Reflexiones del futuro de educación superior en Colombia

La Revista Pensamiento Universitario N.º 37 se presenta como una invitación abierta al diálogo y a la construcción colectiva de futuro para la educación superior colombiana. En un momento decisivo para el país, esta edición reúne voces diversas de expertos, académicos y líderes que ofrecen argumentos y propuestas para nutrir la reflexión de los candidatos a la Presidencia de la República y de todos quienes participan en el debate público sobre el rumbo de la educación. A través de sus artículos, la revista propone mirar los avances alcanzados, reconocer las tensiones que persisten y proyectar un nuevo pacto social que garantice sostenibilidad, equidad y calidad en el sistema mixto de educación superior. Más que un compendio de ideas, esta edición es una invitación a pensar el futuro con evidencia, diálogo y compromiso, reafirmando el papel de ASCUN como espacio de encuentro e interlocución entre la academia, el Estado y la sociedad.

Los rectores opinan

¿Cuáles son las prioridades estratégicas que debería asumir el próximo gobierno para el fortalecimiento de la educación superior en Colombia?

El fortalecimiento de la educación superior en  Colombia  requiere una visión integral y sostenida, que articule equidad, calidad y pertinencia, y que al mismo tiempo, permita que las instituciones puedan cumplir con estos aspectos y responder a los desafíos actuales y futuros del entorno, garantizando su sostenibilidad financiera.

La educación superior en Colombia debe consolidarse como un pilar para la construcción de la paz y la democracia, formando ciudadanos capaces de resolver conflictos de manera pacífica, convivir en la diferencia y participar activamente en la vida política y social del país.

El futuro del país no se juega solo en los indicadores  económicos, sino en nuestra capacidad para formar talento humano pertinente, con pensamiento crítico y competencias globales, anticipándonos a los retos de una economía que no deja de transformarse.

La plasticidad económica es una prioridad del  Gobierno. El financiamiento de la educación exige propuestas de ruptura que permitan atender todos los componentes del sistema educativo, sin otros apellidos (público). Se requiere el diseño de nuevos esquemas, con fuentes alternativas de ingresos o adoptando modelos híbridos de financiamiento, que permitan distribuir responsabilidades y riesgos.

Colombia tiene un sistema mixto de educación superior que no es una concesión transitoria, sino una estructura estratégica que permite ampliar la cobertura, la diversidad y el acceso.

Hoy, más que nunca, Colombia necesita una política  de  educación superior que no solo forme profesionales, sino que transforme vidas y transforme el país.

Una prioridad del próximo gobierno es establecer las metas de acceso y ampliación de cobertura, reconociendo el valor histórico que representa un sistema mixto de educación superior, en el cual las instituciones de educación superior privadas han contribuido significativamente a concretar las oportunidades educativas de millones de ciudadanos.

El país ha construido, en torno a la educación superior, un discurso donde se privilegia la visión de lo público como garante del derecho a la educación, lo cual es legítimo y necesario. Sin embargo, se ha tendido a desconocer el papel complementario y decisivo de las universidades privadas que, con sus propios recursos y modelos de sostenibilidad, han contribuido históricamente a ampliar la cobertura, diversificar programas y ofrecer oportunidades a miles de estudiantes que, de otro modo, quedarían excluidos.

El futuro de la educación superior colombiana depende de un esfuerzo colectivo que reconozca el carácter complementario de lo público y lo privado, garantice mayor cobertura regional y fortalezca la articulación entre formación y empleabilidad, con el fin de consolidar un sistema más justo y sostenible.

Tenemos una oportunidad histórica como país para transformar un sistema que, a pesar de los avances, aún refleja profundas desigualdades. Hoy más de la mitad de los jóvenes colombianos acceden a la universidad —el 55,4% según el Ministerio de Educación—, pero el reto no es solo que entren a las aulas, sino que permanezcan, se gradúen y encuentren un camino que aporte al desarrollo nacional.

Las prioridades estratégicas que debería asumir el próximo gobierno para el fortalecimiento de la educación superior en Colombia pueden resumirse en acciones que consoliden un sistema educativo flexible, inclusivo y de calidad, capaz de responder a las transformaciones sociales, tecnológicas y del conocimiento.

El futuro de la educación superior no puede depender  únicamente de las instituciones. Requiere una visión de Estado, sostenida más allá de los ciclos políticos.

Reflexionar sobre el desarrollo de la universidad  colombiana, en el contexto de la educación superior, me lleva a pensar en la necesidad urgente de construir un verdadero sistema, guiado por un marco normativo renovado y coherente con la realidad nacional.

Es estratégico fomentar en la comunidad de profesores la formación de alto nivel, así como el desarrollo de competencias digitales y de metodologías para el aprendizaje estudiantil.

La ampliación no focalizada de la gratuidad ha evidenciado efectos no deseados, profundizando la desigualdad social y reduciendo las matrículas en las instituciones privadas, especialmente en regiones donde estas son la principal o única oferta académica de calidad.

La educación superior debe pensarse como parte integral y articulada del sistema educativo, no como una meta aislada. En consecuencia, las prioridad es estratégicas para el próximo gobierno deben considerar esta realidad e identificar las especificidades y oportunidades de la educación superior en Colombia.

