Además de fortalecer sus orquestas, bandas y coros, Colombia también busca formar a quienes estarán al frente de ellos. Con ese propósito, hace casi dos décadas la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) creó la Maestría en Dirección Sinfónica, un programa pionero que hoy prepara a los músicos llamados a liderar procesos artísticos y educativos en todo el territorio nacional.
Cuando una orquesta interpreta una sinfonía, decenas de músicos leen la misma obra desde perspectivas distintas. En medio de ellos está el director, que aunque es el único que no produce ni una sola nota, sí debe conocer toda la partitura. Mucho antes de levantar la batuta él ya ha estudiado la obra, imaginado su sonido y definido la interpretación que llevará al ensayo, en donde deberá comunicar esa visión para que los músicos respiren y hagan música como un solo cuerpo.
Precisamente esa complejidad fue la impulsó a la UNAL a crear, la Maestría en Dirección Sinfónica, un programa pionero en el país que abrió sus puertas en 2007 y desde entonces ha formado directores de orquesta, banda y coro con una visión que trasciende la técnica musical, buscando formar líderes capaces de fortalecer procesos artísticos, educativos y culturales en diferentes regiones del país.
El trompetista Fernando Mauricio Parra, director de orquesta y docente del Conservatorio de Música de la UNAL, conoce bien esa transformación. Tras una trayectoria que lo llevó de las filas de la Orquesta Sinfónica de Colombia a escenarios y aulas dentro y fuera del país, hoy dirige la Maestría en Dirección Sinfónica.
Su historia comenzó mucho antes de llegar a la tarima. Cuando tenía 6 años vio por televisión al trompetista Louis Armstrong. No recuerda qué obra interpretaba, pero sí la felicidad con la que tocaba. “Yo quiero ser feliz como él”, pensó. Desde ese momento supo que quería dedicar su vida a la trompeta.
Aunque su padre —clarinetista profesional y pensionado de la banda del Batallón Guardia Presidencial— intentó que él siguiera la tradición familiar regalándole un clarinete requinto, la trompeta terminó imponiéndose. Primero practicó con una boquilla y luego recibió su primer instrumento. A partir de entonces su padre lo acompañó en cada paso, e incluso formó una pequeña banda con sus hermanos para que Fernando pudiera ensayar.
Una decisión que marcó su vida
En la década de 1970, cuando Fernando hacía su bachillerato en la localidad de Kennedy, un profesor del Conservatorio convenció a su padre de que le permitiera estudiar música en la UNAL. Así ingresó al Conservatorio y se formó como trompetista, luego perfeccionó sus estudios en Francia tras ganar un concurso nacional, y a su regreso integró la Orquesta Sinfónica de Colombia, en donde estuvo 20 años.
Su llegada a la Dirección de Orquesta ocurrió casi por casualidad, pues cuando se vinculó como profesor de trompeta en la Universidad Pedagógica Nacional le pidieron que también fuera director de la banda. Aceptó el reto y descubrió una nueva vocación.
“Es como en el fútbol: la mayoría de los directores técnicos primero fueron jugadores. En la música pasa igual: casi todos los que llegamos a dirección antes fuimos instrumentistas. Y aunque esa experiencia es fundamental, la formación académica termina llenando muchos vacíos”, afirma el docente.
Esa convicción lo llevó a cursar la Maestría en Dirección Sinfónica de la UNAL, en donde encontró las herramientas que difícilmente se adquieren solo en el escenario. Materias como reducción de partituras, orquestación y análisis musical fortalecieron las competencias necesarias para interpretar y conducir una agrupación desde el podio.
La Maestría reúne 64 créditos en 4 semestres, en los que la técnica de la dirección dialoga con el análisis musical, la investigación y la pedagogía, preparando a los estudiantes para asumir el liderazgo de orquestas, bandas o coros.
A tiempo con el compromiso
“Un director debe estudiar la partitura completa, entender cómo dialogan todos los instrumentos, tomar decisiones interpretativas y lograr que la agrupación piense y respire como un solo organismo”, indicó el músico de la UNAL.
Y en Colombia esa responsabilidad suele ser aún mayor, pues muchos directores trabajan en bandas municipales, escuelas de música y procesos comunitarios en los que, además de preparar conciertos, gestionan recursos, forman niños y jóvenes, y mantienen vivos los proyectos culturales que representan la identidad de sus territorios.
“La Maestría les da a los directores no solo un título; les da herramientas para fortalecer los procesos musicales que ya lideran en sus regiones. Profesionalizar ese oficio también significa reconocer que la dirección no puede depender únicamente de la intuición o de la experiencia adquirida sobre el escenario”.
“Durante muchos años en Colombia muchos aprendimos dirigiendo. Hoy tenemos la posibilidad de formar directores desde la academia, sin perder el valor de esa experiencia”, aseguró.
La apuesta de la UNAL por formar la próxima generación de directores también se refleja en el crecimiento de la Maestría, que en noviembre celebrará el Primer Encuentro de Dirección Sinfónica con el maestro mexicano Edwin Carrasco, director de la Orquesta Sinfónica Nacional de México, como invitado especial.
Para más información consulte el siguiente enlace: https://artes.bogota.unal.edu.co/programas/maestr%C3%ADa-en-direcci%C3%B3n-sinfonica