Universidad Nacional de Colombia lleva la investigación a colegios de 7 regiones para resolver problemas de sus territorios

Un jabón elaborado con extracto de neem, una lámina dental biodegradable hecha con residuos de naranja, el reconocimiento de aves en zonas rurales y la documentación de saberes ancestrales amazónicos son algunos de los proyectos desarrollados por estudiantes de colegios públicos que aprendieron a investigar a partir de las necesidades de sus territorios.

Durante tres años, más de 8.000 estudiantes de instituciones educativas oficiales de Amazonas, Arauca, Atlántico, Caldas, Cundinamarca, Tolima y Valle del Cauca participaron en esta experiencia, acompañados por docentes y por la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Manizales. El proceso permitió crear y consolidar semilleros de investigación que, en varios de estos territorios, continúan funcionando.

Los resultados se presentaron durante el encuentro nacional de cierre de “FuturaMente”, proyecto que buscó acercar la investigación a las aulas y formar a estudiantes y profesores para que pudieran formular preguntas sobre los problemas de sus comunidades y buscar respuestas desde la escuela.

“Pensamos este proyecto para formar futuros investigadores”, afirmó Daniel Alejandro Pineda Hernández, docente de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UNAL Sede Manizales y director técnico de la iniciativa.

La iniciativa fue liderada por la profesora Elisabeth Restrepo Parra y ejecutada por el Laboratorio de Física del Plasma y el Centro de Desarrollo Tecnológico INNterfaz de la Sede Manizales. En lugar de definir previamente los temas que debían investigar los estudiantes, el trabajo partió de sus intereses y de las necesidades identificadas en cada territorio.

“El proyecto consiste en crear semilleros de investigación en colegios oficiales de siete regiones del país y acompañarlos para que la investigación se convierta en una herramienta de transformación de sus territorios”, explicó el profesor Pineda.

La formación también involucró a 842 docentes. Como parte de este proceso se desarrolló el diplomado Maestro de Maestros, orientado a brindar herramientas para formular proyectos de investigación, crear semilleros y promover el trabajo colaborativo y la construcción colectiva del conocimiento.

De ellos, 428 obtuvieron la certificación, con herramientas para continuar liderando procesos de investigación escolar en sus instituciones.

Problemas del territorio llegan a los semilleros

La diversidad de los proyectos muestra cómo funciona esta investigación escolar. Los estudiantes observan su entorno, identifican una situación que despierta su interés, formulan preguntas y buscan alternativas para estudiarla o responder a ella. Así, la ciencia y otras formas de conocimiento se conectan con situaciones que hacen parte de su vida cotidiana.

“Nosotros no limitamos los proyectos únicamente a ciencia, tecnología e innovación; quisimos que los estudiantes investigaran sobre los temas que realmente les interesaban y que respondieran a las necesidades de sus comunidades”, señaló el director técnico.

Por ejemplo, en el Atlántico, estudiantes desarrollaron un jabón con extracto de neem, un árbol cuyas hojas, semillas y aceite tienen diferentes usos, con el propósito de contribuir al cuidado de la piel de comunidades expuestas a las condiciones ambientales de un humedal cercano a su institución educativa.

En el Valle del Cauca presentaron Ecosonrisa, una lámina dental biodegradable fabricada con pectina obtenida de cáscaras de naranja, como alternativa para disminuir el uso de materiales convencionales.

En una institución educativa rural del Tolima, los estudiantes orientaron su investigación hacia la identificación y conservación de las aves presentes en su territorio, mientras que en el Amazonas varios semilleros trabajaron en la documentación escrita de los saberes ancestrales para contribuir a su preservación.

Investigar también implicó superar dificultades propias de los territorios. En Amazonas, por ejemplo, la conectividad dificultaba la participación de los docentes en los procesos de formación.

“En Amazonas la conectividad era uno de los mayores retos. Por eso entregamos kits con antenas Starlink, baterías y computadores, y gracias a eso cerca de 60 docentes pudieron certificarse con el diplomado”, destacó el profesor Pineda.

Semilleros que siguen investigando

Aunque FuturaMente llega este año a su cierre, algunos de los procesos creados durante estos tres años continúan en los colegios; es el caso de  Mosquera (Cundinamarca) donde permanecen activos 17 proyectos de investigación desarrollados en semilleros escolares.

Según explicó Hilda Monroy Tovar, funcionaria de la Secretaría de Educación de la Alcaldía de Mosquera, estos espacios han permitido que niños y jóvenes continúen investigando sobre situaciones de su entorno.

En Guatavita continúan 38 semilleros de investigación; una institución educativa del Atlántico consolidó 14, en los que participan cerca de 2.300 estudiantes, y en Caldas se conformaron 70, de los cuales 60 funcionan en instituciones rurales y 10 en centros de desarrollo infantil.

Precisamente uno de esos casos mostró que la curiosidad por investigar puede comenzar mucho antes de llegar a la universidad. Antonela, una niña de cuatro años, participó en el encuentro nacional para presentar el experimento que desarrolló junto con su semillero.

Para el profesor Pineda, ese impacto humano constituye el mayor logro de la iniciativa. “Más que los resultados de las investigaciones, nos interesa conocer la experiencia de los estudiantes, cómo se sintieron y cómo pertenecer a un semillero de investigación les cambió la vida”, afirmó.

El reto ahora será mantener esos procesos después de la terminación oficial del proyecto. El equipo busca mecanismos que permitan darles continuidad, especialmente en las regiones en donde las comunidades han manifestado su interés en seguir trabajando.

Facebook
Threads
LinkedIn
X
WhatsApp