Una de las prioridades es asegurar una mayor autonomía y capacidad en las IES públicas para ejercer su labor y responder de manera directa y autónoma a los retos regionales en los procesos de acreditación de nuevos programas y renovación de registros calificados.

No debe prevalecer el ataque ni el descuido de lo público, sino la búsqueda de equilibrio. Asi mismo, convendría promover un régimen tributario favorable, fortaleciendo la iniciativa de Educación e Investigación por Impuestos, que permitiría potenciar el apoyo de los privados ante las limitaciones estatales en materia de subvenciones y subsidios.

Un elemento fundamental es reivindicar, fortalecer y proyectar el sistema mixto y diverso de educación superior en el país como requisito esencial para asegurar el cierre de brechas educativas, como aporte efectivo a la revitalización del tejido productivo y social y como fuente para generar una mejor capacidad de adaptación y respuesta a los retos cada vez más desafiantes, diversos e impredecibles.

Invertir en las universidades es invertir en la nación misma. Y la ruta para lograrlo pasa por una alianza firme entre el Estado, la academia y el sector productivo, en beneficio de nuestros jóvenes y de la sociedad en su conjunto.

Desde la Universidad del Cauca planteamos dos grandes desafíos estratégicos: en primer lugar, enfrentar la caída de la matrícula y garantizar la permanencia estudiantil en un país que envejece y demanda nuevas formas de aprender; y, en segundo lugar, reestructurar la formación académica frente a la revolución que supone la inteligencia artificial.

Mi recomendación frente a los retos que deberá enfrentar el próximo gobierno en materia de educación superior es solo una, y ni siquiera se refiere directamente a este nivel educativo. Hablo de la necesidad de reducir las enormes brechas en las oportunidades de acceso a una educación de calidad que existen en Colombia, al menos en tres dimensiones: diferencias territoriales, diferencias por género y diferencias por grupos étnicos.

 

Se debe pasar del modelo de la educación como un servicio a su reconocimiento como un derecho. Esto implica asegurar la gratuidad progresiva, ampliar la cobertura con un enfoque diferencial y territorial, y garantizar condiciones reales de permanencia para estudiantes en situación de vulnerabilidad.

Las prioridades estratégicas para el gobierno deben abordar de manera integral los desafíos de la educación superior con la consolidación de un sistema de educación superior que sea financieramente sostenible, equitativo en el acceso, de alta calidad, pertinente, articulado y comprometido con la investigación y el bienestar, de tal manera que se convierta en motor del desarrollo social, económico y cultural del país.

Actualmente, el déficit más visible en educación es la formación de los formadores. El reto, sin duda, consiste en educar a nuestros educadores conforme a los avances académicos y las tendencias de vanguardia.

El mayor reto de las universidades colombianas para el mediano plazo es incorporar de modo masivo esas innovaciones, especialmente las creadas por la Inteligencia Artificial Generativa, con todo lo que ello implica como replanteamiento de los modelos educativos y capacitación del cuerpo docente y los estudiantes en el manejo de esas nuevas herramientas.

El futuro de nuestra educación superior en Colombia se merece más que un debate sobre las coberturas. El país debe abordar una reflexión de fondo sobre la calidad, la internacionalización, la educación terciaria, el acceso a la cuarta revolución industrial, el fortalecimiento del humanismo, las innovaciones curriculares, así como alrededor de nuevos programas más pertinentes, personalizados y flexibles.

Con la llegada de un nuevo gobierno, el país tiene la oportunidad de fortalecer su sistema educativo, cerrar brechas históricas y avanzar hacia una educación más equitativa, pertinente y conectada con las realidades del país.

El país requiere una gobernanza del sistema de educación superior más participativa, transparente y coherente. El diálogo permanente con las instituciones, el respeto a su autonomía, y el fortalecimiento de órganos técnicos como el CESU, el CNA y del SNIES son fundamentales para consolidar políticas públicas con legitimidad y eficacia y reconfigurar el sistema de educación superior para que sea más justo, pertinente y transformador.

El próximo gobierno está llamado a consolidar un sistema de educación superior inclusivo, sostenible y articulado, en el que el acceso, la calidad y la pertinencia se integren con una financiación equitativa y la participación activa de todos los actores.

Todas las IES del país podrán ofrecer educación de calidad y cumplir con la meta de aumentar la tasa de cobertura en educación superior del 53.83% al 62% para 2026, en la medida que se garanticen respuestas normativas (registros calificados, IES Acreditadas, resoluciones de ampliación de cobertura, PIC-CO y PIC-ET, recursos de gratuidad, entre otros) en los primeros dos meses de cada anualidad que permitan la financiación de todos los medios educativos, profesores e infraestructura necesaria para la planeación y desarrollo universitario de las ofertas académicas.

El futuro de Colombia no puede depender de choques ideológicos. El futuro está en las aulas de sus universidades; allí se forjan las ideas, el talento y la innovación que pueden transformar al país.

Colombia necesita una política de Estado que ponga a la educación superior en el centro de su proyecto de nación. Esta es la verdadera garantía del derecho a aprender, investigar, transformar y construir futuro.

No ganamos mucho si logramos que los estudiantes accedan al sistema, pero no pueden culminar exitosamente su formación o insertarse en el mercado laboral o en dinámicas de emprendimiento e innovación.