comunicación permanente con integrantes de la comunidad universitaria afectados por la emergencia y adelanta labores de apoyo y cooperación.
El Rector José Ismael Peña, hizo además un llamado a consultar únicamente información oficial, seguir las recomendaciones de los organismos de emergencia y privilegiar la protección de la vida. Durante la jornada la Universidad mantendrá canales para recibir información sobre integrantes de su comunidad y familiares afectados y continuará actualizando el estado de sus sedes a medida que avancen las inspecciones técnicas.
Las inspecciones de edificaciones, los cierres preventivos y el seguimiento a las personas afectadas ilustran precisamente uno de los principios de la gestión del riesgo: después de un evento de esta magnitud, la prioridad no es recuperar cuanto antes la normalidad, sino establecer si existen condiciones seguras para hacerlo.